Pasé 3
horas en la fiscalía el lunes denunciando el robo del cerebro de mi auto.
Cuando llegué estaban en el turno A26 y yo obtuve el A64. Resignada a que la
espera iba a ser larga, comencé a observar a las personas que estaban ahí y
entablé diálogo con algunas de ellas, para conocer qué tipo de circunstancias
les habían traído ahí al mismo tiempo que yo.
Para el
señor de mi izquierda, era el robo de todo su vehículo. Fue a misa el domingo a
las 7 :30 de la mañana y cuando salió, ya no estaba su camioneta. Además,
se la robaron con la matrícula dentro, lo que determinó que tuviera que hacer
una denuncia previa por robo de documentos antes de la del auto. La señora
de mi derecha, una mujer muy humilde, me contó pesarosa que había ido al
hospital del Sur a hacer que le tomen la presión y que al regresar con
intenciones de calentarse una agüita de remedios encontró que le había desvalijado
el cuarto. Una joven con uniforme de oficinista estaba ahí para notificar el robo
de su laptop. Dos señoras iban a denunciar a una mujer que, usando un nombre
falso (de otra mujer que estaba en realidad presa), les había estafado por 5mil
dólares en electrodomésticos. Un viejito enternado con un traje tan viejo como
él, recogiendo sin cesar los papeles que dejaba caer clamaba que el ex-marido de su hermana había contratado a unos maleantes
para robarle los documentos de unas propiedades de la difunta; un joven con
gafas me preguntó si era abogada porque necesita que alguien le ayude, porque
en ese mismo momento le seguían amenazando de muerte en mensajes que pretendió
mostrarme en su celular, intención que fue truncada cuando le dije que yo misma estaba allí por una denuncia. Más allá salió una señorita a solicitar que los
que venían por “Exámenes médico-legales » fueran directo al primer piso
con ella…
Tres
horas son muy largas… así que acompañé las conversaciones con un poco de
lectura y mucho de reflexión...
La Fiscalía
recepta casos tan eclécticos como los descritos al inicio de mi reflexión, y
otros más : casos sobre lesiones
infligidas a la vida humana, a la libertad, a la intimidad, a la seguridad, a
la propiedad, al honor, entre otros. Casos en los que, detrás de la etiqueta legal,
existe el relato de una historia que en el tema judicial deberá encajar en las opciones que oferta el “sistema informático” , y dentro de las cuales
será irrelevante que se hayan robado la mochila, los accesorios del roller y
hasta los malabares de mi hija, porque "eso no cubre ningún seguro". Casos en los
cuales nadie le pregunta a uno qué fue lo que sintió, sino sólo “lo que pasó”.
Para mí,
aquello que se perpetra en contra de una persona no es importante si no deja huella
en ella… y eso se contrapone totalmente con lo vivido en la Fiscalía. El
funcionario judicial nunca hará las preguntas realmente importantes. Por ejemplo… ¿Por qué lloraba la señora
del cuarto vaciado? Seguramente no por una serie de enseres y pertenencias de
baja calidad. Ella lloraba por el tiempo invertido , el esfuerzo realizado, las
ilusiones , sueños y recuerdos que representaban sus objetos… ¿Y quién iba a
coger la declaración sobre lo que sentía? Definitivamente no el señor de la
ventanilla 9, ese que se daba aires de importancia tratándome de “mija” cuando estuvo media hora sin atender a nadie aprovechando que su supervisora no le veía. ¿Quién iba a preguntarle a la señora sobre su dolor, su
frustración, su desamparo, no para que reestructurara su vivencia (para eso se va al psicólogo), sino para
hacer pagar a los culpables, en busca de justicia?
Nadie.
Y eso
no le pasa sólo a ella…
¿A
dónde va la Maggie que fue abusada por el tío de su mejor amiga a los
dieciséis, y a quién nadie creyó cuando lo dijo, a contar como ha sido su vida
relacional durante toda su vida adulta porque se ha sentido una basura desde
entonces? ¿Cómo hace para denunciar a su último novio porque ella le confió ese
secreto tan íntimo y a él le pareció “excitante”?
¿Hay
algún lugar para decirle que vaya
a la Paula a denunciar al hombre que año tras año le ha prometido que las cosas van a cambiar y
que se le ha pasado en la espera de lo ofertado lo que se considera juventud y hasta su edad
madura? ¿Alguien le va a devolver, con “daños y perjuicios”, el tiempo
perdido?
¿Y la Luli? ¿ Qué hace la Luli cuyo novio la "deja con la bata alzada" día tras día, sólo para hacerle sentir su poderío sobre su cuerpo, y que se duerme envuelta en llanto pensado que es ella la que ,irremediablemente, ha fallado en la relación?
¿Dónde
está ese lugar a donde uno puede ir y decir: me estafaron sentimentalmente,
me robaron las ilusiones, vulneraron mi inocencia, quebrantaron mi fortaleza,
me basurearon, se burlaron, me robaron los recuerdos, me pusieron apodos hirientes, me estafaron con el “felices para siempre”, me pisotearon el
entusiasmo, violaron mi confianza?
¿ Dónde
queda la Fiscalía del alma?
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