martes, 30 de septiembre de 2014

Damita de buenas intenciones


Leyendo  " Lo peor es que no pasa nada" en el blog de  Juan Fernando Andrade (http://culturab.blogspot.com/) me ha entrado miedo de que haga conmigo como esa señora que está demandando a Disney por la historia de Frozen . Es que la historia que cuenta sobre su amiga es tan parecida a la que yo quería contarles, que me pongo a dudar de si la amiga de él es una amiga en común o si su historia es tan común que se parece a la de mi amiga. En todo caso no creo que él me demande por contar la historia que, de todas formas, estaba por contar uno de estos días

Mi amiga es como la de él, inteligente, divertida, culta y guapa, y se encuentra en un estado muy similar por razones exactamente iguales: la pareja con la que estuvo por casi tres años de repente salió con esa historia de “no te veo en mi futuro, yo no había planificado una relación tan seria antes de algunos años, mil disculpas, no es por tí, es por mí”; parece que los hombres tienen serios problemas de anticipación y planificación, o comparten entre ellos un diccionario de pretextos muy básico.

Contrariamente a la amiga de Juan Fernando,  la mía no tiene el sufrimiento manifiesto: trabaja, va a las reuniones de padres de familia, hace deporte (aeróbicos porque le han dicho que sube las endorfinas, pole-danse para mantener la feminidad a flote, yoga para relajarse y bici para que no se le atrofie el corazón) y hasta de vez en cuando accede a salir en una cita u otra. No toma pastillas, aunque sospecho que es adicta a toda substancia legal que le permita estar en pie de día y dormida en la noche. Estoy segura que las industrias del café, chocolate, red bull, gotas medicinales y agüitas de vieja lucran con su sufrimiento desde hace varios meses.

Cuando se pega las copas, es otra historia: momentáneamente desinhibida, todas sus decepciones relacionales la invaden de repente . Como es divorciada, habla de su exmarido y de cómo  aún se preocupa por él como si fuera su hermano menor, escuchando sus problemas y consiguiéndole clientes para su negocio en lugar de para el de ella. Cuando le digo que se deja abusar, que no sea muda, que con ese dinero que pierde podría ya haberse comprado un auto nuevo, suspira y me mira con ojos grandotes diciéndome “qué quieres que haga chica, él nunca ha sabido cuidarse solo”.

Del novio que la dejó, me cuenta "en chiquis" que él aún le escribe para agradecerle todo lo que hizo ella por él. “Sabes- suspira- a veces creo que debí de escoger como profesión Potenciadora de vidas, así por lo menos me pagarían por pensar demasiado en los otros y olvidarme siempre de mí”.

Con los ojos llenos de lágrimas, me confiesa que la relación más profunda que ha tenido en 8 meses ha durado dos semanas, al cabo de las cuales decidió decirle al involucrado con claridad qué esperaba de una relación . “Le dije: Chico, esta es la cancha en la que puedes jugar... ¿y adivina qué?”- me pregunta- “… pues no quiso jugar”.

Así, mientras el resto de personas de mi edad se queja de su pareja, de cómo ronca, de que se roba el edredón o de sus manías , yo mantengo una relación muy estrecha con mi celular: es la primera cosa que veo  en las mañanas y la última también, cuando me conecto buscando a alguien  de quién despedirme en ese mundo virtual”.

Como ya ve que está sonando patética, disimuladamente se limpia la comisura de los ojos, bebe un trago y en tono de broma me dice que hasta se ha puesto a pensar en pasar uno de esos anuncios en la sección “Corazones Solitarios” de la Familia del domingo, cuyo texto ya tiene redactado en mente, y diría:

Damita de buenas intenciones busca hombre divertido, soltero y decente para compartir columpio en el parque; urge que toque algún instrumento o por lo menos que tenga buena voz para cantar más de un dúo. Si es posible, que tenga el cabello esponjadito. Interesados poner aplicaciones en una botella y lanzarla al mar”.

Luego se levanta, me guiña el ojo y se va servir otra copa; al cabo de un momento pareciera que todo retorna a la calma: vuelve a ser mi amiga, la que no necesita de nadie a su lado para vivir su vida, la de la palabra precisa y la sonrisa perfecta. Una damita muy decente, en verdad,  que sabe llevar sus duelos en paz, sin pastillas ni dramas y que en secreto sigue soñando con columpios y guitarras.

sábado, 27 de septiembre de 2014

¿En qué sueñas, mujer?


Ser mujer en esta época, en este país, en esta cultura… Tener 15 años, 20, tener 30, 40 o 50…  ¿Cómo es?

