lunes, 8 de junio de 2015

Abrumadora (parte II)




Hace ya varios meses hice un ejercicio clasificatorio de los tipos de hombres, y dejé pendiente el de las mujeres… Creo que en realidad ese ejercicio hacia mi género le compete hacerlo a un varón.

Voy a hablar únicamente de la categoría en la que mi hermana me catalogó, que es la mujer abrumadora. Durante meses he venido pensando qué es lo que se esconde detrás de este calificativo. Porque no suena a piropo ni a comentario positivo, no nos engañemos. Abrumadora suena mal: suena a avalancha de nieve que aplasta; a algo que asusta; a demasiado.

En la base, creo que la mujer abrumadora es demasiado inteligente y educada. Eso quiere decir que es la mujer con la cual se va a poder conversar de cualquier tema: si ella lo conoce, hará aportes interesantes; si desconoce del mismo, escuchará con interés para aprender. No emitirá comentarios sin tener argumentos pero así mismo no aceptará verdades que no estén a su vez sustentadas. Eso puede resultar abrumador, porque demanda tener interlocutores del mismo nivel. El exceso de seguridad en sus ideas, la lucidez de saber hacia donde se camina es realmente abrumador para algunos.

Además, la mujer abrumadora es una mujer libre. No le teme al estar sola ni a hacer cosas ella misma. Fundamentalmente, no está esperando la ayuda masculina para vivir su vida. Su antítesis: Rapunzel que sólo se baja de la torre para explorar el mundo cuando asoma su “príncipe”. Así, esta mujer no temerá experimentar cosas nuevas, y se auto rescatará de las circunstancias que lo requieran, agradeciendo la ayuda si esta se presenta pero sin esperar a que llegue para actuar. Esta mujer vive plenamente su vida sin quejarse de no tener “un hombre que la respalde”. Toma decisiones, ejecuta acciones y cuando es necesario, barre los platos rotos, sin amargarse ni tirarse a morir. Eso también puede resultar abrumador.

La abrumadora es exitosa a nivel profesional; ama su trabajo y , así se presentara la ocasión, no lo cambiaría por el estatus de “felizmente mantenida”. Eso la lleva a ser independiente en el terreno financiero: no necesita que la mantengan ni pretende que lo hagan y dispone de sus gastos sensatamente. El dinero no es su obsesión, no se define por él. No le ofende recibir una invitación pero tampoco se priva de invitar y no se detiene a  pensar en si afectará la masculinidad de su acompañante el pagarle una invitación o  regalarle algo. Abrumador.

La mujer abrumadora tiene carácter y no se priva de ser ella. No intenta agradar a toda costa y no compromete su manera de ser para ganarse el afecto o la permanencia de una persona a su lado. No finge ser otra, así el exceso de sinceridad sobre si misma le cueste caro. Tiene pasado y está orgullosa de él. Es la antítesis de la “mosquita muerta”, esa que en el encuentro ensalza al otro para que se sienta el “único”, el “primero”, esa que le da la razón siempre y se convierte en su sombra. La abrumadora no será “la gran mujer que está detrás de cualquier hombre”. Caminará al lado de personas iguales, nunca detrás. Abrumador seguirle el paso.


Me han dicho varias veces que no es bueno develar esto y que es la razón por la cual me encuentro sola.

Porque frente a las mujeres abrumadoras, el género masculino reacciona de una manera bastante incoherente. En primera instancia, se siente irremediablemente atraído; su instinto le dice que mujeres así no hay muchas en el mundo. Hace todo por conquistarla, literalmente le baja hasta la luna. Una vez que logra estar con ella, descubre otras facetas en las cuales también es abrumadora. Como en el amor, en donde ella se da sin reservas y sinceramente, sin mezquinar el afecto, sin chantajes, apasionada y totalmente entregada a la relación. Al vértigo del primer momento poco a poco le va sucediendo una serie de cuestionamientos: ¿no me estaré enamorando demasiado? ¿estaré listo para una relación así? Y entonces, lo “abrumante” comienza a abrumar: no la puede controlar, ni financieramente ni intelectualmente; no puede cambiar su carácter, porque ella se resiste; no puede aislarla para que otros no se sientan atraídos por ella; no puede reprocharle su desamor porque ella sigue amándolo sin maldades… En pocas, no puede apagar su luz. Y no se siente en capacidad de brillar como ella. Abrumado por esta verdad, de buena o mala manera, sale huyendo de su lado, usando la trillada frase de “no es por ti, es por mí”, que en realidad  adquiere todo su sentido en esta situación.

Bueno, después de muchas horas de análisis al respecto, he decidido que si ser abrumadora es lo que he descrito antes, estoy bien con el calificativo. No voy a pedir disculpas a nadie por ser inteligente, libre, exitosa, independiente, sincera y transparente; no me voy a sentir mal por haber amado demasiado  ni haberme entregado totalmente en la relación. Es más, no voy a dejar que “abrumadora” se transforme en una mala palabra, solo porque el mundo está plagado de seres inseguros en búsqueda de identidad atrasada que se sienten “abrumados”.

Moraleja de esta intensa reflexión:  quien no está dispuesto a aguantar una mujer abrumadora debería pensar dos veces antes de acercarse a ella, porque no va a dejar de brillar para ser sombra de nadie.

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