Mi mamá
dice que siempre fui resentida. Según ella , cuando era pequeña y me resentía
por algo se me llenaban los ojos de lágrimas y no hablaba durante horas. De
esas épocas no me acuerdo, debía de ser muy pequeña, porque la versión que
recuerdo es una ya más grandecita, súper resentida igual, no hablando durante
horas pero tragándose las lágrimas por puro orgullo. Por último, mi versión adulta es más perfeccionada, full autocontrolada,
puede incluso hasta hablar si es necesario.
En
pocas: he aprendido a ocultar
mejor mi resentimiento. Pero tengo adentro de mí desde hace años una “caja de
los resentimientos”, en donde meto las cosas que me duelen y se van acumulando;
cuando algo nuevo sucede se abre la cajita y salen los otros resentimientos.
Entonces me resiento aún más. Ya sé: poco sano para una psicóloga. Es que en
terapia aún no he tenido tiempo de abrir la caja, con todo lo demás que era más
urgente. Buena excusa. Talvez sólo tengo vergüenza de decirle a mi terapeuta
las cosas tontas que guardo en la caja. Como el estar resentida con mi ñaña por
una historia de aretes. Papelón hablar de eso.
En
contraparte, tengo adentro también una caja de ilusiones. Porque también desde
pequeña, aunque nadie lo notaba, he sido alguien que se ilusionaba mucho. Con cosas materiales
como una hermosa barbie que había en un almacén del Bosque cuando era pequeña ,
en una tienda en la que ahora venden ropa para señoras “de tallas grandes” (cómo
cambian los negocios). Mis ilusiones de adulta no son tan materiales, aunque sí
pueden llegar a ser concretas. Como viajar a Italia, una ilusión que atesoré en
mi cajita varios años y ahora que ya se cumplió ha sido reemplazada por uno de
los deseos obligatorios hechos a la Fontana de Trevi: volver a Italia.
Esta
cajita contiene aquellos deseos más profundos de mi corazón, muchos de
los cuales tampoco le cuento a mi terapeuta, un poco por vergüenza o un poco
porque sé que si los analizo mucho, van a surgir 5000 argumentos racionales en
contra de su realización y finalmente serán sólo, como dicen los adultos,
“malas ideas”.
Pensando
en esto desde hace rato me dí cuenta que llevar ambas cajitas adentro puede
tener efectos nocivos. Pueda ser que la cajita de los resentimientos se
esté volviendo una mega caja sin darme cuenta, y que en realidad deba hacer
algo con lo que llevo dentro, por ejemplo, tratar de resolverlos. Pueda ser en
cambio que la cajita de las ilusiones se me vaya empolvando con el ir creciendo
y haciéndome adulta, y que se me olviden algunas que tuve y que son esenciales
para mi bienestar.
Por eso
decidí que ya no las voy a llevar por dentro.
Ahora
tengo dos cajitas transparentes, de igual tamaño para fines comparativos: una
para las ilusiones y otra para los resentimientos. He escrito en unos papelitos
aquello que llevaba guardado dentro; las ilusiones en un bonito papel
grueso, los resentimientos en un papel
de líneas más delgado. Cada vez que me resienta por algo escribiré eso en un
papel y trataré que se quede fuera de mí. Cada vez que algo me ilusione lo
pondré en un papel para que no se me olvide.
Pienso hacer
una revisión periódica de ambas cajas. Talvez sacar de vez en cuando un papel
de la de los resentimientos y llevarlo a terapia, o dejarlo que esté ahí o
simplemente quemarlo con el año viejo. Revisar la de las ilusiones también para
ver si las puedo transformar en proyectos, llegar a concretarlas, o si
simplemente seguirán siendo sueños.
Viendo
las cajas en este momento me doy cuenta que mi mamá tenía razón: soy bien resentida.
Pero me siento mucho más liviana hoy. Porque el efecto más nocivo de tener las
cajas adentro es que ambas pesan, con un peso diferente cada una. El peso de la de los resentimientos es
bastante claro: no es bueno andar resentido, sobretodo por cosas que vienen del
carácter de las personas y que no van a cambiar . El peso de la de las ilusiones
es diferente; proviene de la frustración de no poder realizar aquello que tanto
deseamos por ser difícil o no depender totalmente de nosotros.
Me
alegro de haber puesto todo en las dos cajas, para no cargar ni las unas ni los
otros dentro de mí, y así poder viajar más ligera en esta vida.