Cuando converso con mi sobrina a veces creo entenderla y conectarme con su realidad, pero en el fondo creo que no tengo ni idea de lo que le toca vivir. Cuado yo tenía 15 años, los modelos de belleza no eran tan fuertes y exigentes, la droga era algo fundamentalmente ilegal, el regalo era la fiesta rosada y la edad de inicio de las relaciones sexuales era de 19 años. Ahora se toma píldoras para divertirse, hay websites que enseñan como vomitar y emplear eméticos para estar delgada, la actividad sexual inicia antes de los 15 y los padres regalan cirugías estéticas para festejar a sus hijas.

Comencé a dar clases cuando tenía 25 años y la diferencia de edad con mis alumnas era poca; hoy cuando miro a las chicas de 20 que están sentadas en mi clase me digo que si lo hubiera hecho temprano, podrían ser mis hijas. Sé que ellas viven cosas durísimas, de las que me entero no porque confían en mí sino porque sus historias llegan a mis oídos porque “soy la decana” y tengo que tomar decisiones.  Algunas ya tienen hijos, sus padres las han botado de la casa y viven por ahí con su guagua, trabajando y viniendo a clase con los ojos llenos de sueño pero sabiendo que es necesario si quieren salir adelante. Otras están entrampadas en relaciones de pareja nocivas y maltratantes de las cuales piensan que no deben salirse porque no encontrarán a nadie que las ame…

Habiendo comenzado a trabajar tan temprano, tengo colegas en los 30 que fueron mis alumnas. Mujeres luchadoras e inteligentes a las que les dirigí la tesis y que sin miedo me miran a los ojos y “me cantan las verdades” cuando saben que lo que estoy haciendo no está bien. Son excepcionales en muchos aspectos y  a veces bromeo con ellas llamándolas “las chicas Flacso”, porque tienen ese sesgo de género que les enciende la mirada y las hace desafiar a quien sea, hombre o mujer, así sea su “jefe”.

Mi grupo referencial son mujeres que bordean, como yo, los 40… Mujeres inteligentes, sinceras, frontales, sensibles y tiernas; han hecho carrera en su profesión y no tienen “pelos en la lengua” al momento de protestar por algo que no está bien. Mujeres que saben decir “no” si el asunto no les convence y aunque se demoren en entender que una situación que no va a mejorar es mejor cortarla de raíz, acaban tomando las decisiones  más difíciles y saliendo adelante con coraje.

En mi trabajo también hay muchas mujeres de 50 años. Son tradicionales en sus valores familiares y se escandalizan con facilidad de situaciones a las cuales no están acostumbradas, como ver parejas de chicas besándose, cabello azul o cuando se les habla de relaciones no formales. Son mujeres que trabajan y mantienen hogares estables, sin cuestionar sus relaciones de pareja; mujeres cuyo credo es “mientras yo no me entere…”

¿Tenemos algo en común? A veces pienso que nada, porque  se supondría que con el paso del tiempo las generaciones van rompiendo modelos tradicionales y adoptando nuevos modelos.  Sin embargo, lo agradable de relacionarse con personas de diversas edades es justamente que se aprende a conocerlas en sus diferencias pero también, a veces, se encuentran puntos en común. ¿Y adivinen qué? He encontrado por lo menos dos temas en los cuales empatamos las mujeres de cualquier generación.

El primero son las relaciones de pareja. Tenga la edad que tenga, una mujer vive preocupada por los vínculos afectivos. He escrito un montón sobre el tema últimamente, justamente inspirada en las conversaciones que he tenido con amigas, colegas, vecinas, alumnas, sobrina, etc. No quiero repetir lo ya dicho, solo llegar a una conclusión al respecto. He escuchado a los hombres decir que las mujeres deberíamos venir con manual; siento decepcionarlos, pero pienso que sería botar el tiempo y el dinero dedicarse a eso, porque las mujeres de todas las edades tenemos una única aspiración relacional. En broma le decía a Doña Mary ayer mientras me pintaba las mechas que lo de los vaciles casuales no le funciona a ninguna mujer, porque lo que toda mujer busca es “amor, comprensión y ternura”. Punto. Manual de una línea para hombres interesados. Obsesión de una vida para las mujeres.

Otro tema –muy doloroso en verdad- en el cual empatamos las mujeres se llama “insatisfacción corporal”. No conozco mujer de ninguna edad que esté satisfecha con su apariencia física al 100%. Últimamente hubo una campaña de Dove en la cual un dibujante pedía a una mujer que se describa a ella misma, y luego le pedía a una persona que conversó con ella que la describa. Los dibujos de la auto-descripción eran taaaaan feos y contrastaban radicalmente con el dibujo producido por la descripción del extraño; las mujeres lloraban al ver esta diferencia, constatando la dureza del auto-juicio. Es verdad: las mujeres cuando nos miramos al espejo buscamos el defecto, los rollitos, la celulitis, las canas, las arrugas, la asimetría, la mancha. No nos gustan nuestras nalgas porque son abultadas o planas, nuestros pechos porque están caídos o son pequeños, nuestras cicatrices, las patas de gallo… Qué triste es pensar que desde la adolescencia o a veces desde antes nos pasamos odiando nuestro cuerpo, haciendo dietas imposibles, comprando ropa que esconda lo feo y realce lo bonito, yendo a la peluquería a cambiar interminablemente de look, al cirujano plástico para el botox o la liposucción, comparando dietas y cruzándonos los tips que funcionan para adelgazar, estirarse, adquirir firmeza…

