martes, 25 de julio de 2017

No existo

Últimamente tengo la impresión de no existir. No es un no existir total, como si no tuviera cuerpo. Claro que existo. En muchas maneras tengo conciencia de existir. Por ejemplo en los kilos demás que trato de esconder detrás de ropa holgada. O en las cuentas de la tarjeta de crédito que no puedo dejar de pagar porque el cobrador me hace arrepentirme hasta de existir.  En otras palabras, en términos de la vida real y pragmática, existo.
Dicen que es la mirada de los demás la que te hace existir. Debe ser cierto. Porque es en la mirada de los demás donde dejo de ser yo y se plasma mi incertitud de la existencia.
No existo cuando la persona que dice amarme me dice también que soy prepotente, agresiva y maltratante, cuando lo único que hago es tratar de evidenciar mi dolor ante su no-hacerme-existir. No existo en la vida de su hija de 22 años que se niega a conocerme y que me bota al espacio-de-la-no-existencia de un golpe de su capricho, espacio en donde me deja su padre de un golpe de culpabilidad no asumida. No existo en la vida de mis propios padres, a los cuales les da igual si me frecuentan o no en la medida en que lo que importa es que les traiga a su nieta para visitarlos y nada más.
Todos lo van a negar… pero a sus ojos no existo. 
La única que es verdaderamente sincera en mi no existir es la hija de mi inquilina, una bebé de 7 meses que no para de ignorarme nunca, consciente de su no-necesidad-de-quedar-bien -con-nadie-ni-siquiera-con-su-conciencia, que mira siempre por encima de mi hombro, buscando detrás mío a alguien más, o tal vez solo a algo más, lo que fuera, para no tener que reflejar en sus ojos mi inexistencia.