Los
hallazgos de esqueletos de los primeros homínidos bípedos datan de hace 4 millones
de años. Los científicos dicen que son nuestros antepasados más lejanos,
aquellos que se separaron definitivamente del mono y arrancaron con nuestra
lenta -pero segura- evolución. Mucho tiempo después (200.000 mil años atrás) los Homo Sapiens, esa especie a la que
pertenecemos, comenzó a poblar la tierra. Doscientos mil años durante los cuales nuestro
lóbulo frontal nos ha permitido visualizarnos como individuos, agruparnos en civilizaciones,
generar una cultura, crear religiones, en fin : DOSCIENTOS MIL AÑOS DE
EJERCICIO DE NUESTRA EVOLUCIÓN.
Pienso
mucho en eso cuando miro mi vida y la pongo en perspectiva. La matemática más simple (la única que realmente entiendo) me dice que en
términos evolutivos la duración de mi vida metafóricamente debe equivaler a: NADA.
O sea,
como individuo/a, en términos
evolutivos, no haré la diferencia.
Y para evitar entrar en una crisis existencial-evolutiva, prendo la televisión sin prejuiciarme
ante lo que viene y lo que veo es esto :
- Televisión local : telenovelas baratas, noticiarios que me muestran el lado más feo del ser humano, corrupción local y global, farándula del típico gobierno de país tercer mundista en el cual el dirigente, en lugar de dirigir, canta con la peor voz que he escuchado y una manada de borregos le hace coro.
- Mutismo total o quemimportismo sobre los asuntos que deberían de causar escándalo: la erupción constante del volcán en nuestro país y sus secuelas, los inmigrantes que se ahogan en el mar, el deshielo de los glaciares, el racismo de los futuros dirigentes de las potencias mundiales.
- Programas sobre estética del cuerpo en donde las personas recurren a las más estrambóticas transformaciones en un inútil proceso de individuación que sólo busca la aceptación social.
- Un alucinante programa sobre personas obesas en los USA. Nunca pensé que un ser humano podía llegar a pesar hasta 300 kilos: masas de carne deforme por exceso de comida.
- Otro alucinante programa –totalmente antíteco- en donde se muestra personas tan delgadas que parecen salidas de un campo de concentración, aunque –en teoría- « hay suficiente para todos ».
- Series y documentales que retratan los comportamientos criminales más abyectos, desde diferentes ángulos (el del investigador, el de la víctima, el del depredador).
- Y por último, a medida que oscurece el día se transparentan las sombras del alma humana : casi todos los canales poco a poco derivan en programas de alto contenido – o francamente- sexual (A propósito de eso:¿sabían que la segunda industria que mueve más dinero en el mundo es la del sexo ? Eso después de la única que puede ser peor: la del narcotráfico)
- Un poco decepcionada, decido que es mejor apagar la tele y surfear en internet. Lo que veo es peor : un derroche narcisista constante, noticias graves sobre la explotación de la tierra, maltrato animal, guerras…
Por más
que quiera, mi lado psicológico no puede permanecer indiferente ante esto. No
soy una «consumidora de programas y novedades» como cualquier
otra : analizo las propuestas, los contenidos, los mensajes, los valores
vehiculados, los posibles ejemplos. Me pongo en la piel de la persona promedio,
de la de la tercera edad escandalizada, del adolescente en busca de modelos,
del niño que “sin querer” aterriza en estos programas, del perverso en busca de
ideas, del reaccionario en contra del sistema. Y
mientras transito en las diversas posturas me voy dando cuenta que lo que se
oferta es un muestreo de lo que es « la humanidad » .
Shaskespeare decía que el « mundo es un gran teatro », en el cual
cada hombre y mujer juega un rol. Y en realidad debo darle la razón…
Lo
único que no me cuadra aún es el guión: ¿DOSCIENTOS MIL AÑOS
DE EVOLUCIÓN para esto ????
He
logrado algunos objetivos en 40 años de vida, que creo que no son tan
mediocres. Pero la especie, en TANTOS MILES DE AÑOS, ¿no ha logrado nada más espectacular???? Si el
poder, la dominación, el control, el cuerpo, la comida, el sexo, siguen siendo nuestras motivaciones,
mejor hubiera sido que permaneciéramos como nuestros parientes simios.
¡En
serio !
Hace
poco fui al zoológico y pude
observar a varias especies de monos: su prensión es perfecta porque el
pulgar del pié y la cola les permiten agarrarse a cualquier rama, lo que
asegura
escalar a donde se les antoja, balancearse divertidamente antes de lanzarse en
picada y – al último momento- agarrarse a cualquier rama (esto me recuerda la búsqueda de adrenalina del ser humano en el rappel, montañismo, parapente y otra cosas más) . Luchan
por lo mismo que nosotros : comida, poder y sexo, (esto ni siquiera amerita
ejemplos) pero sin tener que ir a trabajar con horarios fijos, sin
cuestionarse, sin cultura ni civilización que mantener, sin leyes, sin moral.
Dedican casi un tercio de su vida
a descansar y no tienen proyección temporal, lo cual quiere decir que su pasado
no les atormenta y su futuro no les importa. Copulan cuando las hembras están
en celo, con la hembra que se les antoja (la que “les afloja”). La manada
cuida a los cachorros. El resto del tiempo se reparte en espulgarse, lo que en
nuestra especie equivale a charlar, descansar y jugar…
¿No me
digan que no les suena atractivo? A mí por lo menos se me atoja que esto es exactamente a lo que la especie “sapiens”
aspira.
¿Y
saben qué?
Cuando
observo lo que nuestra especie evolucionada le ha hecho al planeta, a las otras
especies y lo que le hace a la suya propia… a veces yo también me sorprendo
aspirando a conseguir la máquina del tiempo y regresar a ese preciso momento en
donde la evolución dio un giro, para darle reversa y permanecer simplemente INVOLUCIONADOS:
luchando por comida, sexo, dominación y poder.
Como hacemos ahora. Pero sin conciencia de ello.
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