domingo, 29 de diciembre de 2013

Cómo extraer la perla sin matar a la ostra?



Pocas veces nos interesamos por cosas tan extrañas como de dónde nacen las perlas. Algunas personas tienen la idea de que vienen de las ostras y las más interesadas en el tema son aquellas que las llevan como adornos.

Las perlas se forman en algunas variedades de ostras, por la presencia de un cuerpo extraño que se introduce en ellas y , como reacción, el molusco las cubre de calcio y nácar, formando muchas veces estas perlas que han sido objeto de codicia en todos los tiempos.

Una "perla" es un objeto de valor, algo fuera de lo común. No en vano se han introducido en el lenguaje términos y expresiones que usan esta palabra. Se dice por ejemplo "es una perla" para hablar de algo original, de una "cosa preciosa, exquisita en su clase" según la RAE.

Hoy se me ocurre que el amor es como una perla. Vamos como ostras por el mundo y podemos funcionar perfectamente hasta que alguien nos introduce algo adentro. Este"algo" es un grano de arena, algo pequeño, un encuentro con una persona, que se nos aloja en nuestro mundo interior. A ese granito lo vamos recubriendo , aceptándolo como lo hace la ostra, rodeándole de lo que uno puede dar, y a veces haciéndo de algo muy pequeño algo muy hermoso como una perla perfecta. Supongo que no todas las perlas salen tan lindas, pero puede salir una perla. Unas son como gotas de agua, irregulares; otras son redondas y lisas. Unas serán pequeñas, otras tan grandes que los más ricos se las arrebatarán para lucirlas.

Creo que el resultado depende mucho del grano que se introduce y de la naturaleza de la ostra que lo aloja...

Pero una vez que hay una perla, el "sembrador" decide cultivarla. Para algunos, el resultado es suficiente, pueden arrancar la perla de la ostra y desechar al molusco dejándolo morir. Otros conocen el valor de la ostra, y le dedican el tiempo necesario para recolectar la ostra y lograr sembrar un nuevo grano que, al cabo del tiempo, dará una nueva perla...

¿Cómo se decide matar al molusco o cultivar una nueva perla?

 
Hay algunos sembradores que de antemano saben lo difícil que es conseguir ciertos tipos de perlas, como es el caso de la Ostra Pictada Margaritifera de Tahití, que produce perlas de extremada belleza cada dos años; incluso dentro de la especie, no todas son igualmente bellas. Pero el buen "sembrador" , sabe distinguir la bella ostra de la normal, y sabe que la extracción de la perla es un momento mágico que requiere de destreza y ternura, porque sino se obtendrá una sola perla del molusco, en lugar de una producción permanente de bellezas incomparables.



Sembradores inexpertos matarán ostras perfectas en su afán de ser reconocidos como coleccionistas de perlas preciosas, o vendedores famosos.

Ostras que ignoran su potencial dejarán que se siembre cualquier grano en su interior sin asegurarse que haya un sembrador adecuado y cauteloso de su integridad detrás.

Esperemos que a veces, ostra fuera de la común y sembrador experto se encuentren, y que de este encuentro salga la más maravillosa colección de perlas.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Soledad y vacío

Pasas de soledad en soledad   
Sorteando los minutos y los días,
Negándote las noches

Esperas una palabra que te haga revivir
que te muestre que el amor sí traza puentes
Algo más que un "like"a la distancia

¿Te extraña?

Vas de soledad en soledad
Soledad de sueños
Soledad de abrazos
Soledad de cuerpos

No existes sin las fronteras que él trazaba con su cuerpo
Le regalaste la autoría de la ternura y el placer
¿Dónde están ahora esas porciones de tu ser?


Nadie toma tu mano cuando quieres salir huyendo
Nadie respira a tu lado en el insomnio de la noche

Te estancas en soledad

Soledad de palabras
Soledad de interés
Soledad y vacío


sábado, 16 de noviembre de 2013

Nadie nos enseña

Somos una soledad. Infinita.

Y existimos para los demás en la medida que representamos algo para ellos. Una vez que dejamos de ser aquello que proyectan en nosotros, dejamos de existir. Nadie quiere  lo que somos en realidad
Y a nadie le interesamos enteramente.

Unos ven en nosotros el apoyo, otros la necesidad, otros más acompañarán su soledad con nosotros.

Nadie nos enseña a cuidarnos a nosotros mismos; nadie nos dice: solo a ti le importarás tú.

