Leyendo " Lo peor es que no pasa nada" en el blog de Juan Fernando Andrade (http://culturab.blogspot.com/) me ha entrado miedo de que haga conmigo como esa señora que está demandando a Disney por la historia de Frozen . Es que la historia que cuenta sobre su amiga es tan parecida a la que yo quería contarles, que me pongo a dudar de si la amiga
de él es una amiga en común o si su historia es tan común que se parece a la de mi
amiga. En todo caso no creo que él me demande por contar la historia que, de todas formas, estaba por contar uno de estos días
Mi
amiga es como la de él, inteligente, divertida, culta y guapa, y se encuentra en
un estado muy similar por razones exactamente iguales: la pareja con la que
estuvo por casi tres años de repente salió con esa historia de “no te veo en
mi futuro, yo no había planificado una relación tan seria antes de algunos
años, mil disculpas, no es por tí, es por mí”; parece que los hombres tienen serios problemas de anticipación y planificación, o comparten entre ellos un diccionario de pretextos muy básico.
Contrariamente
a la amiga de Juan Fernando, la mía no tiene el sufrimiento manifiesto: trabaja, va a las
reuniones de padres de familia, hace deporte (aeróbicos porque le han dicho que sube las endorfinas, pole-danse para mantener la feminidad a flote, yoga para relajarse y bici para que no se le atrofie el corazón) y hasta de vez en cuando accede a
salir en una cita u otra. No toma pastillas, aunque sospecho que es adicta a
toda substancia legal que le permita estar en pie de día y dormida en la noche.
Estoy segura que las industrias del café, chocolate, red bull, gotas medicinales y
agüitas de vieja lucran con su sufrimiento desde hace varios meses.
Cuando
se pega las copas, es otra historia: momentáneamente desinhibida, todas sus decepciones relacionales la invaden de repente . Como es divorciada, habla de su
exmarido y de cómo aún se preocupa por él como si fuera su hermano
menor, escuchando sus problemas y consiguiéndole clientes para su negocio en lugar de para el de ella.
Cuando le digo que se deja abusar, que no sea muda, que con ese dinero que pierde podría ya haberse comprado un auto nuevo, suspira y me mira con ojos grandotes diciéndome
“qué quieres que haga chica, él nunca ha sabido cuidarse solo”.
Del
novio que la dejó, me cuenta "en chiquis" que él aún le escribe para agradecerle
todo lo que hizo ella por él. “Sabes- suspira- a veces creo que debí de escoger
como profesión Potenciadora de vidas, así por lo menos me pagarían por pensar demasiado en los otros y olvidarme siempre de mí”.
Con los
ojos llenos de lágrimas, me confiesa que la relación más profunda que ha tenido
en 8 meses ha durado dos semanas, al cabo de las cuales decidió decirle al
involucrado con claridad qué esperaba de una relación . “Le dije: Chico, esta
es la cancha en la que puedes jugar... ¿y adivina qué?”- me pregunta- “… pues no
quiso jugar”.
“Así,
mientras el resto de personas de mi edad se queja de su pareja, de cómo ronca,
de que se roba el edredón o de sus manías , yo mantengo una
relación muy estrecha con mi celular: es la primera cosa que veo en las mañanas y la última también,
cuando me conecto buscando a alguien de quién despedirme en ese mundo virtual”.
Como ya
ve que está sonando patética, disimuladamente se limpia la comisura de los
ojos, bebe un trago y en tono de broma me dice que hasta se ha puesto a
pensar en pasar uno de esos anuncios en la sección “Corazones Solitarios” de la
Familia del domingo, cuyo texto ya tiene redactado en mente, y diría:
“Damita
de buenas intenciones busca hombre divertido, soltero y decente para compartir
columpio en el parque; urge que toque algún instrumento o por lo menos que
tenga buena voz para cantar más de un dúo. Si es posible, que tenga el
cabello esponjadito. Interesados poner aplicaciones en una botella y lanzarla al mar”.
Luego
se levanta, me guiña el ojo y se va servir otra copa; al cabo de un momento pareciera que todo
retorna a la calma: vuelve a ser mi amiga, la que no necesita de nadie a su lado
para vivir su vida, la de la palabra precisa y la sonrisa perfecta. Una damita
muy decente, en verdad, que sabe llevar sus duelos en paz, sin pastillas ni dramas y que en secreto sigue soñando con columpios y guitarras.
Bien Francita, es que a las mujeres nos coge unas rachas ... y mientras no logremos identificar las cosas, siempre jugamos a ser super mujeres de estirpe. Espero todas podamos despertar y migrar al mundo ideal antes de que nos acabemos las botella entera a sorbos de paciencia.
ResponderEliminarGracias Sandrita por tus palabras :-)
EliminarNo tengo el placer de conocerla...pero me gustan mucho sus historias!!! las mujeres somos todas iguales (muy complicadas) pero al final todas queremos las mismas pendejadas....(esto diría mi hijo adolescente)...Saludos
ResponderEliminarEstimada Natali me alegra mucho que leas mis historias... Solo trato de hablar de las cosas que vivo o viven los demás, y transmitir sobretodo los sentimientos que van ligados a esas experiencias... Cuéntame desde donde me lees?
EliminarEstimada Marie-France...vivo en Quito.....!!! Tengo dos hijos (19/8 años respectivamente)...siempre es bueno saber que no estamos tan equivocadas...y que hay gente que piensa y siente igual que nosotros!!! Saludos
ResponderEliminarSaludos a tí Natali, encantada de conocerte virtualmente! Espero seguir entreteniéndote con mis anécdotas :-)
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