miércoles, 10 de septiembre de 2014

Carta a mis amigas


Queridas amigas:

No quisiera comenzar por decirles que les extraño, porque no es verdad; no siempre se escribe a quien te hace falta, creo que las cartas son más bien para poder manifestar aquellas cosas que en persona son difíciles de decir. Dicen que las mujeres somos super expresivas, pero debe ser porque el parámetro de comparación – el género masculino- es altamente deficitario. No es que no haya sido sincera en persona, sino que creo que muchas cosas que les he dicho con abrazos, apretones de manos, copas de vino o emoticones, tal vez ameritan ser escritas también…

Entre nosotras cuchicheamos sobre todo, criticamos a los demás,  nos actualizamos de nuestras vidas. Hablamos de hombres: vaciles, novios o maridos, y les odiamos si la aludida  le odia para volver a quererlos inmediatamente si hay reconciliación al horizonte… Hablamos de sexo a punta de sobreentendidos evitando el “detalle creepy”, de trabajo si nos estresa, de los seres queridos que se nos enferman y se nos mueren, de los bebés que ya llegan, de los viajes que hemos hecho o que haremos algún día, de los hijos y sus “notas”.

Estos últimos tiempos, siempre que he necesitado alguien para compartir mi vida han estado ustedes. A través del océano o a vuelo de pájaro, en mis despertares ultra tempranos o en mis noches de insomnio, con pantalla de por medio o solo el escritorio de la oficina, siempre me he encontrado con alguna de ustedes en el momento preciso. Ya sea para reírnos tan fuerte que pareciera que estamos locas, o para poder llorar como guagua escapando que nos boten de algún lugar público.

Quiero agradecerles, amigas, porque entre risa y llanto, he ido entretejiendo una historia en común con ustedes, una historia que se siente tan ligera que sé que podrá volar a través del tiempo como un ser inmortal y a la vez tan fuerte que se parece a aquella red que tienen los acróbatas del circo para rescatarles cuando algo sale realmente mal.

¡ Gracias amigas !

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