Y nos metemos en la vorágine relacional esperando encontrar un paliativo a esa realidad que tratamos de no ver: estamos solos.

En la noche fría y oscura nadie calmara nuestros miedos. En los largos días agotadores nadie respetará nuestro cansancio.

Mejor aprendemos eso de una. Y ya!

sábado, 9 de noviembre de 2013

Los vigías del alma



En el conversatorio el otro día contaban de una autora que, para hablar del rol del psicólogo, usaba una anécdota de la segunda guerra mundial; hablaba de los judíos que trasladaban en los vagones hacia los campos de exterminio, pero que no tenían idea de hacia dónde les llevaban. En cada vagón escogían a alguien que mirara a través de la pequeña rejilla que fungía de ventana -un vigía- para que les describiera donde estaban. Muchos de los vigías no decían nada, incapaces de hablar del mundo de afuera al estar encerrados en esas condiciones; otros con dificultad describían lo que veían. Unos últimos contaban que afuera había vida, habían personas que los veían pasar, y que seguramente sabían lo que les estaba pasando; ellos lograban establecer un puente entre la muerte y la vida, dándoles perspectiva a los judíos encerrados sobre "un más allá del vagón", más allá de su propia tristeza.

La autora usa esa metáfora para describir lo que debemos ser los psicólogos: puentes par permitir a los demás encontrar que hay un "más allá" del sufrimiento personal, vigías de esas almas dolientes, atentos y solidarios con ellas.

No sé si uno escoge una profesión o nace determinado para ella. Yo en lo particular creo que nací para esto: me gusta cuidar de los demás, hacer que estén bien, establecer puentes de confianza para tratar de incidir positivamente en sus vidas. Trato de que el contacto que tengo con todas las personas que me rodean,
mi hija,  mi novio, mis padres y hermanos, mis sobrinas, mis amigos, mis alumnos, mis colegas, enfin , con todos, sea siempre enriquecedor. No digo que lo logre siempre, pero estoy convencida de que el sentido de mi vida está en cuidar un poco de las almas de todas las personas que se cruzan en mi camino.

Hace tres años dejé de ejercer como psicóloga, endosé un rol de líder y me puse al mando de un aparataje institucional. No lo hice como otras personas que llegan al poder, se suben al pedestal y dan órdenes a los demás para ellos no hacer nada. Me puse al nivel de todos, entendí sus deseos y temores, los traté con humanidad y les tendí la mano. Encontré mucha satisfacción en hacerlo y logré muchos objetivos, tanto los propuestos como muchos más que fueron surgiendo en el camino. Si bien ya no era psicóloga, seguí cumpliendo con mi sentido interno, y siendo en parte, vigía de sus almas.

Esta semana sin embargo me tocó sacar fuerzas extras porque tuve que cuidar más, y de más personas, por todo lo que pasó: contuve, abracé, intervine, actué, decidí, dí respuestas para tranquilizar, las busqué más allá de mis propias preguntas. Al mismo tiempo, tuve que cerrarme más a los demás para impedirles el acceso a mis motivaciones, porque tuve que seguir cumpliendo el rol y la función en la que me hallo. Tuve que ponerme máscaras extras porque un buen líder no es un líder que tiene sentimientos. Por dos momentos de debilidad en los que no usé máscara escuché que me decían "tú eres tu función acá, no puedes permitirte ser humano" "ya es hora de dejar de sufrir y salir adelante". Tuve que fingir que no sufría porque eso no me está permitido. Esta semana fui un vigía que no durmió, y que continuó con su vida pese al cansancio y a la tristeza.

Hoy que es sábado y ya todo ha pasado me pregunto: ¿quién cuida de los vigías?

lunes, 4 de noviembre de 2013

Una persona sin vida ya no es una persona

Cuando la vida acaba de súbito, lo único que queda es un millón de interrogantes

¿Por qué lo hizo? ¿Por qué acá? ¿Por qué a esta hora?

¿Se levanta uno planificando su propia muerte, diciéndose "hoy, en el receso entre las dos clases, subo al 10mo y veo si tengo la suerte de que la terraza esté abierta para botarme"?

¿O es solo una conjunción entre la depresión, la mala suerte de tener el acceso libre y la soledad de no haberse encontrado con nadie que la detuviera?

