lunes, 27 de abril de 2015

Alma milenaria

Mis padres suelen decir que cuando me veían desde bebé yo tenía la mirada de  una  “alma vieja”.

Debo decir que aunque mi madre sea profundamente católica y mi padre medio ateo, tienen algunas creencias en común, entre ellas este asunto de la reencarnación de las almas para poder acumular aprendizajes y algún día, acceder a otro estado, tal vez mi madre lo llamaría vida eterna y mi padre el universo…

Un alma vieja es, según lo que he podido colegir, un alma que ha acumulado ya algún saber y cuyas percepciones la llevan a hacer elecciones diferentes; ya no se interesa por las mismas cosas que los demás y su recorrido tiende a no ser convencional puesto que sus preocupaciones son otras.

Mi percepción interna de esto que dicen mis padres, hasta hace poco, era solamente que yo ando media “traspapelada” en relación a los demás. En verdad, no me interesan varias cosas que les preocupan a un montón de personas y hay cosas que son trascendentales para mí que no le interesan a nadie. Siempre pensé que era yo sólo un “bicho raro” y que mis padres me decían eso como consuelo. Para mí, no existían tales almas, puesto que no había encontrado a nadie que encajara en esa descripción.

Sin embargo, ahora me he topado con una persona que posee este tipo de alma y el poder contemplar desde fuera me da la perspectiva de que tal vez es verdad  que hay un diferente nivel de “madurez” en cuanto al aspecto psíquico de las personas. Aún no sé si esto venga de la reencarnación, porque yo soy agnóstica en varios aspectos, pero en todo caso hoy puedo dar testimonio de que conozco por lo menos un ser que posee este tipo de alma.

Esta persona tiene una manera de ser muy peculiar. Su caminar tiene una elegancia particular, que no surge de la ropa que usa ni de su aspecto interior, sino de un extraño desprendimiento de la situación cotidiana; pareciera que no va a ningún lado, porque no se lo ve con prisa y al mismo tiempo hay algo en sus ademanes que deja entrever que allá a donde va hay cosas muy importantes que van a suceder.

Con este ser se puede hablar de todo, y todo adquiere un tinte diferente. Ve la vida con ojos de luz, siempre quiere saber más. Aquello que sucede frente a su mirada se transforma por lo que sabe, lo que ha vivido, lo que ha investigado, lo que le han contado. Y a la vez hay una sencillez en sus palabras, un afán sólo de compartir, de distribuir aquello que sólo él ha sabido asimilar.

Él no juzga a las personas por lo que ve, establece contactos alma-alma. Se va abriendo camino a través de las máscaras que ponen los demás y enciende luces pequeñitas que van alimentándose en el interior: es que estar a su lado es como apegarse a una hoguera que calienta e ilumina.

Tengo el privilegio de compartir el camino con él en este momento. Nunca he sentido tanta paz, tanta ternura, tanto vértigo y felicidad como ahora. El tiempo a su lado es excepcional; las horas se pueblan de palabras, de calor, de belleza, de armonía. Cada actividad adquiere un sentido diferente. Estamos pintando juntos un mural, pero hasta “pintar” es una palabra que no puede englobar lo que se siente en ese momento: ahí donde no había nada, van surgiendo formas, van cristalizándose figuras, las almas se conectan y de repente todo se transforma y de esta mezcla surge una sensación indescriptible, difícilmente plasmable en palabras. Es como volar con pinceles.

Si hay almas viejas en el mundo, creo que me he topado con una milenaria. 

Agradezco por esta oportunidad a la vida, porque ahora entiendo que sólo al lado de un alma así podré concretar ese famoso aprendizaje que mis padres creen que vienen a hacer las almas en cada encarnación al mundo. 



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