Y así como
para cerrar con broche de oro las vacaciones nos vamos de cafecito con las amigas
y aunque nos hemos prometido una y mil veces que ya no vamos a hablar de
hombres, al hablar de nosotras nos toca de ley « actualizarnos » en
ese tema, aunque en lo particular no tenga nada que actualizar.
La que
tiene que contar mucho es mi amiga Maggie, la más activa en este tema. La
última vez que la vimos seguía persiguiendo su plan de “encontrar la media
naranja” y tenía “activos” a dos chicos. Uno que conoció en una farra loca y
que desgraciadamente era como diez años menor a ella, al que le mandó a leer su
currículum antes nada, pero luego ante su sonrisa Colgate y su desenfado se dejó ganar y le aceptó –según ella- sólo
un café, que no se concretó menos mal. El segundo es un ex del que estuvo
perdidamente enamorada una época, pero que resultó ser de ese tipo de personas
que intentan excusar su revoloteo tiñéndole de una aura de romanticismo de
telenovela mexicana, a quien dejó de idealizar en el mismo momento que
descubrió que era una persona egoísta que no podía amarse más que así mismo;
con él ha tenido unos “remember” pero
la verdad –como suele decir la Rossy- esto es más
como “sexo de mantenimiento”. Ya ni eso la atrae mucho, y sintió un gran alivio
cuando se marchó la última vez en media tarde porque “no hubiera aguantado tener que prepararle la cena como antes y
alimentar su ego”. Tiene unos cuantos “admiradores”. Un ex colega muy
agradable pero tan viejo que seguro se muere de la emoción si le da el sí . Literalmente. Un compañero
de trabajo casado que la acosa y tuvo que borrarlo del face. El padre de
familia que recoge a sus hijos en el condominio, que es muy lindo pero tan
tímido que le tocaría hacerse atropellar para que el hombre se atreviera a
hablarle algún día. El director del otro departamento en su trabajo que le
propone de vez en cuando “tomarse un vino”, pero como la última vez eso acaba
casi en violación ha decidido que mejor se compra ahora la botella y se la toma
sola.
Nos
acompaña María José (mi amiga de la que les conté el otro día) cuyo último novio
resultó ser una persona sin alma y que la ha dejado definitivamente “curada”
del amor; la Rossy que, como siempre, sin “pelos en la lengua” nos manda a
todas al pan y nos dice sin tapujos que “un
buen vibrador es mejor que un mal novio”. Y la Pepa, cuya vida amorosa
siempre ha sido un misterio para nosotras puesto que el último novio que le conocemos lo tuvo a los 13 años.
Hoy
solo estamos las solteras en el café. Obvio, es media semana y siempre se puede
mentir algo al jefe para fugarse temprano, pero a los “maridos” ya es más
complicado: o tienen arranques de celos cuando la mujer no asoma, o ataques de paranoia
sobre “secuestros express” (estamos en Ecuador), o mínimamente se les escapa la
situación con los guaguas y llaman a medio café clamando que la mujer
regrese a enderezar la situación. Con los maridos no hay paz: no se les puede
apagar el celular, no se logra llegar más allá de la hora indicada. Por ende: nada
de casadas hoy.
Cuando
la Maggie nos anuncia que ha renunciado por fin a encontrar pareja, cambiamos
inmediatamente el café por la promoción del día: 3 x 2 en Martinis. No es para brindar. Es para sellar su entrada en
nuestro club. Un club en el que se entra sin mucha explicación, por hastío,
después de mucho desgaste, de mucha frustración.
Y ¿
cuál es ese club? Gissela Echeverría lo llama “la generación S” (http://gisselaecheverria.com/web/la-generacion-s/)
: si bien ella lo describe de manera más sistematizada (y no lo llama Club), se
trata de un lugar incierto donde transitamos hombres y mujeres con un perfil
muy específico a partir de una cierta edad. Una especie de limbo del
desencuentro en el que, atrincherados en nuestras malas experiencias, en
nuestros sesgos relacionales y en nuestras creencias sobre el otro género, nos
miramos los unos a los otros con suspicacia. Presentimos malas intenciones y trampas escondidas; vamos con los
corazones encerrados en cofres bajo mil llaves o congelados por la certeza de
que enamorarse es sinónimo de sufrimiento. Dejamos de seguir la espontaneidad,
la amordazamos y ponemos la cabeza para analizarlo todo (si no poseemos cabeza
–como en mi caso- ponemos la cabeza de las amigas, de los padres y hermanos, de
las estadísticas, de la terapeuta…. las que sean necesarias).
Cero confianza es el lema de nuestro club- aprendido cayéndose
de bruces contra el planeta. Pero hoy no haremos introspección al respecto: hoy
adherimos un nuevo miembro a nuestro club- nueva “miembra” si la Real Academia nos admitiera los
feminismos (esto es objeto de otra discusión).
¡Salud
por eso!
Sin
embargo, cuando llegan los martinis de colores estrambóticos, medio nos
arrepentimos de haber cedido ante el amague promocional. Es que a la Rossy no
le gusta mucho tomar, la Pepa debe manejar y tiene miedo que le cojan los
policías, la María José es más “de cafés” y yo “de margaritas”.
La
Maggie, ella, trae tanto desencanto a cuestas que decide que por hoy se va a
tomar todos los cócteles que vienen en extra y los que no queramos, porque total
recién se une al club y, sobretodo, aún está de vacación.
Menos
mal porque todas trabajan mañana.
O
debería decir: trabajamos. Porque a mí, hoy, se me acabó la vacación…
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