Mujeres, mujeres ¿qué nos pasa? Concentradas en el otro, haciendo nuestra vida en función de la pareja (o de su ausencia) y sus deseos reales o proyectados. Concentradas en el “afuera”, ese envoltorio que transformamos para agradarnos pensando así agradar a los demás. Escuchando las voces de todos al momento de decidir sobre nuestras vidas. ¿Dónde está nuestro deseo? ¿Dónde está la libertad de decidir ser cómo queremos? ¿Dónde estamos y qué vida estamos viviendo?

Fui al funeral de una mujer esta semana. Y me puse a pensar que la vida es un recorrido con muchos recovecos para algunas, con senderos claros y rectos para otras;  pero sea cual sea el camino  la vida nos lleva a todas para allá: a estar solas y tendidas en un ataúd, con este cuerpo que nos obsesionó descomponiéndose para ser alimento de gusanos. ¿Vale la pena sufrir tanto por las relaciones? ¿Vale la pena preocuparse tanto por el aspecto que tenemos? ¿No será mejor simplemente preocuparnos más por nuestro yo interno y empezar a escuchar nuestra propia voz?

Aparte de tener el cuerpo perfecto y de estar con alguien que nos ame… ¿en qué soñamos mujeres?

martes, 23 de septiembre de 2014

El mal del siglo 21


El mal del siglo 21, según mi terapeuta Ana, son las relaciones de pareja. Y debo decir que conozco pocas mujeres tan sabias como ella. Aunque los psicoanalistas dirían que estoy en plena transferencia, yo no puedo hacer nada más que darle la razón, con todo lo que pasa día a día, lo que se vé en las relaciones de personas jóvenes y menos jóvenes, y que me sienta hoy frente al teclado.

Me entero cotidianamente de situaciones en las cuales mujeres de todas las edades aceptan cosas imposibles de sus parejas: les obligan a cambiar su forma de ser, de relacionarse, de pensar, hasta sus preferencias sexuales; las hacen vivir bajo un régimen de temor, de censura, de sumisión. Suena etéreo, pero muchas mujeres (no hablo sólo de las casadas, por si acaso) se cambian de ropa ante comentarios emitidos por su pareja del estilo “no vas a usar esa minifalda!”, o un “no quiero ir con tus amigos, me caen mal esos señores/as”.  Mujeres, novias, enamoradas, de 50, 40, 30, 20 y hasta 15 años aceptan celos, golpes, insultos, reproches y disculpas,  flores, “mi amor’es”, miradas de perro herido… Sin reflexionar. Y se repite el ciclo una y otra vez.

Esto es muy gráfico, muy  extremo, muy “maltratante” y mucha gente respira aliviada al leerme en este momento pensando:“uf, esto no me describe!”. Si es así… ¡me alegro! Pero ¿qué pasa con lo demás? ¿Qué pasa con el resto de relaciones tóxicas que se viven en la actualidad?

Relaciones de una noche o de vacile, en las cuales no comprometemos más que el cuerpo, porque lo demás es demasiado valioso para arriesgarnos:  ¡Siempre es más fácil sacarse la ropa que desnudar el alma! ¿Cómo podemos desconectarnos tanto? Nuestro cuerpo es nuestro embajador ante el mundo, nos permite relacionarnos con él y además es el hogar de nuestra alma. Comprometer el cuerpo es como hacer una jornada de puertas abiertas y receptar a cualquiera: ¡No podemos hacer eso impunemente! ¿Cómo somos tan inconscientes para arriesgarnos tanto?. El que menos,  nos roba algo precioso o va destruyendo el gran tesoro nacional.

Preferimos las pantallas (de la tele, del cine, del celular, de la compu) antes que afrontar las miradas del otro: miradas tristes, expectantes, de deseo, de ternura. No aguantamos nada que nos haga sentirnos incómodos; los teclados nos dan la oportunidad de pensarlo todo dos veces, nos brindan emoticones para expresar lo que queremos decir de manera estereotipada, porque la palabra compromete, nos liga, nos hacen vulnerables…  Lanzamos anzuelos, esperando que los otros los pesquen; ya nadie se atreve a decir al otro lo que realmente espera; ¿Qué será?

