Creo que nuestra
humanidad está enferma. Enferma de múltiples enfermedades que hemos descuidado.
Las enfermedades del cuerpo han recibido toda la atención, y tenemos una ciencia
médica que hace -realmente- milagros: injertos, trasplantes, robótica,
clonaciones... Las enfermedades de la mente, por su lado, reciben no siempre la atención que se
amerita pero por lo menos hay diversos tratamientos disponibles: fármacos,
psicoterapias de diversas corrientes, consejerías…
Pero no creo que nos
hemos detenido a analizar otro tipo de enfermedades, aquellas que aquejan al
alma. No reconocidas como enfermedades, no dejan de serlo y envenenar a la
humanidad, y sin embargo no reciben ningún tipo de intervención. Estas
enfermedades, que en su lado positivo se transforman en virtudes, son varias;
he detectado algunas de las
cuales quiero comenzar a escribir en mis siguientes entradas.
El día de hoy reflexionaré
sobre la primera: Soberbia versus
Humildad.
A veces nos olvidamos que
muchas de las cosas que tenemos nos han sido dadas “de cajón” y no hicimos nada
para merecerlas. Estas “cualidades” que poseemos (belleza, inteligencia,
familia, estatus social, dinero, etc…) las obtuvimos por azar, al nacer en un
lugar preciso en un momento preciso y de determinados padres. El azar nos pudo
hacer nacer menos lindos, en el desierto de un país eternamente en guerra,
discapacitados, ¡qué se yo!. El Universo fue favorable para nosotros y debemos entender que poseer esto que
poseemos no nos hace mejores que los demás, al contrario: estamos en deuda con
ese Universo y es nuestra obligación mejorar las condiciones de los que no
salieron tan favorecidos en la Rueda de la Fortuna.
La humildad (o sencillez)
es una virtud que no está al alcance de todos porque implica cambiar el modo de
vernos y de ver lo que hacemos, desde la visión del “me merezco” hasta
autoconcebir que lo que tengo fue un regalo no merecido, y lo que logro con
ello no es excepcional, es solo parte
de lo que nos toca vivir con esos dones. Implica entender que grandes dones vienen
acompañados de grandes oportunidades, pero también de grandes responsabilidades
que no podemos evadir.
A veces tenemos
circunstancias intermedias, como en el caso del Presidente: un hombre que nació en
un medio no favorecido, con una familia con problemas, pero agraciado
físicamente y con una altísima inteligencia; ha logrado potenciar favorablemente
los dones que obtuvo para revertir su destino y se ha preocupado de dar a los
demás aquello que le faltó. Entonces, ¿por qué tanta gente le tiene un afecto negativo?
Puede en algunos casos ser por pura malicia, en otros por envidia.
Personalmente, creo que provoca esta reacción porque le falta esta virtud que es la
humildad para ser un gran hombre: humildad para no lanzarse flores todo el
tiempo, humildad para no menospreciar a los demás, humildad para reconocer que
sólo cumple con su deber de Presidente de la Nación y que lo que hace no es
excepcional, es simplemente cumplir con su trabajo y revertir su deuda con el Universo.
Primera lección que
debemos aprender en la vida: ser humildes, reconociendo que la grandeza
que poseemos debe ser usada sabiamente para el bien de la humanidad.
Interesante tu punto de vista Francita, humildes y gratos. Tener gratitud con todo lo que vives es un paso super importante.
ResponderEliminarLo del presidente Correo es más complejo, ya cruza por varios análisis. Pero tu concepto inicial lo comparto, la soberbia es una posición muy temeraria
Sí Sandrita de todos modos la realidad siempre es más compleja de lo que nos imaginamos. Pero si tan solo puliera ESTA arista, algo ya cambiaría :-)
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