Hoy cuando bajé a ver lo que había pasado, mi único pensamiento era : "por Dios que no sea de psicología". No la reconocí, pero tampoco los conozco a todos. Ni creo que la reconocería si viera una de esas fotos lindas que nos dan para su carpeta o ponen en el face, en la que todos sonríen y están guapos.  Lo que ví fue un cuerpo que parecía un muñeco descompuesto, unos ojos vacíos de vida enmarcados en cabellos chureados, sangre desparramada por toda la piel blanca salpicada de pecas. Entendí inmediatamente que estaba muerta. ¿Por qué los médicos se ensañaban en reanimarla? Sus pies se movían pero no era nadie, era el efecto del masaje. Si alguien se hubiera detenido a ver sus ojos habría entendido que hace tiempo que lo que hacía humana a esa persona había abandonado el lugar.

 La gente se agolpaba y me entraron unas ganas enormes de llorar. ¿Qué importa si se trataba o no de alguien de Psicología? Hoy una hija, una amiga, una hermana, una prima, una alumna... no regresará a casa. Una familia, unos amigos, unos hermanos, unos profesores... dejarán para siempre de interactuar con una persona.

¿Quién eras tú? ¿Alguien pudo ayudarte y no lo hizo? ¿Nos tornamos invisibles a tí, a tu dolor?

Espero que hayas conseguido la paz.

martes, 22 de octubre de 2013

¿Cuándo se inventó la preadolescencia?

Desde hace varias semanas mi hija de 8 años (casi 9) tiene un comportamiento extraño: todas las noches me reclama una cosa y otra a voz de grito y con un montón de llanto, desde el divorcio hasta cosas más sutiles como no poder dormir. El otro día se plantó frente a mí después de uno de estos episodios, para agradecerme por “pagarle la vida”. En ese momento, sentí como un desfase temporal, porque me esperaba a tener este tipo de escenas en, según yo …¿unos 3 años? Ha reivindicado también ir en el puesto delantero del auto, tener celular, y no sé cuántas otras cosas ridículas para su edad desde mi punto de vista.

Yo, ingenua, pensé que era por la mala influencia de la tele y de sus amigas cuyas madres les hacen ser adolescentes prematuramente, hasta que ayer mi psicóloga me dijo que todo esto son indicadores de “preadolescencia”. Solo de oír esa palabra casi me caigo del sillón.

¿Qué diablos es eso de la preadolescencia? Se supone que como psicóloga debería de saberlo pero me palpita que “Psicología del Desarrollo I” fue una de las clases a las que nunca fui en Lovaina porque me aburría el profesor. ¿O tal vez soy un dinosaurio y “en mi época” no se hablaba de eso?

 Pues resulta que entre los 8 y los 12 años, según una fuente de internet, los niños ya no son niños ni las niñas, niñas, sino preadolescentes. Saberlo me hace sentir fatal… Porque resulta que esto de la preadolescencia viene con una combinación de contradicciones, en las cuales el “preadolescente” quiere permanecer siendo niño pero se porta ya como un adolescente en ciertas facetas de su vida. ¿Por qué nadie me avisó que mi pequeña y dulce hija se transformaría en un híbrido al que le seguiría gustando jugar con peluches pero me pediría usar desodorante e invitar al novio al cumpleaños?

Claro que cuando se lo dije a ella ayer (no lo del híbrido, sino lo de pre-adolescente), casi salta de la felicidad. Para frenarle un poco tuve que decirle que crecer viene no solo con derechos sino con obligaciones; así, negociamos que se va a ir a acostar media hora más tarde pero se levantará media hora más temprano para preparar su lonchera y su desayuno. De la misma forma, podrá ir adelante en el auto cuando alcance el tamaño de una niña de 12 años (en 3 centímetros más de su tamaño actual según otra fuente de internet), pero nada de celular hasta los 16.

 Lo peor de todo es que creo que mi psicóloga tenía razón, ya que aunque ayer en la noche mi hija me pidió que le acariciara los cabellos para dormirse como cuando tenía 2 años, hoy se levantó mientras yo me duchaba, tendió su cama y preparó solita su desayuno y su lonchera.

