Les
presento a la SOMBRA: Vagaba por el mundo tomando lo que encontraba para su
supervivencia. Como esos microorganismos que se adaptan al huésped, aprendió la
pillería con estafadores, la buena vestimenta con los sastres, la amabilidad
con los políticos y la humildad forzada frente a los poderosos. Tuvo sexo con cuanta
mujer pudo (“dos o doce”, según el discurso que aprendió a manejar) y no se
enamoró de ninguna, porque en su alma egoísta nunca hubo espacio para el amor.
Les
presento a LA LUZ: Políglota, polimusical, polifacética. Idealista y guerrera de las causas que no le interesan a nadie: salvar el planeta, ser generoso, amar
a todos por igual. Entregada a uno
sólo, no por religión sino por convicción. Convencida además de que los
valores prevalecen por encima de todo y que por sobre ellos está el bien de
los desvalidos, de los que no tuvieron la suerte de ser como ELLA y que nacieron
monolingües, monótonos y bidimensionales.
ÉL era
un agujero negro.
ELLA
era fulgor.
Sus
caminos se cruzaron. Se enamoraron. Y este fue el resultado:
ÉL le robó su esencia: le sustrajo sus gustos, sus pasiones y sus recuerdos. Se apoderó de los idiomas que ELLA hablaba, desde el
lenguaje de la música hasta el de la poesía. Bebió sus palabras, sus experiencias e inclusive sus seudónimos. Ni siquiera le dio un status de musa. A lo sumo, le asignó el rango de un fruto
más en el arbusto que cultivó (uno muy poco exótico, porque esta historia es latinoamericana: tuvo rango de ají).
Cada
vez que le arrebataba algo, a ELLA
se le desteñía el alma. Y ÉL cada día pretendía brillar más y volar más alto.
ELLA no
se dio cuenta que le había
arrebatado la luz hasta que casi fue demasiado tarde. Pero tuvo suerte, porque en un impulso del
instinto de supervivencia, se alejó de ÉL.
Para
ELLA, el asunto se volvió crítico: la pequeña llama interna amenazaba con morir. Preservarla fue una
guerra en contra de los vientos externos (contrarios o favorables) y del mar
interno que se derramaba noche tras noche en la almohada.
En este combate pudo más la preservación de su alma que la autodestrucción de regresar a él…poco a poco se regeneró, a punta de transformar el dolor en ganas de vivir.
En este combate pudo más la preservación de su alma que la autodestrucción de regresar a él…poco a poco se regeneró, a punta de transformar el dolor en ganas de vivir.
Pero un
día, percibió a un SER brillante que le propuso compartir su lumbre. Creyó por
fin encontrar una persona similar a ella: desoyendo a su propio instinto, alimentada
su lumbre por otros vientos, se sintió fuerte de nuevo para poder iluminar como
antes. Este nuevo SER la atrajo en
su frenesí y, juntos, brillaron tanto
que fue difícil distinguir lo que uno u otro aportaron a la lumbre.
Este SER la consumió.
Y
entonces… la LUZ… se extinguió.
MORALEJA:
Tal vez no deberíamos fijarnos en el tamaño de la luz sino en la fuente que la alimenta.
Tal vez no deberíamos fijarnos en el tamaño de la luz sino en la fuente que la alimenta.
Hay
luces grandes y es difícil saber si son buenas; nada más brillante e impresionante que la hoguera que
consume kilómetros de bosques en las montañas: pero esa brillante hoguera busca de dónde alimentarse - y por
ende a quién matar. Al final, aniquilando la vida, sólo deja en su rastro vestigios de color negruzco y destrucción. Hay
luces que brillan y no devastan, sino son fuente de vida. Como el sol en la
tierra, que crea la vida y la
alimenta; pero a su vez, este sol en ciertas condiciones
también es fuente de sequía, destrucción y devastación. Hay
luces perennes y temblorosas, como las de las velas y fogatas; hay luces
útiles, como las del neón y las del alumbrado público, más estables y necesarias. Y
hay luces hermosas, como las de las estrellas.
Tantas
luces…
Yo me
pregunto ¿qué tipo de luz era ELLA, que alimentó generosamente un agujero negro
y que sobrevivió a esta lucha para luego dejarse cegar por el incendio
despiadado?.
Tal vez
no era una luz… tal vez su destino era ser combustible de las sombras del alma
humana.
O
simplemente debió leer las letras pequeñas que acompañan a todo contrato en la vida, y que decían: “el tamaño de la oscuridad puede ser
proporcional -o mayor- a la fuente de luz”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario