Según
la RAE, "abrumar" tiene cuatro acepciones: que agobia con un peso grave,
preocupar gravemente, producir tedio o hastío, producir asombro o admiración…
Una de
mis hermanas me dijo que soy “abrumadora”. Espero que al referirse a mí haya
pensado en la cuarta definición.
Hoy comenzaré con las que atañen a los
hombres, y dejaré para una reflexión posterior las de las mujeres:
1) Los hombres son cazadores: dice una de mis hermanas que
a los hombres no les gusta que se les sirva las cosas fácilmente. Las mujeres
debemos “hacernos las duras”, ser
difíciles en el cortejo, para que el hombre sienta que hace algo trascendental
al intentar estar con la mujer. En pocas, debemos hacerlo sentir incoscientemente en competencia con otros (como las aves que compiten con sus plumajes), y sólo después de algo
de lucha (queda a discreción de la involucrada determinar el cuánto debe durar
esta fase) dejar que crea que tiene el mejor plumaje declarándolo vencedor de esta contienda absurda. Ponerlo en pelea con su complejo de inferioridad sin que se dé
cuenta; y ayudarlo haciéndolo sentirse conquistador: Psicología para primates no
evolucionados 1.0
2) Los hombres no maduran antes de los 35: En esta sociedad, según otra de mis
hermanas, la edad de madurez ha venido siendo empujada hacia delante por la
escolarización prolongada. Ahora los jóvenes tienen que ir 4 o 5 años a la
universidad para el pregrado, otros 2 mínimo para la maestría, 5 más para el
doctorado… En el mejor de los casos a los 27 recién se topan de cara con la
vida real: conseguir trabajo, hacer una carrera, irse a vivir lejos de sus
padres. A veces esto les toma más tiempo, así que pasados los treinta (como
hasta los 35) siguen siendo hijos de papá (o del estado, gracias al Senescyt).
Mientras tanto, las mujeres -con igualdad de oportunidades- tienen sin embargo
algo que hace “Tic-Toc” en su hipotálamo, el famoso reloj biológico que les
impone un criterio de realidad que escapa al sexo masculino. Resultado: construyen una vida más rápidamente y se
decepcionan al toparse con pseudo –adultos masculinos que siguen tratando de
superar la adolescencia a nivel relacional: Psicología sociológica 2.0
3) Los hombres tienen problemas de velocidad de reacción:
Mientras las mujeres son capaces de procesar más de dos estímulos simultáneamente,
los hombres en general procesan lo que sucede una cosa a la vez. El que no lo
crea ¡que trate de mantener una conversación sostenida con un hombre que maneja
en plena hora pico! Esto que les pasa con las conversaciones les pasa en las
relaciones. Las cosas discurren a una velocidad tal que no logran procesarlo
todo: mientras la mujer ha avanzado de diez yardas, él sigue en la línea de
partida. Cuando ella lleva ya un gran kilometraje, él recién se va
acomodando a la velocidad de la partida; y cuando ella le ha dado tres vueltas
a la relación y ya está cansada de correr, él recién se embala. Resultado: en
1, 3, 5, 10 años, el hombre recién se da cuenta de lo que tuvo y lo que perdió,
mientras ella ya ha recorrido de largo otros caminos y ni siquiera tiene
interés en regresar a ver esa carrera. Combinación de Psicología del Diario Vivir para Dummies con Psicofisiología avanzada 5.3.
4) Los hombres tienen miedo al compromiso: basta con que su
pareja les diga “necesito algo más serio”
para que se desencadene un radar con el chip pre-programado que les traduce “quiero anillo, guaguas, triciclo, casa, perro y
que te sangres trabajando para tu familia en un trabajo aburrido”. Los hombres sospechan de las intenciones
de las mujeres: “si se quedan a dormir en
el departamento, luego quieren el departamento” “si te dicen que toman la
píldora es porque quieren atraparte con un hijo”. Ese sesgo, seguramente
avalado por patrones relacionales nocivos previos, hace que se pongan a la
defensiva ante cualquier propuesta seria… ¿Resultado? Hombres intermitentes que
oscilan entre el querer y el no querer , el hacer y el no hacer, el estar y no
estar. Frente a esto: dilema femenino del responder o no responder, actuar o no
actuar, permanecer o no permanecer: Psicología del inconstante nueva versión DEMO.
5) Los hombres tienen miedo a la "vagina devorante": tienen
miedo del poder que ha adquirido la figura femenina frente a ellos. La mujer en
los patrones relacionales “tradicionales” es débil, receptiva, pasiva, dulce y santa; las mujeres de hoy por el contario se muestran asertivas, activas,
interesantes, dominantes. Resultado: los hombres, obsesionados por desempeñarse
como “hombres” (alias: ser los que guardan el poder relacional y sexual), se
topan con mujeres que demandan otro tipo de relaciones; ellos no saben como
responder y no pueden simplemente "rendirse ante el enemigo”: deben guardar la
fachada de soldado-que-lo-domina-todo, pero no lo logran: fracasan en el plano
relacional o sexual, o en ambos. La mujer intenta ayudar, el hombre no la deja;
impasse técnico-sentimental, que da como resultado una mezcla de psicología
psicoanalítica, teorías de género y frustración conductual: un clásico Curso introductorio para principiantes en relaciones post-modernas.
Lo
que les pasa a las mujeres… ya quedó para otra reflexión.
quizás lo que quiso decir tu hermana es una mezcla de ambas cosas: que le haces perder a uno las coordenadas fácilmente. Algo así como cuando se dice que alguien es una tromba (al parcer del italiano tromba: trompa) -ni bueno ni malo, claro... a menos que alguien entre como tromba y uno esté ahí delante.
ResponderEliminarTendríamos que pasar entonces a hacer una fenomenología de lo que es "estar-ahí-delante"... o bien a una interpretación psicoanalítica de qué significa ser tan rápido. uf! ya siento como si estuviera corriendo detrás de tí. Pero bueno, tal vez se trata precisamente de eso: ser rápido es ante todo (o a partir de cierto momento) una cuestión social: ser rápido para otro. Con las ventajas y desventajas que tiene ese desface y que en el punto más extremo se parecen a las de la información en tiempo real (a no ser que uno vea la velocidad sin límites como perfección ilimitada). Claro que no creo que ese sea tu problema, porque precisamente abrumar viene también de bruma: o sea que en este caso la velocidad introduce ruido en el sistema y, con toda seguridad, también se sabe autoregular para evitar los percances de tanta agilidad. A propósito, hace poco miré una película de Benigni, El tigre y la nieve. Este tipo es precisamente una tromba... uf genial. Y justamente por eso su mujer no puede quererlo. Qué interesante.
Bueno, no hace falta decir que soy un especimen de género másculino y al parecer (o todo indica que) me sentí un poco tocado en mi lentitud.
Gracias Adrián por tu comentario... creo que el término usado por mi hermana apunta en esa dirección que tú puntualizas. Pienso definirlo en la parte dos de esta entrada, en la que hablaré de los especímenes femeninos... hasta entonces y gracias por leer el blog!
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