viernes, 12 de junio de 2015

Alegoría culinaria en tiempos de política


Bueno, sé que en la coyuntura de las manifestaciones de esta semana todo el  mundo anda definiendo su postura: que si están a favor, que si están en contra, que si irán a  la marcha, o a la contramarcha, que si reúnen a ver ambas en la tele…

Yo tengo una gran confesión que hacer: a mí, la política, me HARTA.

Me harta lo que está pasando y lo que siempre ha pasado:¿estar a favor o en contra???? ¿Escoger un bando??? Para mí, lo que está sucediendo no tiene ningún sentido,  no se construye nada criticando lo que existe; si no nos gusta lo que hay, no es cuestión de mostrar nuestro descontento: es cuestión de QUÉ proponemos en su lugar.

Partamos sin embargo desde el inicio, porque nada inicia en una protesta en la calle. Las manifestaciones llegan cuando el ciudadano, desbordado, cree que es su momento de actuar. ¡Cuán errado está el individuo! Su momento de actuar ya pasó hace rato. El momento de actuar no se sitúa cuando la “gota” derrama el vaso de lo que consideramos que no está bien en el manejo de un país, sino mucho antes, incluso es previo a la primera gota que comenzó a llenar el vaso: el momento se venció  CUANDO ELEGIMOS a nuestros representantes.

El momento de las votaciones, para mí, se asemeja mucho a cuando hago compras en el mercado y quiero preparar una receta especial.

Si voy al mercado a comprar algo muy específico y que debe estar -bajo todos los parámetros de calidad- en perfecto estado, algo como, digamos, los tomates (que dicho sea de paso me encantan porque son la base de la mayoría de mis recetas:  sopa, espaguetti boloñesa; ensalada, albóndigas,  refrito, bloody mary) y llego al mercado y todo lo que veo son un montón de tomates podridos, viejos, no maduros, llenos de gusanos…

¿Compro tomates???????

Nooooooo…. No soy ni de cerca buena cocinera (así como no pretendo conocer las costuras de ser un buen estadista, o un buen alcalde), pero soy una buena consumidora de derivados del tomate y sus aplicaciones (equiparable a ser una buena ciudadana). Por eso, cuando voy al mercado y no hay buenos tomates… SIMPLEMENTE NO COMPRO.

Porque no puedo ingenuamente confiar en que van a resultar “buenos” una vez que los haya comprado. No soy chef, pero la lógica me dice que no hay manera que me sirva para ninguna receta un tomate que no está en su punto.


Y sin embargo, en política, siempre nos portamos tan tontos como para comprar tomates que han estado “ofertándose” como buenos tantos años aunque sabemos, desde la primera vez, que eran MALOS y que no sirven ni para reciclarlos en compost para los chanchos. O tomates de dudosa procedencia, que saltan de repente al mercado la última vez que nos quejamos de la producción de tomates. O tomates inmaduros, duros y sin sabor. .. ya me entienden.

Así, siempre que hay elecciones oigo a personas decir “es el menos malo, hay que votar por él” o entre los males, el menor”;  yo traduzco esto a la elección en el mercado y deduzco que son tan insensatos que,  en términos de tomates, lo que me están diciendo es “me como el podrido, pero no el que tiene gusanos”


En lo personal, cuando voy al mercado y los tomates no están buenos, simplemente cambio de receta y me compro unas lechugas.

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