jueves, 13 de noviembre de 2014

Deshumanizados



¿Cómo explicar la violencia extrema que se vive en México en la actualidad? ¿Cómo entender el horror impensable que nos espanta, nos duele, nos da asco?  Esteban me pidió que hablara un poco sobre esto, y me ha tomado mucho tiempo de reflexión y de conversaciones para intentar dar una respuesta adecuada al tema.

Desentrañar un problema es un trabajo similar al de hacer un saco con una madeja de lana: se trata de jalar poco a poco el hilo desenredando más y más el ovillo si queremos tejer alguna realidad nueva con el mismo material… 

He aquí el fruto de mi reflexión.

El que menos se ha horrorizado escuchando el suceso de la masacre de los 43 estudiantes la semana anterior. Que en realidad no es la única que ha habido en México. Si uno se pone a revisar la historia de los últimos años en el país, resulta que desde finales de los 90, México vive ya varias matanzas : Aztecal (1997, 45 indígenas muertos), Villas de Salvácar (2010, 60 estudiantes),  1era Masacre de San Fernando (2010, 72 muertos) , 2da (2011, 193 cuerpos en fosas clandestinas), masacre del 27 de octubre (2010, 15 jóvenes), masacre en Ruiz (2011, 15 jóvenes y 29 sicarios), Masacres en Durango (2011, 340 cuerpos en fosas comunes!!!), Masacre en Torreón (2010, 18 muertos). Según fuentes oficiales, son más de 70.000 muertos y alrededor de 25 mil desaparecidos entre 2006 y 2012 (1)

En el estado de la última masacre, Guerrero, se han registrado 5 incidentes de extrema violencia desde 1995, tres de ellos con múltiples muertes. Dos involucraron a estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa,  siendo el último aquel en el que desaparecieron los 43 chicos : en efecto en 2011, un enfrentamiento de estudiantes y policías ya dejó 2 muertos en ese mismo lugar. ¿Los responsables de tanto horror? Hoy la policía, ayer los narcotraficantes, los paramilitares, los zetas, hasta reos que salen de la cárcel con el permiso de la directora (como en la masacre de Torreón !)… Diferentes títulos, misma historia : seres humanos matando a seres humanos…

“Así no era antes México.” Mi tía Sonia y su esposo Jaime estudiaron allá y tanto amor han expresado sobre este país que su hija también escogió a México como destino académico. Creo que quienes han tenido el privilegio de visitarlo aprecian a este país por muchos aspectos positivos que tiene: la acogida, su gente, su cultura, su gastronomía. ¿Qué le ha pasado entonces a México estos últimos años? Las explicaciones abundan: país frontalero con Estados Unidos, migración clandestina, coyoteros, carteles de droga que se han ido instalado como lo hicieron en su tiempo en Medellín los capos del narcotráfico. Pensándolo bien, México tiene ahora una reputación tan mala como la tenía Colombia hace algunos años…

Creo que es real que la droga engendra situaciones sociales tan obscuras que salpican a la población así no se involucre directamente. Mi amiga Alex, colombiana de nacionalidad y actualmente dueña de un spa personalizado, me contó  mientras me daba uno de sus tratamientos la vida que llevaba allá en Colombia en su adolescencia, donde salir a un Centro Comercial a veces rimaba con angustia y con dolor, por el estallido sorpresivo de bombas en la ciudad.

Pero claro, echarle la culpa a la droga es como quedarse solamente en la parte externa del análisis del problema.  México y Colombia son dos países en donde se ha concentrado la violencia y ha llegado a extremos como los que hemos visto en la televisión en los últimos días. Pero la violencia no es exclusiva de esos países: existe en formas variadas en todo el planeta, y es considerada como un problema de salud por la OMS, quien ha emitido informes al respecto (OMS, 2003). El análisis que se hace por parte de este organismo clasificaría a la violencia que sufre México como “violencia colectiva”, y le asociaría los siguientes factores explicativos: Factores políticos (ausencia de procesos democráticos, desigualdad de acceso al poder), factores económicos (distribución desigual de los recursos, acceso desigual a los recursos, control de los recursos naturales, control de la producción y comercialización  de droga), factores sociales (desigualdad entre grupos, instigación al fanatismo, acceso a armas), los cambios demográficos rápidos. Seguro que en México se está dando una combinación de varios de estos factores, que funcionan como un “cóctel molotov” para que estalle un conflicto tan sangriento.

Estos factores van sumando  filas al tejido, sin duda, pero queda aún bastante ovillo de lana que desenredar.

Resulta que los factores culturales también podrían estar involucrados. En conversaciones con mis “chicas Flacso” (amigas que estudiaron ahí y otras que no pero tienen ese sesgo de género), me contaban que hay estudios que relacionan la violencia colectiva con la violencia hacia la mujer. Confieso que no tengo tiempo para  investigar esto a fondo ni para contactarme con las personas que me recomendaron, pero un simple análisis en google permite evidenciar una tendencia a que los “mapas” de conflictos armados (2) se solapen en gran medida con los de “inseguridad física de la mujer” (3) . Ni siquiera vale la pena comentar sobre el mapa de violencia sexual contra la mujer en este mismo México tan querido por todos pero tan machista y dañino para el sexo femenino (4) ni sobre la  tasa abrumadora de violaciones por estado (5) o de feminicidio y violencia sexual (6).

O sea que en esos lugares donde se violenta a las mujeres también hay narcotráfico, corrupción, drogadicción, migración descontrolada, desapariciones, violaciones a los derechos humanos, tortura, conflictos armados.

