martes, 15 de julio de 2014

Soberbia versus Humildad


Creo que nuestra humanidad está enferma. Enferma de múltiples enfermedades que hemos descuidado.  Las enfermedades del cuerpo han recibido toda la atención, y tenemos una ciencia médica que hace -realmente- milagros: injertos, trasplantes, robótica, clonaciones... Las enfermedades de la mente, por su lado,  reciben no siempre la atención que se amerita pero por lo menos hay diversos tratamientos disponibles: fármacos, psicoterapias de diversas corrientes, consejerías…

Pero no creo que nos hemos detenido a analizar otro tipo de enfermedades, aquellas que aquejan al alma. No reconocidas como enfermedades, no dejan de serlo y envenenar a la humanidad, y sin embargo no reciben ningún tipo de intervención. Estas enfermedades, que en su lado positivo se transforman en virtudes, son varias; he detectado algunas de las cuales quiero comenzar a escribir en mis siguientes entradas.


El día de hoy reflexionaré sobre la primera:  Soberbia versus Humildad.

A veces nos olvidamos que muchas de las cosas que tenemos nos han sido dadas “de cajón” y no hicimos nada para merecerlas. Estas “cualidades” que poseemos (belleza, inteligencia, familia, estatus social, dinero, etc…) las obtuvimos por azar, al nacer en un lugar preciso en un momento preciso y de determinados padres. El azar nos pudo hacer nacer menos lindos, en el desierto de un país eternamente en guerra, discapacitados, ¡qué se yo!. El Universo fue favorable para nosotros y  debemos entender que poseer esto que poseemos no nos hace mejores que los demás, al contrario: estamos en deuda con ese Universo y es nuestra obligación mejorar las condiciones de los que no salieron tan favorecidos en la Rueda de la Fortuna.

La humildad (o sencillez) es una virtud que no está al alcance de todos porque implica cambiar el modo de vernos y de ver lo que hacemos, desde la visión del “me merezco” hasta autoconcebir que lo que tengo fue un regalo no merecido, y lo que logro con ello no es  excepcional, es solo parte de lo que nos toca vivir con esos dones. Implica entender que grandes dones vienen acompañados de grandes oportunidades, pero también de grandes responsabilidades que no podemos evadir.

A veces tenemos circunstancias intermedias, como en el caso del Presidente: un hombre que nació en un medio no favorecido, con una familia con problemas, pero agraciado físicamente y con una altísima inteligencia; ha logrado potenciar favorablemente los dones que obtuvo para revertir su destino y se ha preocupado de dar a los demás aquello que le faltó.  Entonces, ¿por qué tanta gente le tiene un afecto negativo? Puede en algunos casos ser por pura malicia, en otros por envidia. Personalmente, creo que provoca esta reacción porque le falta esta virtud que es la humildad para ser un gran hombre: humildad para no lanzarse flores todo el tiempo, humildad para no menospreciar a los demás, humildad para reconocer que sólo cumple con su deber de Presidente de la Nación y que lo que hace no es excepcional, es simplemente cumplir con su trabajo y revertir su deuda con el Universo.

Primera lección que debemos aprender en la vida: ser humildes, reconociendo que la grandeza que poseemos debe ser usada sabiamente para el bien de la humanidad.

2 comentarios:

  1. Interesante tu punto de vista Francita, humildes y gratos. Tener gratitud con todo lo que vives es un paso super importante.
    Lo del presidente Correo es más complejo, ya cruza por varios análisis. Pero tu concepto inicial lo comparto, la soberbia es una posición muy temeraria

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  2. Sí Sandrita de todos modos la realidad siempre es más compleja de lo que nos imaginamos. Pero si tan solo puliera ESTA arista, algo ya cambiaría :-)

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