Una
decisión no es ni buena ni mala. Es solo un escoger el camino en una
encrucijada y esperar a ver qué espera a la vuelta de la esquina.
Los
optimistas esperan que lo que vendrá será siempre positivo. Los pesimistas, que
las cosas irán peor. Los realistas saben que lo que espera detrás nunca se
asemeja a lo esperado, pero que no siempre esto es necesariamente malo. Los
espirituales piensan que todo tiene un sentido de crecimiento en nuestra vida.
Los religiosos, que Dios sabe porqué pasan las cosas. Los ateos no creemos en
nada.
Yo no
tengo fe. Cuando las personas me dicen que espere a un futuro, para mí es como
darme binoculares para que vea en el agujero negro y decirme “mira la luz”. Para no ser grosera, a veces pretendo ver en los binoculares y
hasta finjo que creo que habrá luz. Pero yo solo veo negro-negro.
En lo
que yo creo es en el presente. Aquí y ahora, como dicen los gestálticos.
Conjugar verbos en pasado no tiene sentido: qué diablos quiere decir “yo hice?”
“yo dije?” “yo creía?” “yo te amaba?”
En
futuro es peor: “iré a verte”? “Haré la tarea”? “Diré una frase”? “Te amaré”?
Para mí, sólo se vive en presente: “te extraño”, “estoy haciendo”, “pienso”, “te
amo”.
Yo no siento en otros tiempos. Así, no vivo de
recuerdos. Los recuerdos se fabrican a partir de momentos que vivimos. Si
queremos volver a sentir, tenemos que volver a vivir. No alimento nostalgias,
no guardo rencores. Lo que pasó, pasó.
Así
mismo, no creo en promesas. Cuando alguien quiere que algo suceda, lo hace y
punto. No le pone fecha prorrogada. Cuando me prometen cosas en futuro,
simplemente entran en el agujero negro y ya.
Por eso
también vivo intensamente. Cuando algo me entusiasma, lo expreso, cuando algo
me duele, lloro, si algo me exaspera o me indigna, lo digo. Tal vez se me va la
mano en la sinceridad emocional. Tal vez eso abruma a las personas que tengo
cerca. O les molesta.
Pero es
que para mí no hay mañana. Si no lo digo hoy, no lo diré, si no amo hoy, no
amaré, si no lo hago hoy, talvez no lo haga nunca. Mañana tal vez no esté acá.
Es que ese agujero negro es el de la
no-existencia e incluye, obviamente, mi no-existir.
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