Y yo que pensaba que tenía aún 3 años antes de comenzar con estas cosas… Recibir esa noticia fue como mandarme de golpe y sopetón a un mundo futuro – no muy agradable- sin hacerme el “upgrade” de rigor; con cada cambio de este tipo deberíamos de recibir un apoyo extra: un manual estilo “preadolescencia para Dummies”, una línea de apoyo telefónica, o por lo menos un kit de emergencia para abrir “en caso de no saber qué hacer”; ¡qué sé yo! En lugar de eso, pasada la tormenta del día solo nos queda la voz de la conciencia (que se parece mucho a la de mi mamá) resonando “para qué te metiste a tener hijos” y las fuentes (dudosas) de internet para googlear a cualquier hora de la noche.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Del matrimonio de la Lola y el matrimonio en general



Mi amiga Lola se casa en junio. Conoció a su novio hace unos pocos meses, en un viaje a México motivado a la vez por la auto-búsqueda y la formación personal. No sé si se puede decir que lo conoció allí, ya se habían conocido antes, tal vez una mejor palabra es se re-conocieron hace unos meses. Nos contaba  ella  ayer que cuando él se le declaró, sintió que su mundo se  derrumbaba, o que se le sacudía, pero a la vez como que todo parecía cobrar sentido de repente; como no encontraba una expresión precisa para describir lo que le pasó, le presté una mía: “sentir que el péndulo interno está perfectamente alineado”. Ella estuvo de acuerdo: estar con Hermel parecía la cosa más lógica del universo, como que cósmicamente todo lo transcurrido había tenido lugar apuntando a ese encuentro, como cuando después de viajar mucho uno se encuentra frente a un lugar perfecto y quiere detenerse y dejar de corretear porque entiende que ahí está su hogar.

Pero bueno, hay un enorme paso entre el saber que estamos con la persona que alinea nuestro péndulo y casarse con ella. Mi amiga Conchis preguntaba: ¿por qué? Doble pregunta en realidad porque quería a la vez decir: ¿Por qué casarse?  Y ¿Por qué tan rápido?


¿Por qué casarse? Hummm…. Eso demanda una reflexión bastante extensa…

El matrimonio no es una cosa fácil. Hay quienes le temen “de cajón”, lo ven como algo innecesario o convencional y deciden simplemente nunca arriesgarse. Hay quienes no encuentran una persona que les mueva lo suficiente para hacerlo. Hay otros que, pese a haber encontrado esa persona,  dicen no estar listos porque esperan alguna señal del universo que les diga “este es el momento”. Hay los que ya lo hicieron y no les fue bien, y por temor a pasar de nuevo por todo el sufrimiento que eso implica dicen “nunca más”.

Sea como que sea que lo veamos, el matrimonio es un acto social importante. En algún momento de nuestra historia se decidió que era un buen método de regular el desenfreno del instinto y civilizarnos a la fuerza; casados, era más fácil saber quién era padre de cuál hijo y estructurar las cosas para que los niños tuvieran suficiente protección. El matrimonio así mismo es un contrato, firmado por las partes involucradas para proteger el interés económico de lo que se construye en común. Permite también saber quién hereda qué en caso de fallecimientos súbitos y hasta  consolida imperios si la cuestión económica es alta…

Por otro lado, el matrimonio da estatus. Ser novio/a de alguien es ser un anexo intercambiable: se cambia de pareja en cualquier momento en que la cosa ya no le gusta a uno de los miembros, o que alguien más allá le gustó más; estar casado, en cambio,  es un derecho de posesión, no se puede deshacer un matrimonio así no más, no se puede ignorar el anillo en la mano de la persona y coquetearla impunemente, el anillo dice : “ten cuidado, hay otro/a involucrado y te puede ir mal si te metes con él/ella”. El matrimonio une familias, obligando a adoptar en su seno a personas que muchas veces no son tan afines y se evitaría en otras circunstancias. Contrariamente a otros modelos relacionales como el ser “novio” o “enamorado”, el matrimonio da seguridad, seguridad de no ser abandonado el rato menos pensado, porque alguien más interesante se le cruzó por delante a la pareja en un momento de debilidad y no pudo resistir…

En sí entonces, el matrimonio tiene un fin social innegable.  Consolida lazos, une familias, forja contratos económicos estables, reasegura la exclusividad relacional. Sin lugar a dudas la Conchis diría “¡Y qué! ¡Para qué nos importa la sociedad!”. Es verdad, tal vez deberíamos ignorar lo que dice la sociedad y solo fijarnos en nuestro péndulo bien alineado… Sin embargo, nos construimos como entes sociales, en el seno de familias y culturas, e ignorar lo que dice la sociedad es un poco luchar con algo interno que nos dice que el anillo es importante, ya que ayuda a recordar a todos – y a uno mismo- que el péndulo se alineó con alguien que también se sintió alineado.

