Mi
amiga Andrea posteó el otro día en Facebook que la música la transportaba a
ciertos momentos y vivencias específicas en su vida…Creo
que todos asociamos músicas a momentos. Música que nos acompañó en épocas de
nuestra vida, música con la que nos reímos tanto que aún nos arranca sonrisas
al escucharla, música que nos coge desprevenidos a veces y nos hace llorar al
desenterrar un recuerdo u otro.
La música
es extremadamente importante en la vida del ser humano. No sé si para todos esté al
nivel de la alimentación, el sueño o la reproducción, pero por lo menos para mí
por ahí va. Creo que deberíamos pensar mucho sobre qué canción vamos a escoger
para los momentos trascendentales que nos toca vivir: la graduación, el
matrimonio, el nacimiento, nuestro velorio, la canción de cuna que cantaremos a
nuestros hijos…
Personalmente,
la música de los 80 me regresa sin remedio a esa época adolescente en que iba a
fiestas, la música me destrozaba los tímpanos y tocaba bailar con una serie de
chicos torpes y tímidos (seguramente tan torpes y tímidos como yo), que
terminaban declarándose sin ninguna esperanza porque yo –como cualquier otra
adolescente que se respetaba- estaba enamorada del imposible-tres-años-mayor
que ni me regresaba a ver… Y aunque todos suspiramos en esa época con las primeras canciones de Arjona, ahora que tenemos el "amor sofisticado" le lanzamos tomates al pobre hombre (osea: le hacemos bullying por el facebook con los memes del momento).
Hay cantantes,
por ejemplo, que están ya "vetados" en nuestro repertorio personal porque, asociados a personas específicas,
no podemos evitar evocarlas cuando suenan en la radio: José José, Red Hot Chili Peppers, Alejandro Sanz, Joaquín
Sabina, Gun's and Roses… los zapereamos irremediablemente
por asociación.
Pero no solo importan las canciones que hemos asociado a alguien: en un pop-quiz en mi Face pregunté a mis amigas qué canción les hubiera gustado que alguien importante se las dedique... Y descubrí lo que ya sabía: tapiada en el fondo de nuestro corazón, tenemos todas una magnífica canción que nos cantamos a nosotras mismas sabiendo que aunque nadie nos la dedique, es aquella que nos merecemos.
Existe música
que está diseñada para llorar, como los pasillos, y música que fue diseñada para no llorar. Para las rupturas, por ejemplo, puedo aconsejar a ojo cerrado la música
electrónica: desafío a todos a que encuentren una sola canción de este género
con letra morelia o notas deprimentes; ¡NO HAY! Es más: si tuviera consulta,
recetaría ALFA RADIO (98,5 F.M.) a todo el que viniera con mal de amores. ¡Nadie se
deprime con ese tipo de música!.
Siempre
me he preguntado qué pasaría si unos extraterrestres llegaran a la tierra y se toparan
con un grupo de personas bailando
frenéticamente en una discoteca o cantando a grito pelado en una guitarreada…
¿entenderían realmente lo que está detrás? ¿o fríamente juzgarían estas
conductas como “poco adaptativas” y nos lanzarían el rayo-de-la-muerte que nos
aniquilaría?
En lo que a mí respecta, la música es tan importante que cuando me muera, estoy segura que en lugar de las imágenes que dicen las personas que ven desfilar en los últimos momentos voy a tener un soundtrack interminable: de lo que me gusta escuchar y de lo que no me gusta... que me transportará- citando a Buzz Lightyear- "Al infinito... ¡Y más allá!". Porque cuando todo acaba, cuando se apagan las luces y se cierra el telón, cuando las personas se van, como dice Aute, solamente "queda la música".
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