lunes, 3 de noviembre de 2014

Sentido del humor



¿Qué les pasa a las personas que se han vuelto tan serias ?

Admito que uno prende la tele y en las noticias solo hay cosas feas : guerra, política, corrupción, polución, asesinatos, muerte.
Admito que uno va al trabajo los lunes y en seguida que se sale del ascensor solo hay  quejas, problemas, asuntos por resolver, cosas atrasadas, cosas urgentes que deben pasar por encima de las atrasadas, estados de ánimo de alguien que son más urgentes que toda la lista anterior.
Admito que en la vida personal lo que más hay son cosas aburridas como los trámites de la matrícula, pagar el teléfono que nos cortaron hace un mes, la afiliación al IESS de la empleada, el contrato que no se ha registrado aún en el MRL,  madrugones imposibles, malas caras de los hijos, mensajes erráticos de alguna pareja inestable .

Podríamos evitar prender la tele, pero todo lo demás rayaría en la irresponsabilidad si no respondiéramos adecuadamente...Y sin embargo ¿debe eso matar nuestro sentido del humor ?
¿No podemos reírnos un poco de la vida, de las circunstancias, de uno mismo ?


Recuerdo cuando estudiaba en Lovaina a un profesor mío, Bernard Rimé, todo un científico con ni-sé-cuántos “Doctorados Honoris Causa”: solía ser una persona muy agradable, muy abierta. Un día a los « becarios » de ese entonces, se nos ocurrió mandar una consulta súper formal por correo a nuestros profes, con una temática muy profunda : «c’est quoi les points noirs à l’intérieur d’une banane ? » ("¿qué son los puntos negros dentro de la banana?"). Rimé y sus colegas (Rimé et al., 1996, según la APA) nos mandaron un montón de respuestas, que iban desde las recontra-serias y científicas hasta las más «desconchinfladas » que uno pueda imaginar… Ese día entendí que ser adulto no significaba necesariamente ser aburrido. Entendí que las grandes mentes pueden ocuparse de las pequeñas cosas así como de las más trascendentales. Entendí también que hay un vasto universo de felicidad en guardar intacto ese plano lúdico, en no tomarse tan en serio la vida, en saber reírse de las circunstancias, de sí mismo, de las cosas más patéticas.

Inspirada en mis profesores, hace una semana iniciamos un juego en el trabajo, que consistía en mover a la muñeca que decoraba el baño en la Facultad, aprovechando de la coyuntura de Halloween y la película « Anabelle ». Creo que todos los involucrados nos hemos pegado un millón de risotadas ante las situaciones comiquísimas que se generaron con las personas que son superticiosas, las súper serias que se enojaron con el juego, las que acolitaron…


Comulgo mucho con Einstein que dice que "la creatividad es la inteligencia divirtiéndose". Tengo la suerte de haber frecuentado mentes brillantes y haber entendido que todo el aburrimiento que engloba el ser adulto, esas conversaciones complicadas, esa cubierta de apariencias, de lenguaje rebuscado y de cosas serias sólo envuelve a personas poco seguras de sí mismas, cuya defensa está detrás del escudo de la seriedad y del intelecto. Las personas que saben lo que son no tienen miedo de reírse de la vida y de sí mismos. Si no me creen,  piensen en la banana y googlén a mi simpático profesor: http://www.google.com.ec/search?q=Bernard+Rimé&hl=es-EC&gbv=2&oq=&gs_l=
recordando que alguna vez, en un pasado (no tan ) remoto, contestó como toda una eminencia a la pregunta de una simple estudiante que quería divertirse… 

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