¡Cómo llueve en Quito! Llueve a ráfagas, a raudales, a baldazos y a lloviznas. A veces sale el sol deslumbrante por ratos
y luego el frío viento hiela el cuerpo de las personas y les recuerda que la
lluvia se fue un ratito no más pero ya va a regresar…
La soledad es así: siempre presente,
potente o liviana, a ratos aligerada por la compañía o por la ocupación, pero
acechante, insistente, como un invierno que finge no instalarse pero que se
sabe anhelante de anidar en el corazón.
Las personas te dicen que “es bueno estar
solo”, que es necesario para reencontrarse con sí mismo, para no intentar
llenar el vacío con los demás, para saber qué se desea. Te dicen que así puedes
hacer las cosas que son interesantes para ti. Hay que aprender a estar solo y
ser feliz de estarlo.
¿Cuánto tiempo es bueno estar solo? Nadie
te contesta a eso.
Además, los que te aconsejan soledad… en
general no están solos. Esas personas ansían la soledad porque les parece un
estado paradisíaco en el cual realizar todas las cosas que no logran hacer:
leer, descansar, ir a la peluquería, al gimnasio, salir al cine o con los
amigos. Y dicen querer estar solas cuando en realidad lo que quieren es tiempo para
ellas. Solo tiempo. Porque nadie desea la soledad.
No es cuestión de aprender a estar con uno
mismo. Creo que es medio fácil en el fondo llegar a contactarse con esa parte interna
que necesita ser regada para crecer. Las personas que están solas aprenden a
hacerlo bastante bien y resaltan el aspecto positivo que es no tener que ceder
ese espacio personal de crecimiento y libertad. Pero siempre, en algún momento
al preguntar por la pareja se abre el telón de la tristeza y surge el deseo de
tener a alguien especial en la vida, de dar y recibir ternura, alguien con
quien compartir las cosas maravillosas y las más cotidianas, alguien que nos
caliente el alma con una sonrisa y nos preste su hombro para descansar de las
pequeñas miserias de la vida.
Es que en verdad la soledad nos hace sentir
miserables, abandonados, poca cosa… Miramos a nuestro alrededor y vemos parejas
y más parejas. No podemos evitar compararnos y sentir en el fondo del alma ese vacío
relacional que no hay actividad que llene. Nos cuestionamos qué hay de malo en
nosotros que no logramos consolidar una relación estable y completa.
Yo también he estado sola últimamente. Y he
regado mi jardín interior: escribiendo cuentos (suficiente para dos
libros) , poemas, pintando, dibujando, haciendo deporte, con el blog, el
trabajo, leyendo libros, redecorando el departamento, haciendo manualidades.
Amo esa parte de mi vida que me permite dedicarme a mí misma.
Pero eso no impide que tenga que admitir
con franqueza que a veces me parece que el invierno quiere instalarse dentro de
mí. Tengo un ejercicio muy especial cuando me siento así: comienzo a decirme
que soy una mujer espectacular, que estar en mi compañía es un premio, que no
hay nadie mejor que mí misma para compartir un momento. Me lo repito una y otra
vez, en voz alta si estoy sola, en mi cabeza si estoy en un lugar público. Por
si eso no funciona, he pegado unos papelitos en la puerta de mi cuarto con
frases que me recuerdan lo que es importante para mí. El primero que puse decía
“Carpe Diem”, para recordarme que la
vida es un día a la vez; otros son del saber popular, como el que copié de un
graffitti que veo todos los días cuando regreso a mi casa: “El
primer amor de toda persona debería de ser el amor propio”. Hay frases de
gente muy sabia, como la de Buda que me recuerda ser siempre mejor persona,
al decir que “Odiar a alguien es como tomar veneno y pretender que el otro se muera”. Tengo un montón , pero mi favorita es una que dice “Aceptamos el amor que creemos merecer”,
que me recuerda lo importante que es no aceptar cualquier propuesta de amor
mediocre sólo por no estar sola.
Esta terapia de autoestima propagandista
que me he inventado a veces funciona bien, porque la verdad de la verdad, sé
que soy espectacular y que todo lo que he pegado en esa puerta son condensados
de pura sabiduría.
Y sin embargo… eso no impide que otras
veces gane la soledad y llueva tanto en mi interior que los diques desbordan y llevan a mis ojos el equivalente a un verdadero aguacero quiteño.
Cuanta Sabiduría en tus palabras Marie-France!!!! Será que un día los que vivimos un fantasía o los que nos conformamos con recibir migajas...nos arriesgamos a vivir esa soledad????
ResponderEliminarMi opinión querida Natali es que aunque duela la soledad, nunca debemos conformarnos con migajas!
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