¿Qué nos pasa? ¿Será que tenemos tan baja la autoestima que no logramos dimensionar lo importante que somos ante nosotros mismos y aceptamos cualquier cosa por miedo a la soledad? ¿Será que se nos ha “cortado el cableado” con los sentimientos y pensamos que es mejor vivir en desconexión emocional? ¿Será que estamos tan abollados por relaciones previas que preferimos cargar, como decía en mi anterior publicación, con todas las armaduras de los Caballeros de cualquier mitología antes que dejarnos ver? ¿O será el fenómeno de “Amor líquido”, descrito por Bauman, malestar del siglo 21 en cual nos vinculamos con los demás de manera frágil, fría, fugaz, superficial, sin comprometernos?

Lo que sea que nos esté pasando, no nos hace bien.  Arrastramos el vacío y lo llenamos con lo-que-fuere: tecnología, libros, alcohol, drogas, promiscuidad, hasta palabras…

Personalmente aún adhiero a la vieja escuela,  esa que canta Silvio Rodríguez en una de las canciones con las que más me identifico, y en dónde dice: “los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan ahí; ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar”.

Si frente a mí sigo encontrando personas cobardes, yo… seguiré buscando. No quiero ser víctima del amor vacío del siglo 21.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Carne de gato para el asma


Para mi mamá, tres remedios curan todos los males.

Encabezando el top-3 está el agua de manzanilla... Sirve para calmar dolores de estómago, las crisis de histeria, los cólicos menstruales, desintoxicar el cuerpo y hasta para hidratar a las personas griposas si se le añade una buena dosis de limón. La manzanilla puede tener aplicaciones tópicas externas, como los pañitos para desinflamar los ojos, pero en general la favorita de mi madre para asuntos de piel es la sábila. Este cáctus raro se vende hasta en los grandes supermercados y es el más destacado remedio en caso de quemaduras, abrasiones, heridas leves, etc, así como la mejor crema antiarrugas según mi mamá. Finalmente, para todo lo muscular y de huesos, el mentol es su preferido.

Una farmacia básica, de poco costo y múltiples aplicaciones, a la que recurre fielmente mi madre en primera instancia salvo que se prolonguen los síntomas y haya que ir mismo mismo al doctor a que recete algo.

Todos los ecuatorianos somos medio fanáticos del remedio casero y estoy convencida que en realidad los remedios naturales funcionan bien en algunos casos. Sin embargo, he escuchado también muchas cosas absurdas en personas muy bien educadas que me hacen cuestionar en qué siglo vivimos en este país.

Cuando los niños son pequeños, por ejemplo, si padecen mucho de enfermedades intestinales los padres les dan « tripa mishqui » para endurarles el estómago; no entiendo cómo el comer el intestino del ganado puede beneficiar al intestino infantil, pero las personas están convencidas de que funciona. Si el niño se enferma a menudo con tos, se aconseja darle leche de burra, la cual contrariamente a la sábila no se vende así no más y quien sabe a dónde hay que acudir para conseguirla. Pero de todos los remedios absurdos que he escuchado últimamente, uno que realmente sobrepasa los límites de la imaginación es el comer carne de gato en caso de padecer  asma o alergias.

Me pregunto cómo no habiendo ningún estudio al respecto las personas acceden a aplicar estos “remedios”, y no buscan por ejemplo modificar la alimentación del niño, algo que ha sido ligado directamente con las enfermedades infantiles (hay muchísma investigación que evidencia que la mala dieta -alta en carne, huevos, leche y deficitaria en verduras, pescado y frutas- está detrás de las alergias infantiles, enfermedades respiratorias y demás). Seguramente son rezagos en nuestra cultura del pensamiento mágico y de la tradición oral, en la cual pesan más los testimonios de las personas de carne y hueso que un estudio científico armado con rigor experimental por una tarea de desconocidos en un país lejano.

Dentro de todo, creo que yo fui bastante afortunada con una madre que curó mis males infantiles a punta de manzanilla, sábila y mentol y nunca recurrió a darme vísceras de animales o a sacrificar a la mascota de la casa y servírmela en el plato cuando me enfermaba en serio, sino que decidió sensatamente llevarme al doctor .

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Queda la música...


Mi amiga Andrea posteó el otro día en Facebook que la música la transportaba a ciertos momentos y vivencias específicas en su vida…Creo que todos asociamos músicas a momentos. Música que nos acompañó en épocas de nuestra vida, música con la que nos reímos tanto que aún nos arranca sonrisas al escucharla, música que nos coge desprevenidos a veces y nos hace llorar al desenterrar un recuerdo u otro.

La música es extremadamente importante en la vida del ser humano. No sé si para todos esté al nivel de la alimentación, el sueño o la reproducción, pero por lo menos para mí por ahí va. Creo que deberíamos pensar mucho sobre qué canción vamos a escoger para los momentos trascendentales que nos toca vivir: la graduación, el matrimonio, el nacimiento, nuestro velorio, la canción de cuna que cantaremos a nuestros hijos…

Conozco personas que se han quedado “estancadas” en un género musical (los años 60, el ballenato, las baladas, ABBA…) porque se sintieron tan bien acompañados que escuchar repetitivamente y sin tregua estas tonalidades es casi como tomarse un ansiolítico sin receta frente a la vida real.

Personalmente, la música de los 80 me regresa sin remedio a esa época adolescente en que iba a fiestas, la música me destrozaba los tímpanos y tocaba bailar con una serie de chicos torpes y tímidos (seguramente tan torpes y tímidos como yo), que terminaban declarándose sin ninguna esperanza porque yo –como cualquier otra adolescente que se respetaba- estaba enamorada del imposible-tres-años-mayor que ni me regresaba a ver… Y aunque todos suspiramos en esa época con las primeras canciones de Arjona, ahora que tenemos el "amor sofisticado" le lanzamos tomates al pobre hombre (osea: le hacemos bullying por el facebook con los memes del momento).

Hay cantantes, por ejemplo, que están ya "vetados" en nuestro repertorio personal porque,  asociados a personas específicas, no podemos evitar evocarlas cuando suenan en la radio: José José, Red Hot Chili Peppers, Alejandro Sanz, Joaquín Sabina, Gun's and Roses… los zapereamos irremediablemente por asociación.

Pero no solo importan las canciones que hemos asociado a alguien: en un pop-quiz en mi Face pregunté a mis amigas qué canción les hubiera gustado que alguien importante se las dedique... Y descubrí lo que ya sabía: tapiada en el fondo de nuestro corazón, tenemos todas una magnífica canción que nos cantamos a nosotras mismas sabiendo que aunque nadie nos la dedique, es aquella que nos merecemos.

Existe música que está diseñada para llorar, como los pasillos, y música que fue diseñada para no llorar. Para las rupturas, por ejemplo, puedo aconsejar a ojo cerrado la música electrónica: desafío a todos a que encuentren una sola canción de este género con letra morelia o notas deprimentes; ¡NO HAY! Es más: si tuviera consulta, recetaría ALFA RADIO (98,5 F.M.) a todo el que viniera con mal de amores. ¡Nadie se deprime con ese tipo de música!.

Siempre me he preguntado qué pasaría si unos extraterrestres llegaran a la tierra y se toparan con un grupo de personas  bailando frenéticamente en una discoteca o cantando a grito pelado en una guitarreada… ¿entenderían realmente lo que está detrás? ¿o fríamente juzgarían estas conductas como “poco adaptativas” y nos lanzarían el rayo-de-la-muerte que nos aniquilaría?

En lo que a mí respecta, la música es tan importante que cuando me muera, estoy segura que en lugar de las imágenes que dicen las personas que ven desfilar en los últimos momentos voy a tener un soundtrack interminable:  de lo que me gusta escuchar y de lo que no me gusta... que me transportará- citando a Buzz Lightyear- "Al infinito... ¡Y más allá!". Porque cuando todo acaba, cuando se apagan las luces y se cierra el telón, cuando las personas se van,  como dice Aute, solamente "queda la música".

lunes, 15 de septiembre de 2014

Doble moral


Es bueno de vez en cuando “echarse una canita al aire”. Esto hace referencia a la posibilidad de salir con una mujer en términos informales mientras se está casado… ¿Infidelidad? No, no, no… Para nada, hermanos, infidelidad es cuando un hombre mantiene una relación con otra mujer. La “canita al aire” es simple coqueteo, a veces besitos y si uno está de suerte, sexo. Pero no es infidelidad, porque no se vuelve a ver a la susodicha y no se involucran sentimientos. Hay que entender:  las mujeres a veces se lanzan a los hombres… No se puede decirles no, luego ellas mismas se encargan de andar hablando mal , diciendo que como el varón no hizo nada ha de ser que es marica o en el mejor de los casos, mandarina.

Es que los hombres están para eso, para demostrar que son hombres en todas las etapas de su vida. Antes de casarse, deben tener mucha experiencia : “Vacila mucho, hijo mío, pero no te enganches, ven te acompaño a la farmacia para enseñarte a comprar preservativos, ya te muestro después cómo se usa”. Estando casados, la “canita al aire”, el lapdance en el 5-15 o una salida al cabaret son siempre opciones. De divorciados, levantarte a una chica, acostarte con ella y no volver a llamarla es lo mejor de la vida. ¡Nada como haber recuperado la libertad!


¡Cuidado mijitas con andar coqueteando con cualquiera!. Estás casada, chica, no puedes salir ni a tomar un café con el compañero de trabajo, ¡qué va a decir la gente! Además, si ya saliste, a ese señor se le cruzaron los cables y al rato ya te está proponiendo ir a almorzar la próxima a un lugar más discreto. Nunca te permitas ni mencionar lo guapo que está un actor, que tu marido ya se pone malgeniado y el viernes te lo hace pagar saliendo con sus amigotes y regresando a horas imposibles sin dar explicación. Si piensas, fantaseas o miras a otro varón es pecado, recuérdalo: por palabra, obra u omisión, si estás casada todo es infidelidad. Es que las mujeres estamos para perdonar, hacernos las ciegas, sostener el matrimonio: ¿no dicen que somos el “pilar del hogar”?

Habiendo nacido mujer hay que ser sensata y no sexuada. Antes de casarnos, lo único que nos dicen sobre el sexo es “Cuidadíto con quedarte embarazada, ya verás quién se hace cargo del guagua”. No nos llevan a farmacias a enseñarnos donde quedan los preservativos, ni nos aconsejan cargar uno en la billetera “por si se nos presenta la ocasión”. Nadie nos da una charla con banano en mano para enseñarnos a poner el condón en caso de que nuestro vacile se haga el pendejo y nos diga que no puede porque está muy nervioso o “mejor hagámoslo al natural”. ¿Espectáculos de streap-tease masculino? Solo las locas desesperadas van a eso. ¿Adquirir experiencia antes del matrimonio? Solo las zorras que no van a encontrar nunca marido andan de hombre en hombre. Ni se hable de “canitas al aire” durante el matrimonio. Y de divorciadas, ¡qué libertad ni qué libertad!. Tienes que mantener una conducta aún más intachable porque el que menos te vé con cara de “disponible como juguete sexual” así que mejor agacha los ojos, no sonrías a nadie y ponte un manto de santa, nada de andar de novio en novio o de vacile en vacile, que vas a ser un pésimo ejemplo para tus hijos.

¡Ay la doble moral!

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Carta a mis amigas


Queridas amigas:

No quisiera comenzar por decirles que les extraño, porque no es verdad; no siempre se escribe a quien te hace falta, creo que las cartas son más bien para poder manifestar aquellas cosas que en persona son difíciles de decir. Dicen que las mujeres somos super expresivas, pero debe ser porque el parámetro de comparación – el género masculino- es altamente deficitario. No es que no haya sido sincera en persona, sino que creo que muchas cosas que les he dicho con abrazos, apretones de manos, copas de vino o emoticones, tal vez ameritan ser escritas también…

Entre nosotras cuchicheamos sobre todo, criticamos a los demás,  nos actualizamos de nuestras vidas. Hablamos de hombres: vaciles, novios o maridos, y les odiamos si la aludida  le odia para volver a quererlos inmediatamente si hay reconciliación al horizonte… Hablamos de sexo a punta de sobreentendidos evitando el “detalle creepy”, de trabajo si nos estresa, de los seres queridos que se nos enferman y se nos mueren, de los bebés que ya llegan, de los viajes que hemos hecho o que haremos algún día, de los hijos y sus “notas”.

Estos últimos tiempos, siempre que he necesitado alguien para compartir mi vida han estado ustedes. A través del océano o a vuelo de pájaro, en mis despertares ultra tempranos o en mis noches de insomnio, con pantalla de por medio o solo el escritorio de la oficina, siempre me he encontrado con alguna de ustedes en el momento preciso. Ya sea para reírnos tan fuerte que pareciera que estamos locas, o para poder llorar como guagua escapando que nos boten de algún lugar público.

Quiero agradecerles, amigas, porque entre risa y llanto, he ido entretejiendo una historia en común con ustedes, una historia que se siente tan ligera que sé que podrá volar a través del tiempo como un ser inmortal y a la vez tan fuerte que se parece a aquella red que tienen los acróbatas del circo para rescatarles cuando algo sale realmente mal.

¡ Gracias amigas !

domingo, 7 de septiembre de 2014

Yo no soy así


Tenemos una definición de nosotros mismos, lo que los psicólogos llamamos el “yo”, “el sí mismo” , la personalidad, el autoconcepto. Todo lo que podemos decir sobre nosotros es la imagen interna que nos hemos ido forjando a través de los años y es realidad una especie de resumen de las reacciones que hemos tenido frente a las  experiencias que vivimos.

Suena muy teórico, pero tomando el ejemplo del niño siempre es más fácil entender el proceso.  Imaginémonos un niño en la época de la guardería. Se encuentra con un montón de desconocidos… unos le arranchan los juguetes, otros le dejan jugar con los suyos, algunos no paran de llorar y los hay muy sonreídos… De ellos dicen los adultos que son “respetuosos”, “bravucones”, “llorones”,  “alegres”… Las personas alrededor interpretan y traducen lo que cada uno hace, le ponen un nombre, y así como hablan de los demás, también nos dicen: “no seas tan tímida” “eres demasiado revoltosa”, etc.

