sábado, 8 de agosto de 2015

Salvemos al amor



Soy fanática del « reusar, reducir, reciclar ». Desde mi infancia ver gotear la llave me ha hecho entrar en pánico porque en la escuela me mostraron un documental en donde una niñita africana debía cavar con sus manos la arena reseca para recuperar baldes de agua amarillenta, mientras en mi casa se dejaba abierto el grifo del lavabo mientras se iba a ver si la comida no se quemaba en la cocina.

Siempre me dije que hay cosas esenciales que no se debe bajo ningún concepto desperdiciar : el agua (obviamente),  la comida, el aire puro que respiramos… cosas que son superfluas  para muchos. Al pasar de los años he incluído entre ellas al amor; paradójicamente, porque  el amor tiene un estatus particular.


Es que el amor no es un bien no renovable, por lo cual nadie va a hacer un documental para que lo salvemos. Al contrario, en el alma del ser humano existe un pozo de amor; es un bien que en muchas características se parece al dinero - genérico, valioso  y atractivo-  con la ventaja de que es inagotable y no cuesta nada producirlo. Muchos lo derrochan como en el casino, en apuestas  inútilmente enfocadas en el bien individual. Otros lo atesoran toda la vida y son tacaños, porque piensan que es mejor enterrar el capital con ellos que arriesgarse a invertirlo. Otros más lo van gastando « de a poquito » y cuando tratan de ver qué les ha generado, no ven nada. Lo visionarios « apuestan todo » y a veces ganan el paraíso, aunque otras veces terminan como los magnates en fiascos, suicidados bajo un puente en la miseria absoluta.

Yo en lo particular  creo que el amor es inagotable y debe ser tratado como un bien renovable especial, que debe ser cuidado con principios particulares. 
A los seres humanos a veces nos cuesta ser respetuosos de la naturaleza. Pero, paradójicamente, creo que tenemos una especie de "conciencia ecológica "que no aplicamos a lo no renovable y lo hacemos inconscientemente con el amor, así no sea del todo pertinente.

Revisemos. 

Reciclar implica someter algo " a un determinado proceso para que pueda volver a ser utilizable, o para incrementar sus efectos, actualizarlo o modernizarlo" (http://www.wordreference.com/definicion/reciclar). Esto es como ponerle un « update » al amor, algo que hacemos cuando en lugar de enviar  « cartas de amor» escribimos «whatsapp » y los rodeamos de emoticones. O cuando dedicamos al ser amado  una bachata barata o un reggaeton sexual pensando que dicen lo mismo que los poemas de  Pablo Neruda, Mario Benedetti, Alfonsia Storni o las canciones de Ismael Serrano.

Reusar involucra sólo « cambiar de objeto ». Hoy me gustan los girasoles, mañana todas las flores : si creo que el girasol es « lindo », mañana le digo « linda » a la flor de trébol, a la margarita, a la rosa…. Reusar, en términos de la escala creativa, es  como comparar en la escala evolutiva gaviotas y picaflores. Implica usar sin discriminar las misma palabras, los mismos gestos, las mismas caricias frente a diferentes personas; algo tal vez bueno para el ambiente, pero en términos de amor, una total estafa: a todos/asles digo "mi amor", a todos/as les regalo lo mismo:  Amor-en-los-tiempos-de-la-sociedad-del-consumo-uniforme. Bonjour García Márquez mal interpretado.

Reducir… implica tratar de eliminar lo superfluo en el amor para dejar sólo lo básico. Ahí entro en un conflicto existencial profundo : ¿es superfluo preocuparme por el bienestar del otro ? ¿que él me regale sus amaneceres trasnochados ? ¿Recitarnos un verso obsoleto de Gustavo Adolfo Bécquer ? ¿Besarnos la tinta recíproca en la piel, esa que yo me tatué y la que él tiene en los dedos de haberme dedicado los graffitis en el muro ? Lo superfluo , desde mi óptica, es esencial en el amor.

Por ende así no sea coherente con mi manera de ser “ecologista”, debo declarar hoy : No se recicla, no se reusa, no se reduce en el amor.

Si aplicamos la regla- es decir si lo transformamos en algo nuevo, si usamos las mismas expresiones, los mismos adjetivos, si lo conjugamos igual, si lo minimizamos… simplemente  no es amor.

Y aún así _así el amor sea inagotable, así  no necesite de principios de ecología aplicada_  me queda esa impresión que el amor debe ser salvado. Salvado de la modernidad que conjuga el verbo amar con cualquier sustantivo ("amo las hamburguesas", "amo este juego", "amo la tele") y que se olvida que el amor implica conciencia del ser amado. Salvado de la banalidad, que hace que nos acostemos con alguien y le digamos "te amo" por un arrebato hormonal que no nos compromete a nada, porque nos vestimos al día siguiente y dejamos que las palabras se desvanezcan en el aire, como si no se quedaran grabadas en algún lugar del alma. Salvado de esta reducción del amor a sus mínimas expresiones, que implica que tengamos el "amor light", bajo en calorías, azúcares y grasas: ese que no se compromete, no se esfuerza, no lucha y simplemente espera obtener el máximo de beneficio con el mínimo de esfuerzo.

El amor entonces termina siendo una paradoja:  ¿bien renovable que debe ser salvado?


Y yo entonces me pregunto: ¿Cómo se salva algo que no está en peligro evidente de extinción?


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