Si fuera solo algo social, sin embargo, entonces bastaría con firmar el papelito en el registro civil, armar la farra y ya. ¡Pero la Lola quiere casarse en la iglesia! ¿No es eso algo como más serio, desde todo punto de vista? Creo que sí; creo que no es lo mismo jurar frente a Dios que ir a decirle a un humano que vamos a unir nuestras economías, ponernos anillos para que no nos seduzcan y no caer en tentación y crear un capital que sustente a  nuestros hijos.


¿Por qué se casa la gente en la Iglesia? Me parece que la gente va frente a Dios -se crea o no en él-, ya que representa un ser superior, uno al que se toma en serio y al que no se quiere mentir, con la genuina idea de que se desea compartir el resto de la existencia con esa persona especial. Las personas quieren decirle a Él, más que a un juez o a un ser humano, que el otro con el que están les alinea tan bien el péndulo que están  dispuestos a compartir con él el espacio, el tiempo, la  cotidianidad aburrida, con la esperanza de que juntos esa misma cotidianidad va a ser de otro tipo, porque esa persona puede potenciar un crecimiento en ellos. Van a contarle que no la dejarán a la vuelta de la esquina porque se están uniendo para “las buenas y las malas”. Le prometen  a Él que esa persona tendrá exclusividad en su vida, en su cama, en su alma. Hay un nivel extra de compromiso al ir a la Iglesia, porque ya no es solo una unión material sino una unión espiritual.

Ahora, conozco decenas de matrimonios que se fueron a jurar todo eso y fracasaron. No hablo de la gente que se divorcia, sino de los que se quedan juntos y son infieles, o no se aman, y que amargan la vida de su cónyuge todos los días, haciéndoles pagar en cada acto cotidiano el sinsabor de estar juntos. Conozco gente con anillos que coquetea delante de sus parejas. Personas que aunque juraron delante del juez y de Dios, hacen caso omiso de los votos y no construyen hogares sino pequeños infiernos. La gente que se divorcia por lo menos admite el no haber logrado hacer lo prometido y deja libre al otro de encontrar un camino propio de felicidad.

Psicológicamente hablando, no creo que el matrimonio fundamente a la pareja porque lo que la fundamenta es el amor. Pero no el amor como un sentimiento interno, sino como dice Fromm, un amor con tres componentes indisolubles: lo pasional, lo fraterno y la voluntad. El amor pasional tiene que ver con esa necesidad física de proximidad y de unión con el otro, ese sentimiento de que uno puede perderse corporalmente en el amado y encontrarse con su alma. La parte fraterna vendría a ser esa ternura, ese sentirse  responsable del bienestar de su pareja y cuidarla, estando atentos a las necesidades del otro y potenciando su crecimiento como ser humano. Y el componente de voluntad puede plasmarse en diversos actos de compromiso, de los cuales uno es el matrimonio con todas sus ceremonias, pero no el único que puede existir.

Hay quienes llevan el compromiso solamente tatuado en el alma. Los que, una vez que deciden estar con alguien, se lo hacen saber a él y a los demás de una manera sutil: aprenden a detectar qué pone en riesgo la relación y simplemente la priorizan por encima de esas cosas cotidianas que destruirían el vínculo. Es una elección difícil, porque la sociedad, la de afuera pero también la que hemos internalizado,  está siempre exigiendo pruebas, pruebas de que existe el mismo nivel de compromiso en la psique de otro. Creo que hay muchos que deciden no complicarse con este componente y prefieren ese tipo de relaciones “abiertas” que proponen, aparentemente, menos sufrimiento y menor incertidumbre (se tiene la certeza de que no hay compromiso y no hay por qué hacer esfuerzos mientras el otro juega conmigo). Creo que hay algunos que saben que podrían dar ese paso, pero que por miedos a fracasos propios o ajenos deciden no hacerlo. Y creo que hay quienes, como la Lola, quieren plasmar ese compromiso en una ceremonia social y religiosa, como una manera de decirle a su pareja, a la sociedad y a Dios, que sí creen que van a seguir alineándose mutuamente el péndulo para siempre.


Solo falta ahora contestar a la segunda pregunta: ¿por qué tan rápido?

Eso de cuánto tiene que durar una relación antes de que las personas se conozcan lo suficiente es sumamente relativo. Por mi parte creo que uno nunca llega a conocer a nadie lo suficiente, porque las personas estamos siempre cambiando. El conocimiento de alguien se construye en el continuo intercambio con esa persona. Me explico: yo puedo vivir con alguien 5, 10 y hasta 15 años y no conocerlo para nada, porque llevamos vidas yuxtapuestas y no nos interesamos en esa persona.