Así interiorizamos nuestro autoconcepto. Crecemos pensando que somos de una manera u otra, y cuando somos adultos, podemos fácilmente describirnos diciendo: “soy inteligente, divertida, ecologista, un poco malgenio, estricta, justa, etc, etc”. Aprendemos incluso a seleccionar lo que vivimos en función de este autoconcepto: si creo que soy tímida, ¿realmente voy a aceptar salir con alguien que acabo de conocer a una cita face-to-face? ¡Ni en sueños!, esa es la situación-tipo que tiendo a evitar porque “no va con mi personalidad”.

Dentro de todo lo que pensamos sobre nosotros mismos,  algunos de estos rasgos nos gustan, otros no. Quisiéramos potenciar los que nos parecen buenos, y lo hacemos en realidad constantemente, pero también quisiéramos deshacernos de aquellos que no nos gustan; desgraciadamente también estos rasgos los potenciamos día a día: perezosa, desordenada, sincerota, ingenua…

¿Podemos deshacernos de estos rasgos? ¿Podemos cambiar quienes somos?

Si le preguntamos eso a alguien la  primera respuesta es un NO rotundo. Mi amiga Andrea, por ejemplo, me acaba de decir que no se puede ser “un poco menos yo”. ¿Por qué? Porque nos resistimos a cambiar "nuestra esencia". ¿Cuántas veces no hemos dicho: “Yo no soy así”.?

Sin embargo, pensemos un poquito más: si mi definición de mí mismo se forjó en una serie de experiencias en las que actué de una manera, ¿no será que actuando de manera diferente puedo llegar a cambiar esa definición de mí mismo?

(By the way, el momento en que queremos cambiar algo de nosotros mismos es cuando nos hemos dado cuenta de que nuestra manera de SER siempre nos lleva al mismo tipo de situaciones que no nos hace sentirnos bien).

Digresión aparte, yo creo que sí se puede… Siempre que la motivación esté ahí y que seamos lo suficientemente perseverantes. Si pienso que soy mala bailarina, una única solución se me presenta por delante: tomar clases de baile. ¿Voy a llegar al nivel profesional con una sola clase? ¡Noooooo! Seguro que en la primera clase me va a ir fatal, y en las 10 siguientes seguiré sintiendo que soy muy muy mala en eso. Pero al llegar a la 20ª de repente encontraré que lo estoy haciendo muy bien,y ni siquiera podré saber en qué momento preciso se revirtieron las cosas. Y un día tal vez podré decir: “sé bailar salsa muy bien”.

A veces lo que intentamos cambiar es más complejo y no es tan fácil saber qué camino se debe transitar para llegar al objetivo: por ejemplo, si mi “tarea” no es “ser mejor bailarín”, sino “dejar de ser inocente”… ¿Cómo lo hago? ¿Qué experiencias debo acumular para perder la inocencia?

Hace poco decidí dejar de ser tan miedosa: odio las películas de terror, me estresan un montón, y por ello hace muchísimos años que no veo nada de este género. Empeñada en “no ser tan yo misma”, me compré la película Mamá y me la vi solita. ¿Y qué creen? ¡Lo logré!  (Debo confesar que, para minimizarme el daño psíquico, me la vi al medio día y corté varias veces el sonido porque sabía que sino me iba a dar un infarto). Ya ya, suena cobarde. Pero el punto es que comencé a transitar el camino. Está aún lejos ver en pantalla gigante y con  Dolby Surround Actividad paranormal o The ring. Pero ¡quién dice que no lo voy a lograr!. Yo sé que es posible siempre y cuando le ponga el empeño necesario.

Todo esto para decir que, aunque se trate de cosas tan complejas como  “perder la inocencia”, creo que sólo hay que buscar el camino adecuado y perseverar para lograrlo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Life after love


"Nadie se muere de amor". Es lo que suelen decir las abuelitas desde la sabiduría de sus años cuando ven a la gente joven destrozada tras una decepción sentimental.

El mismo cuestionamiento - o casi - lo plantea Cher en una canción media vieja en la que el estribillo dice :
Do you believe in life after love
I can feel something inside me say
I really don't think you're strong enough »

Ayer estuve conversando con mi sobrina sobre este tema, en un café improvisado después de una compra compulsiva de libros. No sé bien cómo llegamos al tema, pero me contó su decepción amorosa y acabé reflexionando en voz alta sobre eso.

