Hay un
meme de esos que circulan en el facebook que dice « toda mujer se merece un príncipe azul y todo hombre una actriz
porno ». He pensado mucho en el sentido de esta frase, y me parece que
la reformularía diciendo « toda mujer
busca un príncipe azul y todo hombre
una actriz porno ».
Esto
refiriéndome a la construcción en
el imaginario femenino y masculino del ideal respectivo, independientemente de
las otras interpretaciones que se puedan dar a la frase.
Las
mujeres crecemos atiborradas de romanticismo en la cabeza. Desde la más tierna
edad, nos amamantan con historias de princesas rescatadas por príncipes. La trama
en general gira al rededor del personaje femenino, que siempre está en peligro
(acosada por su padre, por el hada malvada, la bruja, la madrastra y hermanas…)
y que sufre indecibles trajines y vejámenes hasta ser rescatada por un príncipe
cuyo perfil es siempre el mismo : apuesto, galante, valiente, luchará por la
princesa en circunstancias extremas (contra el dragón, la madrastra, los espinos
que la rodean) para ofertarle el « felices para siempre ». ¿El
mensaje ? La vida es dura y tienes que proyectarte en la espera de un
hombre perfecto que la va a arreglar para ti. Además, este hombre no es un “cualquier cosita”, es un
príncipe que pasa por muchos periplos para llegar a ti. Uno que lucha y te
desea a ti, la única en la tierra que llenará su deseo.
Así se
insertan en nuestra mente femenina varias ideas que construyen poco a poco un ideal
masculino. La idea de que el sufrimiento en la vida se va a resolver una vez
que encontremos pareja. La de que el hombre ideal va a hacer mucho esfuerzo
para estar con nosotras. La de que este hombre será valiente, cortés, galante y se enamorará
perdidamente de nuestras virtudes « principescas » y nos será fiel
hasta el final de la vida… La del Príncipe
Azul.
Los
hombres, ellos, son inmunes a las historias de princesas. Cuando pequeños, rara
vez se identifican con estos personajes y nunca se los ve jugando a rescatar
princesas de dragones y madrastras. Crecen amamantados de televisión de acción,
fútbol y juegos de vídeo. Su mundo no es un mundo relacional con el sexo
opuesto hasta que llegan a la pubertad, momento en el cual las hormonas les
hacen bajar el velo de la indiferencia y recién se enteran de la existencia del
género opuesto. En la mente
masculina infantil no se ha formado aún un ideal femenino. Para los varones, la
sexualidad y los encuentros con las chicas irán formando poco a poco la imagen
de la mujer ideal más tarde, en algún momento durante la adolescencia.
Leyendo
el libro de Gissela Echeverría (Conéctese
con sus hijos para se que desconecten de la Red), me topé con una interesante
reflexión sobre la imagen y la sexualidad. El mundo moderno, erotizado a un
punto casi inconcebible, oferta con una facilidad inimaginable pornografía de
fácil acceso a estos adolescentes con las hormonas en ebullición. ¿Qué ven ellos
ahí ? Ven escenarios de pobre guión en donde el encuentro de dos seres se
reduce a un saludo e ir “ directo al grano”, entendiéndose por esto al
encuentro sexual desprovisto de sentimientos; encuentro de dos cuerpos
biológicos, ya que lo único que importa es lo que se hace con los órganos
sexuales y cómo se provee de excitación y de placer a los mismos. Son cuerpos fragmentados,
sólo bocas, penes, vaginas, anos, senos en una danza desenfrenada realizada con
exceso de detalle y de ruidos. Lo peor
de la pornografía no es sin embargo los primeros planos anatómicos. Lo peor es
lo que vehiculan a los varones sobre la imagen femenina, imagen que se
convertirá en el ideal que el varón buscará, insaciablemente, en la vida
personal : la Mujer Porno.
La
mujer porno es físicamente falsa, hecha a la medida del consumidor. En general,
de cuerpo perfecto tipo barbie excitante, no le cuelga nada ni le sobran
células grasas ; sin embargo, como consumidores hay de todo, la pornografía
le sirve al cliente lo que desea : gordas, extra gordas, flacas,
normalitas, maduras, jovencitas, rubias, morenas, asiáticas… Es como un restaurante
sexual de gran variedad en el que el hombre solo tiene que irse sirviendo más y
más, únicamente de lo que le gusta.
Más
allá de lo físico, la mujer porno es complaciente a nivel sexual. Necesita de
poco para excitarse, recepta de todo y en todo lugar y circunstancias. Gissela
Echeverría dice que este ideal de mujer que se construye es « multiorgásmica »,
siempre dispuesta ante el deseo masculino . Carece de estados de ánimo, de síndrome
premenstrual, de timidez, de tabúes, de gustos o preferencias sexuales. No
exige preliminares ni mimos post-coitales, ni palabras cariñosas ni largas
charlas sobre temas que al hombre no le interesan. Esta complacencia sexual también
es extrapolada a una complacencia a nivel anímico y relacional. La mujer porno debe
ser “a la medida”, debe gustarle lo que le gusta a su pareja, nunca negarse a él
y no tener deseos propios.
A nivel
relacional, el encuentro entre estos dos ideales está destinado al fracaso.
Porque detrás del ideal al que se aspira, está también la identificación correspondiente.
Mujeres identificadas con princesitas, deseando y suspirando por una pareja
toda la vida, poco conscientes de sí mismas por exceso de esfuerzo para llenar
un canon y ser deseables. Hombres identificados con sementales sexuales, que
creen que mientras más evidente sea su potencia sexual, mientras más dure la
erección, mejores hombres son. Relaciones de pareja en la que la mujer espera
esfuerzo, galanteo, cortesía, seguridad y felicidad eterna; en las que el
hombre espera satisfacción e innovación sexual constante para sentirse feliz.
No hay
posibilidad de happy ending para el encuentro
entre este tipo de identidades, solo de decepción, de desencuentro constante y
doloroso, de desengaño mutuo en la imposibilidad de ajustarse a un otro tan
disímil, tan diferente de cómo me lo imaginaba y ante el cual no sé como
responder.
Princesitas
y Machos Potentes confrontan a hombres y a mujeres con la falla, pero esta nunca
será atribuída al ideal mal formado, sino a la persona que está frente a mí,
así que la solución que se planteará será siempre la más simple: “no satisface mi deseo, entonces la desecho
y parto en busca de otra, aquella que será como lo he imaginado siempre”. Y seguirán buscándolos: al
Príncipe azul; a la Mujer Porno.
Clarito y directo. ¡Lo suscribo!
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