Mucho en la vida es cuestión de límites. Los países han
trazado líneas imaginarias que los dividen entre ellos, y manejan relaciones de
poder en función de ellas. Los psicólogos nos matamos enseñando a los padres de
familia que hay que “poner límites a los hijos”, márgenes imaginarios entre los
cuales se debe manejar la conducta. Hay límites que separan mi propiedad de
la del vecino, límites del espacio corporal que es correcto manejar entre
personas, límites y más límites…
Trazamos estas fronteras para poner orden a un algo que en
toda su extensión tiende a ser caótico. El límite nos dice desde dónde- o hasta
donde- actuar, interpretar, colegir algunas cosas.
Pero a veces es
difícil, justamente, dibujar esta la línea divisoria.
Conversábamos el otro día de la campaña que existe contra
la violencia sexual. En un spot publicitario dicen “si te roba un beso, es
violencia sexual”. En una publicidad radial se narra la historia de una pareja
en la cual el varón poco a poco solicita de la chica que no salga tanto con las
amigas, que se quede más vale con él, y
así la va cortando de toda su red social… Mi amiga Susy solía decirme que su
esposo era muy parco en afecto y ella por el contrario muy expresiva, pero que
a veces acababa sintiendo que le obligaba
a demostrar su amor.
¿Dónde está la línea divisoria entre el flirteo romántico y
el abuso?¿ Entre la real gana de estar más con alguien y el cortarle su red?¿ Entre
el solicitar atención y el mendigar amor?
Esto también es una cuestión de límites ¿no?
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