jueves, 12 de marzo de 2015

¿Dónde se denuncian los delitos del alma ?



Pasé 3 horas en la fiscalía el lunes denunciando el robo del cerebro de mi auto. Cuando llegué estaban en el turno A26 y yo obtuve el A64. Resignada a que la espera iba a ser larga, comencé a observar a las personas que estaban ahí y entablé diálogo con algunas de ellas, para conocer qué tipo de circunstancias les habían traído ahí al mismo tiempo que yo.

Para el señor de mi izquierda, era el robo de todo su vehículo. Fue a misa el domingo a las 7 :30 de la mañana y cuando salió, ya no estaba su camioneta. Además, se la robaron con la matrícula dentro, lo que determinó que tuviera que hacer una denuncia previa por robo de documentos antes de la del auto. La señora de mi derecha, una mujer muy humilde, me contó pesarosa que había ido al hospital del Sur a hacer que le tomen la presión y que al regresar con intenciones de calentarse una agüita de remedios encontró que le había desvalijado el cuarto. Una joven con uniforme de oficinista estaba ahí para notificar el robo de su laptop. Dos señoras iban a denunciar a una mujer que, usando un nombre falso (de otra mujer que estaba en realidad presa), les había estafado por 5mil dólares en electrodomésticos. Un viejito enternado con un traje tan viejo como él, recogiendo sin cesar los papeles que dejaba caer  clamaba que el ex-marido de su hermana había contratado a unos maleantes para robarle los documentos de unas propiedades de la difunta; un joven con gafas me preguntó si era abogada porque necesita que alguien le ayude, porque en ese mismo momento le seguían amenazando de muerte en mensajes que pretendió mostrarme en su celular, intención que fue truncada cuando le dije que yo misma estaba  allí por una denuncia. Más allá salió una señorita a solicitar que los que venían por “Exámenes médico-legales » fueran directo al primer piso con ella…

Tres horas son muy largas… así que acompañé las conversaciones con un poco de lectura y mucho de reflexión...

La Fiscalía recepta casos tan eclécticos como los descritos al inicio de mi reflexión, y otros más : casos sobre  lesiones infligidas a la vida humana, a la libertad, a la intimidad, a la seguridad, a la propiedad, al honor, entre otros. Casos en los que, detrás de la etiqueta legal, existe el relato de una historia que en el tema judicial deberá encajar en las opciones que oferta el “sistema informático” , y dentro de las cuales será irrelevante que se hayan robado la mochila, los accesorios del roller y hasta los malabares de mi hija, porque "eso no cubre ningún seguro". Casos en los cuales nadie le pregunta a uno qué fue lo que sintió, sino sólo “lo que pasó”.

Para mí, aquello que se perpetra en contra de una persona no es importante si no deja huella en ella… y eso se contrapone totalmente con lo vivido en la Fiscalía. El funcionario judicial nunca  hará las preguntas realmente importantes.  Por ejemplo… ¿Por qué lloraba la señora del cuarto vaciado? Seguramente no por una serie de enseres y pertenencias de baja calidad. Ella lloraba por el tiempo invertido , el esfuerzo realizado, las ilusiones , sueños y recuerdos que representaban sus objetos… ¿Y quién iba a coger la declaración sobre lo que sentía? Definitivamente no el señor de la ventanilla 9, ese que se daba aires de importancia tratándome  de “mija” cuando estuvo media hora sin atender a nadie aprovechando que su supervisora no le veía. ¿Quién iba a preguntarle a la señora sobre su  dolor, su frustración, su desamparo, no para que reestructurara su vivencia  (para eso se va al psicólogo), sino para hacer pagar a los culpables, en busca de justicia?

Nadie.

Y eso no le pasa sólo a ella…

¿A dónde va la Maggie que fue abusada por el tío de su mejor amiga a los dieciséis, y a quién nadie creyó cuando lo dijo, a contar como ha sido su vida relacional durante toda su vida adulta porque se ha sentido una basura desde entonces? ¿Cómo hace para denunciar a su último novio porque ella le confió ese secreto tan íntimo y a él le pareció “excitante”?

¿Hay algún lugar para decirle que vaya  a la Paula a denunciar al hombre que  año tras año le ha prometido que las cosas van a cambiar y que se le ha pasado en la espera de lo ofertado lo que se considera juventud y hasta su edad madura? ¿Alguien le va a devolver, con “daños y perjuicios”, el tiempo perdido?

¿Y la Luli?  ¿ Qué hace la Luli cuyo novio la "deja con la bata alzada" día tras día, sólo para hacerle sentir su poderío sobre su cuerpo, y que se duerme envuelta en llanto pensado que es ella la que ,irremediablemente, ha fallado en la relación?

¿Dónde está ese lugar a donde uno puede ir y decir: me estafaron sentimentalmente, me robaron las ilusiones, vulneraron mi inocencia, quebrantaron mi fortaleza, me basurearon, se burlaron, me robaron los recuerdos,  me pusieron apodos hirientes, me estafaron con el  “felices para siempre”, me pisotearon el entusiasmo, violaron mi confianza?

¿ Dónde queda la Fiscalía del alma?

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