¿Qué les pasa a las personas que se han vuelto tan serias ?
Admito
que uno prende la tele y en las noticias solo hay cosas feas : guerra,
política, corrupción, polución, asesinatos, muerte.
Admito
que uno va al trabajo los lunes y en seguida que se sale del ascensor solo
hay quejas, problemas, asuntos por resolver, cosas atrasadas, cosas
urgentes que deben pasar por encima de las atrasadas, estados de ánimo de alguien
que son más urgentes que toda la lista anterior.
Admito
que en la vida personal lo que más hay son cosas aburridas como los trámites de
la matrícula, pagar el teléfono que nos cortaron hace un mes, la afiliación al
IESS de la empleada, el contrato que no se ha registrado aún en el MRL, madrugones imposibles, malas caras de
los hijos, mensajes erráticos de alguna pareja inestable .
Podríamos
evitar prender la tele, pero todo lo demás rayaría en la irresponsabilidad si
no respondiéramos adecuadamente...Y sin
embargo ¿debe eso matar nuestro sentido del humor ?
¿No
podemos reírnos un poco de la vida, de las circunstancias, de uno mismo ?
Recuerdo
cuando estudiaba en Lovaina a un profesor mío, Bernard Rimé, todo un científico con ni-sé-cuántos “Doctorados Honoris Causa”: solía ser una persona muy
agradable, muy abierta. Un día a los « becarios » de ese entonces, se
nos ocurrió mandar una consulta súper formal por correo a nuestros profes, con
una temática muy profunda : «c’est
quoi les points noirs à l’intérieur d’une banane ? » ("¿qué son los
puntos negros dentro de la banana?"). Rimé y sus colegas (Rimé et al.,
1996, según la APA) nos mandaron un montón de respuestas, que iban desde las recontra-serias
y científicas hasta las más «desconchinfladas » que uno pueda
imaginar… Ese día entendí que ser adulto no significaba necesariamente ser
aburrido. Entendí que las grandes mentes pueden ocuparse de las pequeñas cosas
así como de las más trascendentales. Entendí también que hay un vasto universo
de felicidad en guardar intacto ese plano lúdico, en no tomarse tan en serio la vida,
en saber reírse de las circunstancias, de sí mismo, de las cosas más patéticas.
Inspirada
en mis profesores, hace una semana iniciamos un juego en el trabajo, que
consistía en mover a la muñeca que decoraba el baño en la Facultad, aprovechando de la
coyuntura de Halloween y la película « Anabelle ». Creo que todos los
involucrados nos hemos pegado un millón de risotadas ante las situaciones
comiquísimas que se generaron con las personas que son superticiosas, las súper
serias que se enojaron con el juego, las que acolitaron…
Comulgo
mucho con Einstein que dice que "la creatividad es la inteligencia
divirtiéndose". Tengo la
suerte de haber frecuentado mentes brillantes y haber entendido que todo el
aburrimiento que engloba el ser adulto, esas conversaciones complicadas, esa
cubierta de apariencias, de lenguaje rebuscado y de cosas serias sólo envuelve
a personas poco seguras de sí mismas, cuya defensa está detrás del escudo de la
seriedad y del intelecto. Las personas que saben lo que son no tienen miedo de
reírse de la vida y de sí mismos. Si no me creen, piensen en la banana y googlén a mi
simpático profesor: http://www.google.com.ec/search?q=Bernard+Rimé&hl=es-EC&gbv=2&oq=&gs_l=
recordando
que alguna vez, en un pasado (no tan ) remoto, contestó como toda una eminencia
a la pregunta de una simple estudiante que quería divertirse…
No hay comentarios:
Publicar un comentario