Así mismo, pensar que la decisión es rápida implica que hay que dejar pasar el tiempo. Pero ¿quién ha dicho que tenemos todo el tiempo del mundo? Hasta ahora no sé de alguien que sepa con certeza cuánto va a vivir. Creemos que tenemos toda la vida por delante para tomar decisiones trascendentales, y como decía, esperamos la “señal divina” que nos diga “ahora sí”. He descubierto con mi poca experiencia, que nunca se está suficientemente listo para nada de lo esencial: escoger la carrera, hacer el amor, cambiar de país, casarse, tener hijos, aceptar postular para un puesto de responsabilidad, renunciar a un trabajo que no nos gusta, frenar el acoso de tu jefe, dar un primer beso… nada ni nadie nos dice “ahora es cuándo”. Decidir dar el paso implica solamente dos cosas: una, entender que la vida se nos escapa esperando el momento preciso y que a veces cuando queremos hacer algo ya es demasiado tarde. Y dos: tener la valentía de hacerlo, asumiendo las consecuencias que nos vengan con ello.

Entonces, en resumen, no me parece tan rápido que la Lola se case en junio. Al contrario, si ya encontró quien le alinea el péndulo, y ella le hace sentir igual a él  y quieren estar juntos, junio parece lejísimos para empezar ese camino. ¿O no?

viernes, 27 de septiembre de 2013

Creo que a veces el corazón gotea



Creo que a veces el corazón gotea
sutil y suavemente, como un jarrón trizado
se escapan por  sus grietas las lágrimas contenidas
esas que ni el otoño logra evaporar

Creo que a veces el alma anestesiada
se queda dormida en la cama
Y uno transita vacío y sin rumbo
zombi entre los zombis del mundo
  
Creo que a veces el corazón gotea,
el alma está dormida y ya no hay esencia
solo el sol del otoño que ya no calienta
y  sonrisas vacías para ocultar  las grietas

lunes, 23 de septiembre de 2013

Sobre el ser madre y el ser uno mismo




 Yo crecí en una familia con una madre que trabajó siempre pero se “desdobló” para cumplir con el papel tradicional: cocinaba, planchaba las camisas de mi padre, hacía los deberes con nosotros. Se levantaba 5 de la mañana para hacer el jugo que todo el mundo criticaba a la hora del desayuno: muy frío, muy espeso, muy caliente, muy insípido…  No fuimos buenos apreciando eso en ella, y ella siempre puso en claro que tampoco sacaba mucha satisfacción de hacerlo, recalcando cuánto sacrifico implicaba ese rol, y como “así debía ser” en nombre de la estabilidad de la familia.

Creo que no era en nombre de la estabilidad emocional de nadie en el fondo, sino de la social: las mujeres como mi mamá fueron criadas para mantener unida a la familia pese a todo y sobretodo pese a ellas. Se conformaron con responder a medias a sus aspiraciones profesionales o personales, a favor de sacar adelante las de sus maridos y la educación de los hijos. Aceptaron de sus esposos que ellos tuvieran vida social, salieran, fueran conocidos e incluso cosas peores, como infidelidades, dobles familias, gritos e insultos, con tal de que puertas afuera todo pareciera bien. Estas mujeres dejaron que su estima, su realización y su felicidad no significaran nada para los otros ni tampoco para ellas. Si tuviera que dibujarlas, creo que las haría como en las caricaturas: con 8 brazos para poder hacerlo todo a la vez (cargando un bebé, cocinando, leyendo un libro, dándole la comida al marido,…etc.) y con una cara como la mamá de Mafalda cuando hace las tareas de la casa.

Como toda persona que se construye con modelos, yo asimilé inconscientemente ese modelo de mamá aunque lo rechazara en el plano consciente. Sin querer, construí mi vida de igual forma y durante 7 años me la pasé con la única satisfacción proviniendo de mi rol materno, sin pensar mucho en nada más.  Creo que si mi propia hija no hubiera puesto un día la distancia necesaria, yo habría podido pasarme así como mi madre -como un montón de mujeres,- atrapada en una vida que fue la de todas las generaciones pasadas sin intentar primero y ante todo ser lo que fui desde el primer día: YO MISMA antes de ser una MADRE.

