Me hubiera gustado ser más estándar… No cuestionarme todo el
tiempo si la vida tiene sentido o no, si lo que pasa ahora importa más que la
niebla del futuro a venir, si ser mujer es más difícil que ser varón, si ser
libre es una utopía o puede lograrse.
Me hubiera gustado ser más como el resto de mujeres aparentan ser, que
cuando les llegan dudas similares (estoy segura que les llegan) se precipitan a un centro comercial para
llenar su armario de ropa bonita, zapatos y carteras y eso les llena a la vez
el closet y el corazón.
Me hubiera gustado ser menos yo. Menos reflexiva, menos
reaccionaria. Menos “feminista” por ejemplo. Poder simplemente entrar en el rol
tradicional en la pareja. Aceptar que el hombre “es así porque es así” y no
pretender a niveles mayores de conciencia y de empatía en pareja. Negociar mis
insatisfacciones. Negar el contacto sexual buscando algo más que se cifra en
reconocimiento, y lograr – a cambio de sexo- llenar el armario de objetos que en
realidad sólo llenan el armario, y que combinan más entre ellos que conmigo.
Me hubiera gustado no tener tanta conciencia del momento. No
percibir la amenaza del hábito en la conducta inmediata. Me hubiera gustado
poder hacer como el resto: proyectarme en un futuro lejano, tener fe, saber que
las cosas van a llegar, creer en un más allá donde todo acaba por estar bien,
en lugar de pensar que mañana todo lo bueno puede desvanecerse o lo malo prolongarse, y que entonces
es mejor intervenir ahorita.
Me hubiera gustado poder entender que el mundo gira alrededor
del reconocimiento, de las comodidades y lujos que aporta el dinero, en vez de
buscar la gratificación en cosas tan nimias como sentir cómo el cabello se
desenreda bajo la ducha, o el calor de un abrazo, o dejar vagar
interminablemente la mirada en los colores de los picaflores de mullos mientras
el corazón palpita desbocado, o en acallarlo lentamente acompasando mi
respiración con otra en el silencio de la noche.