Soñé el
otro día que tenía una conversación con el Profeta de Khalil Gibran…
Yo le
decía :
- « Háblame
de la renuncia al amor»…
Y él me
contestaba:
- « No
se renuncia al amor. El que dice renunciar a él ha sido violentado en sus
sentimientos. El amor es como una semilla. Se siembra y va creciendo… Hay
terrenos y semillas, pero eventualmente el amor germina en una planta que crece
según se la cuida. Así como en terrenos fértiles hay semillas malas que no
germinan, hay terrenos áridos a los que semillas fuertes se aferran. Para la
mayoría de personas, el amor es una buena semilla que puede crecer en un
terreno cuidado. El problema se plantea cuando circunstancias adversas (fríos
intensos, huracanes, incendios) arremeten contra la planta.
El alma
que habita en la planta, herida, puede sentirse atacada, dolida y hasta sumirse en el más hondo pesar; puede
llegar a convertirse en su sombra y tornarse negra. Puede volverse cómplice del
destructor, besar el lado oscuro y aceptar cosas inaceptables. Puede consentir ser golpeada una y mil veces, hasta convertirse en un jirón y
desaparecer. »
- “Y en
ese estado, Maestro, cómo salir adelante”?- le preguntaba
Y él me
decía:
- « En
las almas dolidas no cabe el amor para otro. Primero se debe reconstruir el
amor por sí mismo. Imagina a un árbol muy bello azotado por un gran vendaval o
un incendio devastador : desaparecen sus hermosas flores, sus hojas y
hasta sus ramas… a veces no queda nada y viene el leñador a cortar su tronco.
Así como se ve en los bosques, muchos árboles son desvastados por circunstancias
adversas y ya nunca van a retoñar. Pero a veces el segador encuentra que debajo
de la corteza negra, quemada por el fuego o terminada por la helada, queda un
poco de verdor. Lo que necesita ese árbol es un poco de cuidado y mucho tiempo
para poder rehacer sus fuerzas. A veces, vuelve a ser fuerte, brotan ramas y
hojas muy bonitas: sólo los más fuertes árboles llegan a este punto. Los vemos luego lozanos y
llenos de vida. Afrontan de nuevo vientos fuertes y climas extremos. Y sin
embargo, aún no florecen.”
Intrigada,
le decía al Maestro :
- « ¿Qué
necesita el árbol para florecer? »
Y el Maestro
me contestaba:
-
« El árbol Verde ha aprendido a nutrirse otra vez de sus raíces. Pero está
cómodo en un terreno conocido y constante y se mantiene sano. Sin embargo, el árbol para
florecer debe aceptar un cambio en sus condiciones de vida. Necesita
algo así como un giro climático positivo: una primavera… La primavera llega y
se instala por un tiempo indeterminado: las estaciones del amor pueden ser tan
largas como una vida o tan cortas como un día. Así como hay almas que
permanecen en el sombrío invierno y otras que deciden renacer pero permanecer
intactas; así como hay unas que se lanzan ciclo tras ciclo sin pensar y otras
que se estancan en el otoño… así, hay otras que aceptan la buena primavera y deciden hacerla perdurar.
- “Maestro
- le decía ya confundida- en
términos del amor: ¿qué quiere decir eso”?
Con sus
grandes ojos profundos, me miraba y me decía:
- “Si
el amor llega a ti después de haber sufrido, tienes dos opciones: la primera es
escoger la vida eterna sin cambios, en forma de invierno o de verdor inmune.
Pero si algo en tu esencia detecta que la primavera que se anuncia puede
hacerte cambiar, que tu árbol está listo para florecer de la manera más bonita,
la más colorida y la más aromática, no debes resistirte… No hay nada peor que
dejar en capullo lo que puede ser lo más bello que un árbol pueda expresar. Cuánto
dure el florecimiento depende solamente de la vitalidad del árbol y de la
constancia de la primavera”.
El alba
iba llenando mi alcoba de luz y la razón me iba llamando a despertar, así que
no pude preguntar más; pero antes de recobrar consciencia pude escuchar sus últimas
palabras:
- “El
amor llegará en una forma que sólo tú entenderás: adoptará la forma de la
primavera que haga florecer tu esencia y sólo tú lo sabrás. Solo debes aprender
a discernir entre días tibios y primaveras eternas … Hay primaveras de tarjeta
de recuerdos, y las hay que sólo con un toque logran explosiones de aromas. Hay
primaveras que se desinflan ante los rezagos de inviernos potentes y
avasalladores, y hay otras que, sin previo aviso, calientan tan intensamente el
alma que ésta simplemente florece sin darse ni cuenta. Cuando sientas el calor de una
primavera así, de esas que son eternas… no dudes en florecer.”
Su voz
se desvanecía en mi mente al abrir los ojos, pero aún pude escuchar: “Cuando el amor llegue a tí de esa manera, pase
lo que pase, no renuncies a él”.
Y hoy
me desperté sintiendo tú primavera en mí…
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