Porque aunque suene simple, es una realidad que se nos olvida: antes de ser una madre, somos personas. antes de ser un rol social, somos individuos, con deseos, pasiones, expectativas, metas, sentimientos, propios y originales de cada uno. Antes de tener que ocuparnos de otros, hay un ser interno que necesita encontrar satisfacción en la vida,  ser feliz haciendo aquellas cosas que le llenan, buscando vías que transitar, personas especiales con las que compartir, etc. Pero nadie nos lo dijo, ni nos lo enseñó, ni nos dio el modelo. Nuestras madres,  al contario, nos dijeron: “asume el rol antes de ser quien eres tú”, aliena tu felicidad en pro de la ajena.

Tomar conciencia de eso es algo que en sí no es tan difícil. Pero hacer algo con ello ya es más complicado. Sin embargo, yo decidí un día preocuparme primero de ser yo. Eso me llevó por un camino complicado, porque tuve que renunciar a obedecer al rol social impuesto y comenzar a  encontrar a la persona que dejé de ser en algún momento. Tuve que rebuscar esos aspectos de mí que había dejado en mi sombra; cambié tanto que hasta llegué a cuestionar mi orientación profesional; dejé mi matrimonio porque me dí cuenta que uno no tiene por qué vivir resignada dentro de una relación en la cual no se encuentra satisfacción y decidí que vivir con mi hija es un buen modelo de familia, aunque la sociedad diga que es mejor cualquier cosa antes que estar sola. Me impuse la meta de  mostrar a mi hija que se puede vivir nuevas historias, diferentes, llenas de emociones y sentimientos, que no son necesariamente las que nos contaron, sino las que nos toca descubrir,  que ser uno mismo es apoderarse de su destino y que no importan las dificultades, lo que diga la gente, el rechazo y hasta la estigmatización social cuando se toman las decisiones por las razones justas.


Este camino me ha valido un montón de soledad: me ha hecho perder amigos (pero creo que si se fueron es porque no valían la pena en el fondo), me cuesta discusiones interminables con mi madre que nunca modificará su modelo para tolerar mi manera de ser, me significa todos los días el no poder hablar de mi vida con la gente que debería de ser la más cercana.  A nivel social,  transitar vías alternas para la felicidad lleva a que todos te juzguen; esas mismas mujeres que han sufrido toda su vida no se alegran que abandones el modelo del sacrificio:  condenan tu decisión y tu manera de ser feliz, poco importa que sean tus hermanas, tías o amigas. No se diga los varones que fueron criados con esas madres abnegadas y renunciantes: en el fondo creen que estás fallando fundamentalmente al orden cósmico cada vez que tu hija llora porque le extraña a su papá. Hay como un trasfondo en sus miradas que te dice: “eres egoísta”.


Pero a mí no me importa, porque he ganado muchísimo en el canje de modelo. Hoy soy libre de ser la persona que quiero: escribo, me río y disfruto de las cosas esenciales que me hacen feliz, como la música, la poesía y la buena compañía; no voy más a reuniones por compromiso y prefiero la compañía de los peces a la de personas vacías que no me aportan nada.   También enseño a mi hija cómo hacer para que halle su camino de felicidad. Sé que nunca le pasaré la factura del haber dejado mi vida por ella, no le reclamaré como hacen las madres “por tu culpa dejé esto o aquello”. Podrá ser libre de escoger ella también su camino y cuando se vaya de mi lado no se sentirá culpable de dejarme porque sabrá que yo sí tengo una vida y soy feliz.

El camino que estoy recorriendo es el que quiero y estoy segura que cuando mire atrás no va a ser plano, tal vez se vea hasta tortuoso pero será el mejor que pude haber escogido, porque lo escogí YO.

lunes, 9 de septiembre de 2013

De los desfases entre el alma y la realidad

El alma funciona con su propio reloj y sus propias medidas, existiendo una desconexión fundamental entre lo que sucede en "el mundo real" y lo que nuestra psique capta de ello. Eso genera interesantes desfases cronológicos y físicos que me han hecho reflexionar.

Me he dado cuenta, por ejemplo, que el tiempo  transcurre diferentemente para el alma que para el cuerpo : así, es fácil encontrar almas viejas encerradas en cuerpos de niños y almas jóvenes atrapadas en cuerpos envejecidos. La mamá de mi amiga Silvia, por ejemplo, es una señora de más de 80 años que se enoja con su cuerpo porque le traiciona y no le deja hacer más, pero que hace más a sus 80 que otras personas que conozco y tienen la mitad de su edad. En concordancia con su alma, acaba de remodelar parte de su casa y solo espera poder ahorrar más para demoler una pared, ampliar el área de esparcimiento que acaba de crear y trasladar su cocina al patio de atrás que va a cerrar y, por supuesto, le dejará un espacio enorme para preparar las copiosas comidas que suele compartir con nosotras como si fueramos parte de su familia.