Llegados hasta este punto de mi reflexión algunos van a comenzar a pensar que se trata de un argumento feminista en contra de los hombres. No, no feminismo. No quiero poner a un género contra el otro y que nos entrampemos en discusiones vanas. Lo que me contaron estas chicas me hizo vislumbrar una realidad nueva frente al problema de estos crímenes sin sentido:  ¿qué tienen en común todas estas personas (policías, narcotraficantes, políticos cómplices, consumidores, pandilleros, paramilitares… ) que comulgan frente al mismo dios de la Violencia?

Todo puede variar: encontraremos gente violenta de niveles económicos diversos, diferentes  orígenes geográficos, cultura, idioma, religión. En realidad lo único que comparten todos sin excepción  es una MUJER, una figura femenina primordial: todos tienen MAMÁ. Mamá, mujer que engendra, que carga al feto durante 9 meses, que lo trae a la vida, que le presenta al mundo; mujer que debe lidiar desde muy temprano con estereotipos asociados a su género, con cambios continuos ligados a su biología, con traumas asociados a su historia…


¿Cómo es la mujer que crece en una sociedad machista? Mil disculpas a los hombres modernos como mi amigo Francisco que piensan que no debemos caer en el estereotipo, pero la mujer en culturas machistas es sumisa, criada en la convicción del rol de cuidado los hijos, del de sometimiento al destino pero sobretodo del de obedecer al más potente de los dueños: el hombre. Primero al padre, luego al marido, la pareja, conviviente, novio… La mujer que crece en un entorno de poder masculino subyuga su identidad a la del varón, le da autoridad sobre sus decisiones, sus pensamientos, sobre su cuerpo. En general, el varón toma el poder y se aprovecha de esta desigualdad: las estadísticas sobre violencia de género están ahí para hablar por ellas solas: maltrato, violación, humillaciones, tortura, feminicidio…

¿Y eso qué tiene que ver con las fosas comunes en México? Pues yo estoy profundamente convencida que el maltrato a la mujer repercute directamente en la relación que éstas establecerán con sus hijos, fruto de la suma de los ADNs del hombre machista que las violenta y de la mujer sumisa que son.

Sumatoria que crece viendo a su madre golpeada, abandonada, desequilibrada, migrante porque el padre nunca se hizo cargo, amargada por las mismas razones. Madre que se abandona al rol materno como una vía de escape a la desgracia de su propia vida, madre que va de hombre en hombre buscando seguridad y sólo recibe más maltrato, madre que cree proteger a sus hijos pero los descuida al permitir que vean este modelo relacional nocivo. Madre  que no cree en la vida, porque la vida significa siempre sufrimiento, dolor, sacrificio. Madre que se enoja, que rechaza, que exige, que llora, que sobreprotege, que chantajea, que se desvive y que se desentiende. Madre que no sabe ser madre, porque no sabe ser antes mujer.

Hijos que crecen sin modelos paternos adecuados, acostumbrados  a ver a las mujeres más importantes de sus vidas (sus propia madres!) rogando de rodillas, suplicando desnudas y sin armas a un hombre (marido, hermano, padre, policía, militar) por su existencia o la de ellos. Dejando que hagan de su cuerpo y de su alma jirones, brasas, llagas, lo que el hombre quiera para satisfacer su afán de poder.

Lo que les estoy contando es el cuento del ciclo de la violencia: niños-oveja que crecen con modelos de lobo y se transforman luego en el lobo.

Los psicólogos humanistas creen que el ser humano es fundamentalmente bueno. Para generar alguien malo, alguien capaz de segar la vida de otra persona, de torturar, de violar, de tomar como objeto sexual a una niña “casándose” con ella, se necesita un “mix” de circunstancias muy especial. Erich Fromm llama a estas personas NECRÓFILAS y dice que, en primer lugar,  debe haber una ausencia de empatía fundamental en ellas; además, deben haber vivido experiencias muy duras desde la temprana infancia, que les dejan cargados de ira. Y finalmente, deben haber tenido también una madre incapaz de amar la vida y de enseñarles a amar la vida.

Creo que con esto voy a cerrar mi reflexión: la vida es el mayor milagro que existe en la naturaleza. Comienza en el vientre de una mujer y se perpetúa en sus brazos, en su contacto. El bebé se humaniza en esta relación, aprende a ser un ser que recibe amor y luego es capaz de darlo. Siempre y cuando frente a él haya una mujer firmemente arraigada en su propia vida, feliz de ser mujer, de existir como una persona que ama y recibe amor. La mujer maltratada no es capaz de perpetuar la vida más allá de la gestación, no contiene al ser creciente, no le enseña el amor a la vida: crea seres deshumanizados.

He tejido en este espacio un saco con la madeja enredada  que me fue entregada, y  si bien el objeto resultante me ayuda a entender mejor lo que pasó en México, me queda la sensación pesada de que entender no es suficiente, si no se puede hacer nada por cambiar la sombría historia que estamos escribiendo como humanidad.




2 comentarios:

  1. Comentario muy psicológico e interesante, bien Francita, me preguntaba con qué tiempos haces esas reflexiones y pensaba también que no las dejes de hacer. Ahí vamos leyendo, un abrazo¡

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  2. Querida Sandrita muchas gracias, siempre hay tiempo para reflexionar cuando no se duerme mucho ;-) Un abrazoooo!!!!

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