Es verdad, “nadie se muere de amor”. Pero el que vive la decepción siente que no hay vida después del amor. ¡Es tan difícil seguir viviendo con la falta de amor!: seguir despertándose, mantener las rutinas, estudiar, interactuar con lo demás, comer, dormir y volver a vivir día tras día. Así no lo querramos, todas las pequeñas cosas de la vida siguen adelante y casi no hay fuerzas para realizarlas sin amor. Porque el amor fortalece, y sin él internamente hay la pequeña voz que nos dice que no lo vamos a lograr, la misma que le susurró a Cher el estribillo : «realmente no creo que seas lo suficientemente fuerte ».

Lo sorpresivo de todo es que, a fuerza de levantarse sin ánimo, de verlo todo negro, de creer que estar muerto es mejor que ese estado de no-amor… poco a poco el impulso de vida toma la delantera , y vamos viendo que en realidad la vida es bella pese a que ya no hay esa persona amada : los amaneceres son espléndidos, la sonrisa de un niño nos hace sentir bien, hacer bici en el parque bajo el sol es maravilloso, un nuevo libro es una aventura, un café con una tía y un pedazo de pastel pueden ser momentos muy placenteros (eso espero).

Una de las lecciones  que intenté  transmitirle a mi sobrina es que, a través de estas pequeñas cosas, la vida nos está diciendo : « sigue adelante, no te rindas tan fácilmente, esto vale la pena ».

Claro, a nadie le gusta sufrir. Nadie piensa que una buena ruptura es mejor que una mala relación (sólo los psicólogos podemos pensar tan retorcidamente). Eso hace que muchas veces aceptemos relaciones nocivas, como las que describí en « Amores negros ». Las personas creen que hablé únicamente de lo que se recibe en la relación, pero no es así. En realidad, un « amor negro » es también aquel que potencia tu sombra, que te vuelve sospechoso, celoso, poco creativo, negativo. El amor bueno siempre te hace crecer. Te hace sentir lleno, triunfante, bello, vencedor. Por ende -le dije a mi sobrina- una segunda lección a sacar de las decepciones amorosas es que "Si no fue bueno, no era para tí" ,  y debes aspirar a conseguir ese tipo de relación positiva así te tome la vida entera el encontrarla.


Cuando uno está en plena decepción, en general no quiere oír eso de « ya pasará ». La persona se encuentra sumida en un estado de postración en el cual mejor sería que le oferten un valium y 10 cajas de kleenex. Consciente de ello, también me puse en los zapatos de mi sobrina y como obviamente mi hermana me mataría si le diera una sustancia psicotrópica (y ni  siquiera sé como conseguirla), intenté un sustituto empático :  le dije a mi sobrina que tiene el derecho a guardar  su corazón bajo cuatro llaves el tiempo que considere necesario hasta que se reponga, pero que no lo deje ahí para siempre.


¿Por qué ? Porque la tercera lección que deja una decepción amorosa es: « te enamoraste y te dolió un montón, pero está bien que lo hayas hecho, así haya salido mal».

Esta es la lección más importante : la capacidad de amar está en tí, no en la persona que amaste. Esta sólo tuvo la ventaja de toparse contigo en la vida y recibir ese amor para el cual no estaba preparada. Pero no posee tu amor. Tu amor está en tí, ahora herido y alicaído, pero puedes curarlo y si encuentras otra persona podrás volver a amar, no igual, pero de otra manera, tal vez mejor. Podrás equivocarte de objeto amado, pero quien realmente se equivoca es aquel que piensa que se lo merece y no sabe que son pocos los que poseen la potencialidad de amar. Y algún día encontrarás alguien que lo entienda y te retribuya con un amor igual.

Entonces, en resumen, lo que le dije a mi sobrina,  y que creo que las abuelitas tratan de decir (pero en su sabiduría – o su cansancio- abrevian) es : "nadie se muere de amor, sí hay vida después del amor y siempre será mejor porque eres lo suficientemente fuerte para entenderlo y seguir intentándolo".


lunes, 1 de septiembre de 2014

Amores negros


Hay amores de todos los colores.

Los hay transparentes, tan puros que en ellos se refleja el alma. Los hay rojos color pasión, rosados cursis y fucsias de quinceañeras.
Hay amores como el arcoiris, que cambian de color cada día  y que el sol va destiñendo con el paso de los años. Hay amores que brillan y hacen brillar y que como el agua alimentan. Amores que sacuden el piso y  equilibran péndulos. Amores que son refugio y hogar para el corazón.

Y hay amores de otro tipo, que desatan pasión y arrancan lágrimas. Son amores que rechazan la caricia amante, huraños y despiadados; que minan la autoestima a golpe de ausencia de piropos, de falta de detalles. Amores de esperas truncadas, que celan y encierran, que se roban la inspiración; amores  que causan inseguridad y generan sospecha constante. Son amores que absorben la energía y la belleza y dejan en su lugar un vacío eterno. Amores que son nada, sombra y oscuridad.

Son amores negros.