martes, 21 de julio de 2015

3 x 2 en Martinis (o de como admitimos a la Maggie en el Club del Desencanto justo el día en que se me acabó la vacación)


Y así como para cerrar con broche de oro las vacaciones nos vamos de cafecito con las amigas y aunque nos hemos prometido una y mil veces que ya no vamos a hablar de hombres, al hablar de nosotras nos toca de ley « actualizarnos » en ese tema, aunque en lo particular no tenga nada que actualizar.

La que tiene que contar mucho es mi amiga Maggie, la más activa en este tema. La última vez que la vimos seguía persiguiendo su plan de “encontrar la media naranja” y tenía “activos” a dos chicos. Uno que conoció en una farra loca y que desgraciadamente era como diez años menor a ella, al que le mandó a leer su currículum antes nada, pero luego ante su sonrisa Colgate y su desenfado se dejó ganar y le aceptó –según ella- sólo un café, que no se concretó menos mal. El segundo es un ex del que estuvo perdidamente enamorada una época, pero que resultó ser de ese tipo de personas que intentan excusar su revoloteo tiñéndole de una aura de romanticismo de telenovela mexicana, a quien dejó de idealizar en el mismo momento que descubrió que era una persona egoísta que no podía amarse más que así mismo; con él ha tenido unos “remember” pero la verdad –como suele decir la Rossy-  esto es más como “sexo de mantenimiento”. Ya ni eso la atrae mucho, y sintió un gran alivio cuando se marchó la última vez en media tarde porque “no hubiera aguantado tener que prepararle la cena como antes y alimentar su ego”. Tiene unos cuantos “admiradores”. Un ex colega muy agradable pero tan viejo que seguro se muere de la emoción  si le da el sí . Literalmente. Un compañero de trabajo casado que la acosa y tuvo que borrarlo del face. El padre de familia que recoge a sus hijos en el condominio, que es muy lindo pero tan tímido que le tocaría hacerse atropellar para que el hombre se atreviera a hablarle algún día. El director del otro departamento en su trabajo que le propone de vez en cuando “tomarse un vino”, pero como la última vez eso acaba casi en violación ha decidido que mejor se compra ahora la botella y se la toma sola.

Nos acompaña María José (mi amiga de la que les conté el otro día) cuyo último novio resultó ser una persona sin alma y que la ha dejado definitivamente “curada” del amor; la Rossy que, como siempre, sin “pelos en la lengua” nos manda a todas al pan y nos dice sin tapujos que “un buen vibrador es mejor que un mal novio”. Y la Pepa, cuya vida amorosa siempre ha sido un misterio para nosotras puesto que el último novio que  le conocemos lo tuvo a los 13 años.

Hoy solo estamos las solteras en el café. Obvio, es media semana y siempre se puede mentir algo al jefe para fugarse temprano, pero a los “maridos” ya es más complicado: o tienen arranques de celos cuando la mujer no asoma, o ataques de paranoia sobre “secuestros express” (estamos en Ecuador), o mínimamente se les escapa la situación con los guaguas y llaman a medio café clamando que la mujer regrese a enderezar la situación. Con los maridos no hay paz: no se les puede apagar el celular, no se logra llegar más allá de la hora indicada. Por ende: nada de casadas hoy.

Cuando la Maggie nos anuncia que ha renunciado por fin a encontrar pareja, cambiamos inmediatamente el café por la promoción del día: 3 x 2 en Martinis. No es para brindar. Es para sellar su entrada en nuestro club. Un club en el que se entra sin mucha explicación, por hastío, después de mucho desgaste, de mucha frustración.

Y ¿ cuál es ese club? Gissela Echeverría lo llama “la generación S” (http://gisselaecheverria.com/web/la-generacion-s/) : si bien ella lo describe de manera más sistematizada (y no lo llama Club), se trata de un lugar incierto donde transitamos hombres y mujeres con un perfil muy específico a partir de una cierta edad. Una especie de limbo del desencuentro en el que, atrincherados en nuestras malas experiencias, en nuestros sesgos relacionales y en nuestras creencias sobre el otro género, nos miramos los unos a los otros con suspicacia. Presentimos malas intenciones  y trampas escondidas; vamos con los corazones encerrados en cofres bajo mil llaves o congelados por la certeza de que enamorarse es sinónimo de sufrimiento. Dejamos de seguir la espontaneidad, la amordazamos y ponemos la cabeza para analizarlo todo (si no poseemos cabeza –como en mi caso- ponemos la cabeza de las amigas, de los padres y hermanos, de las estadísticas, de la terapeuta…. las que sean necesarias).

Cero confianza es el lema de nuestro club- aprendido cayéndose de bruces contra el planeta. Pero hoy no haremos introspección al respecto: hoy adherimos un nuevo miembro a nuestro club- nueva “miembra” si la Real Academia nos admitiera los feminismos (esto es objeto de otra discusión).

¡Salud por eso!

Sin embargo, cuando llegan los martinis de colores estrambóticos, medio nos arrepentimos de haber cedido ante el amague promocional. Es que a la Rossy no le gusta mucho tomar, la Pepa debe manejar y tiene miedo que le cojan los policías, la María José es más “de cafés” y yo “de margaritas”.

La Maggie, ella, trae tanto desencanto a cuestas que decide que por hoy se va a tomar todos los cócteles que vienen en extra y los que no queramos, porque total recién se une al club y, sobretodo, aún está de vacación.

Menos mal porque todas trabajan mañana.

O debería decir: trabajamos. Porque  a mí, hoy, se me acabó la vacación…


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