De almas viejas en cuerpos jóvenes tengo un sinfín de ejemplos. La mayoría de personas que conozco están atrapadas en vidas sin sentido que son aquellas que dictan viejos códigos sociales, reglas obsoletas que no son las de ellos...  No logran disfrutar de nada porque viven ansiado satisfacciones ajenas, trazan sus vidas según las expectativas de la sociedad y se entrampan en el juego en el que el dinero y el  "que dirán" son más importantes que su propia felicidad. ¿Felicidad? huyen a esta palabra porque les traería pesadillas el mirarse al espejo de la realización personal y ver lo que son. El verlas envejecer a través de los años es solo un proceso lógico en donde el alma acaba por atravezar las células de sus cuerpos y se transparenta al fin, llena de arrugas que estuvieron siempre ahí...

El tiempo psíquico nos juega malas pasadas: cosas que no nos agradan nos parecen eternas; momentos felices se nos escapan de las manos... El reloj implacable hace "Tic Tic" a la misma velocidad siempre, pero a veces sentimos que nos arrastra al abismo de lo eterno y a veces que nos lanza a lo efímero del instante. Ansiamos que lleguen momentos específicos: en nuestra infancia, la Navidad o nuestro cumpleaños, cuando somos adolescentes una fiesta o el momento en que un chico se nos va a declarar, en nuestra adultez, el nacimiento de un hijo o el reencuentro con la persona amada.Todo acaba por llegar, pero con una lentitud extrema, y cuando llega se desvanece con la ligereza de las cenizas ante la primera brisa... Quisiéramos recogerlas, juntarlas de nuevo, y ni siquiera el recuerdo es suficiente para pegarlas entre ellas y reconstruir lo vivido.

El alma violenta la realidad no solo en el tiempo, sino en el espacio. Cuando una persona se va, por ejemplo, sabemos que la distancia nos separa irremediablemente pero cuando la racionalidad está apagada, cuando nuestra conciencia no gobierna nuestro corazón, seguimos sintiéndolas tan cerca que nos asombra despertar y no encontrarlas a nuestro lado, o nos entristece que no respondan, que se pierdan esos momentos que vivimos, que no nos puedan consolar si las lloramos.

Nuestra alma, irracional como ninguna, no entiende la ausencia en términos normales, por eso soñamos con nuestras personas queridas aunque hayan muerto, añoramos su presencia, quisiéramos tenerlas a nuestro lado aún cuándo sabemos que eso  no es posible. Hablaba con una alumna muy querida respecto a esto, y me dí cuenta que la distancia no existe cuando amamos a alguien. Que se haya ido de viaje, que esté a diez minutos de nosotros, que ya nunca vaya a regresar... para el alma es igual. El alma no capta lo irremediable de la distancia, solo percibe lo profundo de la ausencia.

Para nuestra psique el espacio y lo que lo ocupa nada tienen que ver con la realidad: la  soledad nos invade aunque nos rodeen muchas personas e inversamente, como decía Lamartine, basta que nos haga falta un ser para que todo esté despoblado... Pero aunque allí, en la realidad compartida, no logremos estar cerca de la persona ausente o fallecida, en el fondo sabemos que se necesita más que el tiempo y la distancia para separarnos de ellas. Hay un  curioso sentimiento que  se llama esperanza... Es lo que nos mantiene firmes frente al "Tic Tic"de ese reloj en cámara lenta, con ella desafiamos las horas que nos pesan, contamos los amaneceres que nos separan de las personas ausentes, soñamos con el reencuentro, ya sea real o psíquico, que en algún momento o en algún espacio se dará...

Y es que para nuestra alma lo único que es importante es ese etéreo concepto de felicidad, que existe fuera del tiempo y del espacio, que se enraíza no en la tierra sino en el amor. Veo a mi sobrinito llorar como si se le acabara el mundo cuando mi hermana no entra rápido al ascensor... Y calmarse al minuto cuando la tiene cerca. La felicidad está en los vínculos que se tejen entre las almas, a veces  tan fuertes que logran crear el concepto de lo eterno, ya que son vínculos que no desaparecen , no se desanudan, no se rompen, pase lo que pase en la "vida real".