domingo, 1 de marzo de 2015

Príncipe Azul vs. Mujer Porno


Hay un meme de esos que circulan en el facebook que dice « toda mujer se merece un príncipe azul y todo hombre una actriz porno ». He pensado mucho en el sentido de esta frase, y me parece que la reformularía diciendo « toda mujer busca un príncipe azul y todo hombre una actriz porno ».

Esto refiriéndome  a la construcción en el imaginario femenino y masculino del ideal respectivo, independientemente de las otras interpretaciones que se puedan dar a la frase.

Las mujeres crecemos atiborradas de romanticismo en la cabeza. Desde la más tierna edad, nos amamantan con historias de princesas rescatadas por príncipes. La trama en general gira al rededor del personaje femenino, que siempre está en peligro (acosada por su padre, por el hada malvada, la bruja, la madrastra y hermanas…) y que sufre indecibles trajines y vejámenes hasta ser rescatada por un príncipe cuyo perfil es siempre el mismo : apuesto, galante, valiente, luchará por la princesa en circunstancias extremas (contra el dragón, la madrastra, los espinos que la rodean) para ofertarle el « felices para siempre ». ¿El mensaje ? La vida es dura y tienes que proyectarte en la espera de un hombre perfecto que la va a arreglar para ti.  Además, este hombre no es un “cualquier cosita”, es un príncipe que pasa por muchos periplos para llegar a ti. Uno que lucha y te desea a ti, la única en la tierra que llenará su deseo.

Así se insertan en nuestra mente femenina varias ideas que construyen poco a poco un ideal masculino. La idea de que el sufrimiento en la vida se va a resolver una vez que encontremos pareja. La de que el hombre ideal va a hacer mucho esfuerzo para estar con nosotras. La de que  este hombre será valiente, cortés, galante y se enamorará perdidamente de nuestras virtudes « principescas » y nos será fiel hasta el final de la vida… La del Príncipe Azul.

Los hombres, ellos, son inmunes a las historias de princesas. Cuando pequeños, rara vez se identifican con estos personajes y nunca se los ve jugando a rescatar princesas de dragones y madrastras. Crecen amamantados de televisión de acción, fútbol y juegos de vídeo. Su mundo no es un mundo relacional con el sexo opuesto hasta que llegan a la pubertad, momento en el cual las hormonas les hacen bajar el velo de la indiferencia y recién se enteran de la existencia del género opuesto.  En la mente masculina infantil no se ha formado aún un ideal femenino. Para los varones, la sexualidad y los encuentros con las chicas irán formando poco a poco la imagen de la mujer ideal más tarde, en algún momento durante la adolescencia.  

Leyendo el libro de Gissela Echeverría (Conéctese con sus hijos para se que desconecten de la Red), me topé con una interesante reflexión sobre la imagen y la sexualidad. El mundo moderno, erotizado a un punto casi inconcebible, oferta con una facilidad inimaginable pornografía de fácil acceso a estos adolescentes con las hormonas en ebullición. ¿Qué ven ellos ahí ? Ven escenarios de pobre guión en donde el encuentro de dos seres se reduce a un saludo e ir “ directo al grano”, entendiéndose por esto al encuentro sexual desprovisto de sentimientos; encuentro de dos cuerpos biológicos, ya que lo único que importa es lo que se hace con los órganos sexuales y cómo se provee de excitación y de placer a los mismos. Son cuerpos fragmentados, sólo bocas, penes, vaginas, anos, senos en una danza desenfrenada realizada con exceso de detalle y de ruidos. Lo peor de la pornografía no es sin embargo los primeros planos anatómicos. Lo peor es lo que vehiculan a los varones sobre la imagen femenina, imagen que se convertirá en el ideal que el varón buscará, insaciablemente, en la vida personal : la Mujer Porno.

La mujer porno es físicamente falsa, hecha a la medida del consumidor. En general, de cuerpo perfecto tipo barbie excitante, no le cuelga nada ni le sobran células grasas ; sin embargo, como consumidores hay de todo, la pornografía le sirve al cliente lo que desea : gordas, extra gordas, flacas, normalitas, maduras, jovencitas, rubias, morenas, asiáticas… Es como un restaurante sexual de gran variedad en el que el hombre solo tiene que irse sirviendo más y más, únicamente de lo que le gusta.

Más allá de lo físico, la mujer porno es complaciente a nivel sexual. Necesita de poco para excitarse, recepta de todo y en todo lugar y circunstancias. Gissela Echeverría dice que este ideal de mujer que se construye es « multiorgásmica », siempre dispuesta ante el deseo masculino . Carece de estados de ánimo, de síndrome premenstrual, de timidez, de tabúes, de gustos o preferencias sexuales. No exige preliminares ni mimos post-coitales, ni palabras cariñosas ni largas charlas sobre temas que al hombre no le interesan. Esta complacencia sexual también es extrapolada a una complacencia a nivel anímico y relacional. La mujer porno debe ser “a la medida”, debe gustarle lo que le gusta a su pareja, nunca negarse a él y no tener deseos propios.

A nivel relacional, el encuentro entre estos dos ideales está destinado al fracaso. Porque detrás del ideal al que se aspira, está también la identificación correspondiente. Mujeres identificadas con princesitas, deseando y suspirando por una pareja toda la vida, poco conscientes de sí mismas por exceso de esfuerzo para llenar un canon y ser deseables. Hombres identificados con sementales sexuales, que creen que mientras más evidente sea su potencia sexual, mientras más dure la erección, mejores hombres son. Relaciones de pareja en la que la mujer espera esfuerzo, galanteo, cortesía, seguridad y felicidad eterna; en las que el hombre espera satisfacción e innovación sexual constante para sentirse feliz.

No hay posibilidad de happy ending para el encuentro entre este tipo de identidades, solo de decepción, de desencuentro constante y doloroso, de desengaño mutuo en la imposibilidad de ajustarse a un otro tan disímil, tan diferente de cómo me lo imaginaba y ante el cual no sé como responder.

Princesitas y Machos Potentes confrontan a hombres y a mujeres con la falla, pero esta nunca será atribuída al ideal mal formado, sino a la persona que está frente a mí, así que la solución que se planteará será siempre la más simple: “no satisface mi deseo, entonces la desecho y parto en busca de otra, aquella que será  como lo he imaginado siempre”. Y seguirán buscándolos: al Príncipe azul; a la Mujer Porno.

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