Hay amores de todos
los colores.
Los hay
transparentes, tan puros que en ellos se refleja el alma. Los hay rojos color
pasión, rosados cursis y fucsias de quinceañeras.
Hay amores como el
arcoiris, que cambian de color cada día y que el sol va destiñendo con el
paso de los años. Hay amores que brillan y hacen brillar y que como el agua alimentan.
Amores que sacuden el piso y equilibran péndulos. Amores que son refugio y hogar para el corazón.
Y hay amores de otro
tipo, que desatan pasión y arrancan lágrimas. Son amores que rechazan la
caricia amante, huraños y despiadados; que minan la autoestima a golpe de
ausencia de piropos, de falta de detalles. Amores de esperas truncadas, que
celan y encierran, que se roban la inspiración; amores que causan inseguridad y generan
sospecha constante. Son amores que absorben la energía y la belleza y dejan en
su lugar un vacío eterno. Amores que son nada, sombra y oscuridad.
Son amores negros.
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