miércoles, 22 de diciembre de 2021

Envejeciendo parte 1: El testimonio de Eliana

 

“Ayer la Ministra de Salud anunció que las personas de 60 años en adelante, si ya tenían cinco meses de haber recibido la segunda dosis de la vacuna contra el COVID, podían acudir a ponerse la dosis de refuerzo. Contenta con esa noticia, yo, que ya tengo 62 años, fui hoy al vacunatorio. La fila estaba corta, el tiempo de espera era mínimo. Me hicieron pasar en un grupo de 10 personas, entre las que había personas de diferentes edades y niños. Una vez dentro del recinto, nos dividían, como es lo lógico. Los niños iban a una sala con sus padres, las personas adultas jóvenes a otra sala, y pues, a las personas entre 60 y 70 años nos ubicaron en otro espacio. Observé a mis compañeros de grupo. Había personas con cabello entre gris y blanco, de andar cansado, algunas con sobrepeso, otras que lucían con alguna enfermedad terminal o degenerativa. Y ahí estaba yo, preguntándome en qué momento pasó la vida, cómo había yo llegado a formar parte de ese grupo... De una en una pasaban las personas a vacunarse. Una amable señorita en una computadora preguntaba ¿Cuántos añitos tiene? con la misma ternura con que se le habla a un niño.

Las personas respondían: 61, 63, 68..., con lentitud, sacaban sus documentos, los entregaban... Con la misma lentitud, se sentaban, levantaban las mangas de su camisa y dejaban al descubierto sus brazos para recibir la vacuna. Luego, se ponían de pie con cierta dificultad y abandonaban a paso lento el lugar... Algunas se apoyaban en un bastón o en el brazo de algún acompañante para caminar.

Ese es mi grupo etario. Ese es el sector al que pertenezco. No dejo de sorprenderme.

Pensé entonces en mis compañeras de escuela, en mis compañeras de colegio. Casi todas son abuelas; muchas de ellas tienen “malestares propios de la edad”, condiciones como colesterol alto, sobrepeso, hipotiroidismo, problemas con la presión arterial, el corazón... Algunas se han ido de este mundo, otras han perdido a sus parejas...

La vida pasa irremediablemente, se nos va lentamente de las manos sin que apenas nos demos cuenta.

Hoy estoy más clara que nunca que camino contra el tiempo, tratando de hacer las cosas que me hacen feliz y que me corresponden. Aun me siento fuerte, vigorosa, creativa y debo aprovecharlo porque el tiempo no se detiene. Asimilarlo no es fácil, pero es real.

Me siento agradecida con la vida por todos los regalos que me ha dado: mi esposo, mis hijos, mis amigas y colegas, personas con las que siempre olvido el paso del tiempo pero a través de las cuales he aprendido lecciones profundas.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario