sábado, 27 de septiembre de 2014

¿En qué sueñas, mujer?


Ser mujer en esta época, en este país, en esta cultura… Tener 15 años, 20, tener 30, 40 o 50…  ¿Cómo es?

Cuando converso con mi sobrina a veces creo entenderla y conectarme con su realidad, pero en el fondo creo que no tengo ni idea de lo que le toca vivir. Cuado yo tenía 15 años, los modelos de belleza no eran tan fuertes y exigentes, la droga era algo fundamentalmente ilegal, el regalo era la fiesta rosada y la edad de inicio de las relaciones sexuales era de 19 años. Ahora se toma píldoras para divertirse, hay websites que enseñan como vomitar y emplear eméticos para estar delgada, la actividad sexual inicia antes de los 15 y los padres regalan cirugías estéticas para festejar a sus hijas.

Comencé a dar clases cuando tenía 25 años y la diferencia de edad con mis alumnas era poca; hoy cuando miro a las chicas de 20 que están sentadas en mi clase me digo que si lo hubiera hecho temprano, podrían ser mis hijas. Sé que ellas viven cosas durísimas, de las que me entero no porque confían en mí sino porque sus historias llegan a mis oídos porque “soy la decana” y tengo que tomar decisiones.  Algunas ya tienen hijos, sus padres las han botado de la casa y viven por ahí con su guagua, trabajando y viniendo a clase con los ojos llenos de sueño pero sabiendo que es necesario si quieren salir adelante. Otras están entrampadas en relaciones de pareja nocivas y maltratantes de las cuales piensan que no deben salirse porque no encontrarán a nadie que las ame…

Habiendo comenzado a trabajar tan temprano, tengo colegas en los 30 que fueron mis alumnas. Mujeres luchadoras e inteligentes a las que les dirigí la tesis y que sin miedo me miran a los ojos y “me cantan las verdades” cuando saben que lo que estoy haciendo no está bien. Son excepcionales en muchos aspectos y  a veces bromeo con ellas llamándolas “las chicas Flacso”, porque tienen ese sesgo de género que les enciende la mirada y las hace desafiar a quien sea, hombre o mujer, así sea su “jefe”.

Mi grupo referencial son mujeres que bordean, como yo, los 40… Mujeres inteligentes, sinceras, frontales, sensibles y tiernas; han hecho carrera en su profesión y no tienen “pelos en la lengua” al momento de protestar por algo que no está bien. Mujeres que saben decir “no” si el asunto no les convence y aunque se demoren en entender que una situación que no va a mejorar es mejor cortarla de raíz, acaban tomando las decisiones  más difíciles y saliendo adelante con coraje.

En mi trabajo también hay muchas mujeres de 50 años. Son tradicionales en sus valores familiares y se escandalizan con facilidad de situaciones a las cuales no están acostumbradas, como ver parejas de chicas besándose, cabello azul o cuando se les habla de relaciones no formales. Son mujeres que trabajan y mantienen hogares estables, sin cuestionar sus relaciones de pareja; mujeres cuyo credo es “mientras yo no me entere…”

¿Tenemos algo en común? A veces pienso que nada, porque  se supondría que con el paso del tiempo las generaciones van rompiendo modelos tradicionales y adoptando nuevos modelos.  Sin embargo, lo agradable de relacionarse con personas de diversas edades es justamente que se aprende a conocerlas en sus diferencias pero también, a veces, se encuentran puntos en común. ¿Y adivinen qué? He encontrado por lo menos dos temas en los cuales empatamos las mujeres de cualquier generación.

El primero son las relaciones de pareja. Tenga la edad que tenga, una mujer vive preocupada por los vínculos afectivos. He escrito un montón sobre el tema últimamente, justamente inspirada en las conversaciones que he tenido con amigas, colegas, vecinas, alumnas, sobrina, etc. No quiero repetir lo ya dicho, solo llegar a una conclusión al respecto. He escuchado a los hombres decir que las mujeres deberíamos venir con manual; siento decepcionarlos, pero pienso que sería botar el tiempo y el dinero dedicarse a eso, porque las mujeres de todas las edades tenemos una única aspiración relacional. En broma le decía a Doña Mary ayer mientras me pintaba las mechas que lo de los vaciles casuales no le funciona a ninguna mujer, porque lo que toda mujer busca es “amor, comprensión y ternura”. Punto. Manual de una línea para hombres interesados. Obsesión de una vida para las mujeres.

Otro tema –muy doloroso en verdad- en el cual empatamos las mujeres se llama “insatisfacción corporal”. No conozco mujer de ninguna edad que esté satisfecha con su apariencia física al 100%. Últimamente hubo una campaña de Dove en la cual un dibujante pedía a una mujer que se describa a ella misma, y luego le pedía a una persona que conversó con ella que la describa. Los dibujos de la auto-descripción eran taaaaan feos y contrastaban radicalmente con el dibujo producido por la descripción del extraño; las mujeres lloraban al ver esta diferencia, constatando la dureza del auto-juicio. Es verdad: las mujeres cuando nos miramos al espejo buscamos el defecto, los rollitos, la celulitis, las canas, las arrugas, la asimetría, la mancha. No nos gustan nuestras nalgas porque son abultadas o planas, nuestros pechos porque están caídos o son pequeños, nuestras cicatrices, las patas de gallo… Qué triste es pensar que desde la adolescencia o a veces desde antes nos pasamos odiando nuestro cuerpo, haciendo dietas imposibles, comprando ropa que esconda lo feo y realce lo bonito, yendo a la peluquería a cambiar interminablemente de look, al cirujano plástico para el botox o la liposucción, comparando dietas y cruzándonos los tips que funcionan para adelgazar, estirarse, adquirir firmeza…

Mujeres, mujeres ¿qué nos pasa? Concentradas en el otro, haciendo nuestra vida en función de la pareja (o de su ausencia) y sus deseos reales o proyectados. Concentradas en el “afuera”, ese envoltorio que transformamos para agradarnos pensando así agradar a los demás. Escuchando las voces de todos al momento de decidir sobre nuestras vidas. ¿Dónde está nuestro deseo? ¿Dónde está la libertad de decidir ser cómo queremos? ¿Dónde estamos y qué vida estamos viviendo?

Fui al funeral de una mujer esta semana. Y me puse a pensar que la vida es un recorrido con muchos recovecos para algunas, con senderos claros y rectos para otras;  pero sea cual sea el camino  la vida nos lleva a todas para allá: a estar solas y tendidas en un ataúd, con este cuerpo que nos obsesionó descomponiéndose para ser alimento de gusanos. ¿Vale la pena sufrir tanto por las relaciones? ¿Vale la pena preocuparse tanto por el aspecto que tenemos? ¿No será mejor simplemente preocuparnos más por nuestro yo interno y empezar a escuchar nuestra propia voz?

Aparte de tener el cuerpo perfecto y de estar con alguien que nos ame… ¿en qué soñamos mujeres?

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