lunes, 8 de febrero de 2021

¿Salvar al país o salvarse a sí mismos?

 

Como muchos saben, la política es algo de lo que realmente no me gusta hablar; tampoco me encanta el ejercicio democrático obligatorio. Es más, los que me conocen saben que llevo sistemáticamente anulando el voto desde ya hace casi una década.

Sin embargo, que no me guste la política no quiere decir que sea insensible y ciega ante lo que pasa en este país. Por ello, en estas elecciones decidí votar. Por un deber que le mandaron a mi hija en el colegio me senté a ver los primeros debates, y terminé haciéndome a la idea de que, definitivamente, somos una desgracia de país con una desgracia de representantes. El solo hecho de tener 16 candidatos ya es una muestra de lo que siempre ha pasado acá: a nadie le importa la democracia, cada quien quiere “jalar el agua a su molino”.

Pero escogí un candidato. Sí, uno de esos que no sacó más del 2%. Cuando hablé en público de mi intención de voto, todo aquel al que se lo dije me lanzó el discurso de “no seas boba, este no es el momento de escoger al mejor, es el momento de SALVAR AL PAÍS”. Salvarlo, obviamente, del socialismo del siglo XXI, ese populismo disfrazado de ideología que nos ha entrampado durante más de una década en las falsedades del discurso de la “no dominación al imperio” y “del hacer obra”. Poco importa que para la “no dominación” tengamos que dejar de pagar las deudas que contrajimos, jugándonoslo la de Cantuña que vendió el alma al diablo, pero al final no se la entrega y se queda con la obra casi terminada. O si para “tener obra” se roban el triple del costo de la misma, venden el alma a otro diablo,  y terminan con la obra a medias o media caída. En fin.

Sí, entonces, viéndolo así, como un acto de salvataje, me dejé convencer por el discurso de “arrimemos el hombro y votemos por alguien que tiene chance de frenar esta corrupción”. Y los resultados están ahí.  

Hace tiempo conversaba sobre la democracia con alguien que me dijo que es un sistema que no puede funcionar si no va de la mano con la educación. Y que el problema de nuestro país es que hay mucha gente “poco educada” que vota por gobiernos populistas. No creo que sea verdad. De hecho, los resultados nos dicen que solo el 30 % de ecuatorianos pueden ser encasillados en esa categoría, lo que deja la “pelota” del problema en la cancha del 70%.

Yo creo que el verdadero problema de los ecuatorianos es el egoísmo, cada quién queriendo monopolizar el agua del río en su molino. Y el clasismo, que hace lamentarse a algunos esta mañana de que el “guangudo” haya sacado el 20%. De hecho, por mi parte, creo que estamos en mejor escenario con Yaku que con Lasso en segunda vuelta, si realmente se trata de “salvar al país” del socialismo del siglo XXI. Porque desgraciadamente me parece muy difícil que los indígenas den su voto por Lasso, ya no estamos en los años ochenta en donde se agachaba la cabeza y se votaba por lo que decía el patrón. Y, seamos realistas, no se les puede culpar que no confíen en un banquero.

El problema, me ratifico, no es la falta de educación. En este país lo que nos hunde es el egoísmo, el clasismo, el familismo, el no ver por todos sino por nuestra parcela. El pensar que somos mejores que el que vive en el páramo, que el montuvio, que la señora del kiosko, que el que maneja el bus. El seguir siendo como en Chulla Romero y Flores, tratando de encajar en donde no cabemos. Lo que nos hunde, es que no tenemos identidad de ecuatorianos. Hay “monos”, hay “cholos”, hay “pelucones”, hay “del pueblo”. Pero lo que no hay, es ecuatorianos. 

Ahora, quisiera saber si toda esa gente que en Facebook se declaró abiertamente a favor de salvar al país va a darle el voto a Yaku. Me preocupan los seguidores de Nebot, por ejemplo: ¿Será que le dan el voto a “un indio que debería quedarse en el páramo”? ¿Preferirán ser otros cantuñas vendiendo el alma al diablo durante 5 años, esperando que las cosas mejoren en las siguientes elecciones? ¿O se irán del país, los muy patriotas generosos que ayer querían “salvarlo” votando por Lasso?.