miércoles, 5 de noviembre de 2014

Abrumadora (parte 1)



Según la RAE, "abrumar" tiene cuatro acepciones: que agobia con un peso grave, preocupar gravemente, producir tedio o hastío, producir asombro o admiración…

Una de mis hermanas me dijo que soy “abrumadora”. Espero que al referirse a mí haya pensado en la cuarta definición.

 Hablábamos, como he hecho últimamente con todas mis hermanas, las de carne y las “de vida”, sobre las razones por las cuales tantas mujeres  profesionales, exitosas, inteligentes, guapas, divertidas y luchadoras, estamos solteras y nos es tan difícil relacionarnos con el género opuesto. He logrado recabar algunas razones que no sé si serán ciertas o aplican en todos los casos, pero que de todas formas voy a exponer, ya que tal vez sean de ayuda para clarificar el asunto a ambos sexos.

Hoy  comenzaré con las que atañen a los hombres, y dejaré para una reflexión posterior las de las mujeres:

1)   Los hombres son cazadores: dice una de mis hermanas que a los hombres no les gusta que se les sirva las cosas fácilmente. Las mujeres debemos “hacernos las duras”, ser difíciles en el cortejo, para que el hombre sienta que hace algo trascendental al intentar estar con la mujer. En pocas,  debemos hacerlo sentir incoscientemente en competencia con otros (como las aves que compiten con sus  plumajes),  y sólo después de algo de lucha (queda a discreción de la involucrada determinar el cuánto debe durar esta fase) dejar que crea que tiene el mejor plumaje declarándolo vencedor de esta contienda absurda. Ponerlo en pelea con su complejo de inferioridad sin que se dé cuenta; y ayudarlo haciéndolo sentirse conquistador: Psicología para primates no evolucionados 1.0


2)   Los hombres no maduran antes de los 35: En esta sociedad, según otra de mis hermanas, la edad de madurez ha venido siendo empujada hacia delante por la escolarización prolongada. Ahora los jóvenes tienen que ir 4 o 5 años a la universidad para el pregrado, otros 2 mínimo para la maestría, 5 más para el doctorado… En el mejor de los casos a los 27 recién se topan de cara con la vida real: conseguir trabajo, hacer una carrera, irse a vivir lejos de sus padres. A veces esto les toma más tiempo, así que pasados los treinta (como hasta los 35) siguen siendo hijos de papá (o del estado, gracias al Senescyt). Mientras tanto, las mujeres -con igualdad de oportunidades- tienen sin embargo algo que hace “Tic-Toc” en su hipotálamo, el famoso reloj biológico que les impone un criterio de realidad que escapa al sexo masculino. Resultado:  construyen una vida más rápidamente y se decepcionan al toparse con pseudo –adultos masculinos que siguen tratando de superar la adolescencia a nivel relacional: Psicología  sociológica 2.0

3)   Los hombres tienen problemas de velocidad de reacción: Mientras las mujeres son capaces de procesar más de dos estímulos simultáneamente, los hombres en general procesan lo que sucede una cosa a la vez. El que no lo crea ¡que trate de mantener una conversación sostenida con un hombre que maneja en plena hora pico! Esto que les pasa con las conversaciones les pasa en las relaciones. Las cosas discurren a una velocidad tal que no logran procesarlo todo: mientras la mujer ha avanzado de diez yardas, él sigue en la línea de partida. Cuando ella lleva ya un gran kilometraje, él recién se va acomodando a la velocidad de la partida; y cuando ella le ha dado tres vueltas a la relación y ya está cansada de correr, él recién se embala. Resultado: en 1, 3, 5, 10 años, el hombre recién se da cuenta de lo que tuvo y lo que perdió, mientras ella ya ha recorrido de largo otros caminos y ni siquiera tiene interés en regresar a ver esa carrera. Combinación de Psicología del Diario Vivir para Dummies con Psicofisiología avanzada 5.3.

4)   Los hombres tienen miedo al compromiso: basta con que su pareja les diga “necesito algo más serio” para que se desencadene un radar con el chip pre-programado que les traduce “quiero anillo, guaguas, triciclo, casa, perro y que te sangres trabajando para tu familia en un trabajo aburrido”.  Los hombres sospechan de las intenciones de las mujeres: “si se quedan a dormir en el departamento, luego quieren el departamento” “si te dicen que toman la píldora es porque quieren atraparte con un hijo”. Ese sesgo, seguramente avalado por patrones relacionales nocivos previos, hace que se pongan a la defensiva ante cualquier propuesta seria… ¿Resultado? Hombres intermitentes que oscilan entre el querer y el no querer , el hacer y el no hacer, el estar y no estar. Frente a esto: dilema femenino del responder o no responder, actuar o no actuar, permanecer o no permanecer: Psicología del inconstante nueva versión DEMO.

5)   Los hombres tienen miedo a la "vagina devorante": tienen miedo del poder que ha adquirido la figura femenina frente a ellos. La mujer en los patrones relacionales “tradicionales” es débil, receptiva, pasiva, dulce y santa; las mujeres de hoy por el contario se muestran asertivas, activas, interesantes, dominantes. Resultado: los hombres, obsesionados por desempeñarse como “hombres” (alias: ser los que guardan el poder relacional y sexual), se topan con mujeres que demandan otro tipo de relaciones; ellos no saben como responder y no pueden simplemente "rendirse ante el enemigo”: deben guardar la fachada de soldado-que-lo-domina-todo, pero no lo logran: fracasan en el plano relacional o sexual, o en ambos. La mujer intenta ayudar, el hombre no la deja; impasse técnico-sentimental, que da como resultado una mezcla de psicología psicoanalítica, teorías de género y frustración conductual: un clásico Curso introductorio para principiantes en relaciones post-modernas.

Lo que les pasa a las mujeres… ya quedó para otra reflexión.

2 comentarios:

  1. quizás lo que quiso decir tu hermana es una mezcla de ambas cosas: que le haces perder a uno las coordenadas fácilmente. Algo así como cuando se dice que alguien es una tromba (al parcer del italiano tromba: trompa) -ni bueno ni malo, claro... a menos que alguien entre como tromba y uno esté ahí delante.
    Tendríamos que pasar entonces a hacer una fenomenología de lo que es "estar-ahí-delante"... o bien a una interpretación psicoanalítica de qué significa ser tan rápido. uf! ya siento como si estuviera corriendo detrás de tí. Pero bueno, tal vez se trata precisamente de eso: ser rápido es ante todo (o a partir de cierto momento) una cuestión social: ser rápido para otro. Con las ventajas y desventajas que tiene ese desface y que en el punto más extremo se parecen a las de la información en tiempo real (a no ser que uno vea la velocidad sin límites como perfección ilimitada). Claro que no creo que ese sea tu problema, porque precisamente abrumar viene también de bruma: o sea que en este caso la velocidad introduce ruido en el sistema y, con toda seguridad, también se sabe autoregular para evitar los percances de tanta agilidad. A propósito, hace poco miré una película de Benigni, El tigre y la nieve. Este tipo es precisamente una tromba... uf genial. Y justamente por eso su mujer no puede quererlo. Qué interesante.
    Bueno, no hace falta decir que soy un especimen de género másculino y al parecer (o todo indica que) me sentí un poco tocado en mi lentitud.

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    1. Gracias Adrián por tu comentario... creo que el término usado por mi hermana apunta en esa dirección que tú puntualizas. Pienso definirlo en la parte dos de esta entrada, en la que hablaré de los especímenes femeninos... hasta entonces y gracias por leer el blog!

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