martes, 22 de julio de 2014

Pluralidad vs individualismo


 No creo que nadie nazca siendo esencialmente individualista. El individualismo, enfermedad del alma, se contrae como todas las enfermedades en el contacto con personas infectadas de individualismo. En el seno de nuestras propias familias, en el núcleo de nuestras sociedades, se vehicula la idea de que es bueno juntarse con otras personas sólo si podemos sacar algo que sea en nuestro propio beneficio. No en el sentido de crecimiento personal, sino en el sentido pecuniario, económico, de estatus social. 

Los padres por ejemplo no propician relaciones de amistad según los valores, sino ponen a sus hijos en escuelas en donde “puedan hacer contactos” que les van a servir a futuro. El matrimonio es definido muchas veces como un contrato de intereses, y un buen matrimonio es aquel en el cual las partes se benefician porque ganaron estatus, dinero o “mejoraron la raza”. Todos hemos escuchado que no hay que dar mucho “porque te abusan” y por el contrario hay que “aprovechar toda circunstancia sin que importe las consecuencias”. Nuestra sociedad nos dice: sean individualistas, forjen su  propio destino, consigan sus metas… poco importa quién se encuentre en el camino.



El individualismo viene acompañado de una distorsión del concepto de interesarse por el otro de manera generosa . La generosidad hacia el grupo se vende ahora con etiqueta de marca registrada: clubes dedicados a ser dadivosos con los necesitados, apadrinamientos de niños acompañados de campañas mediáticas, donaciones a ONGs y fundaciones de valores universales. La generosidad se practica en público y debe ser publicitada.

La pluralidad como virtud del alma es algo más , una especie de conexión empática con las necesidades de las otras personas, que hace reevaluar las nuestras en función del bien común. Pensar en plural es conjugar en otra primera persona, no en “yo”, sino en “nosotros”, un “nosotros” que abarca no solo a la familia,  los hijos, los amigos, sino a todos aquellos que  nos rodean en algún momento en algún instante: los que están haciendo fila al mismo tiempo  en el banco, los que se encuentran  en el tráfico, los que viven en nuestro edificio… Si se piensa en plural, no nos vamos a saltar la fila porque nos damos cuenta que las necesidades del resto  de hacer el trámite son tan altas como las nuestras, se cederá el paso porque todos tenemos igual necesidad de llegar a algún lado rápido, se cuidarán los jardines y las veredas por que son de todos nosotros, etc…


Es difícil pensar en plural, pero si todos lo hiciéramos, la convivencia humana sería más respetuosa y las relaciones más profundas  y enriquecedoras, porque se forjarían lazos con alma y no con el interés.

jueves, 17 de julio de 2014

Miedo vs Confianza


Según Rank, en lo más profundo del alma humana está tapiado desde el inicio el más profundo miedo:  el miedo a morir, faz oculta de la vida desde el día de nuestro nacimiento. El miedo a morir se transforma en otros miedos al crecer: miedo a separarnos de lo que nos da seguridad, miedo a dejar la zona de confort, miedo a arriesgarnos por algo que podría salir mal, miedo a entregarnos, miedo a asumir nuevos roles,  miedo, miedo, miedo… 

La confianza es sinembargo algo inherente a la naturaleza del vivir. Todos los días hacemos actos de confianza automáticos:  escogemos respirar el aire que no sabemos si nos hace daño o no, introducimos alimentos en nuestros cuerpos sin saber si somos alérgicos a ellos, subimos a nuestros hijos al transporte escolar desconociendo cómo maneja el chofer, nos dormimos con la confianza de que mañana vamos a despertar… Pero estos actos de confianza  los hacemos prácticamente porque estamos obligados y no los extendemos más allá. Siempre es fácil confiar cuando las circunstancias parecen claras y la salida favorable para nosotros; pero no siempre las cosas son blanco y negro. El asunto de la confianza es más complicado cuando estamos en la zona de grises que nos oferta en general la vida. Cuando tenemos que escoger un camino en lugar de otro, dejar a alguien o quedarnos, abandonar una meta por otra, depositar nuestros sentimientos en las manos de otras personas, confiar un secreto.

Lo difícil de todo es que las grandes decisiones en la vida radican en esa zona de gris intermedio... 

Escoger con miedo es escoger la muerte. Quien vive con miedos, no está vivo, flota en la existencia sin darse cuenta que la muerte ya lo ha atrapado en sus garras. La confianza, en cambio, es el regalo de la vida: podemos ser perecederos, el cuerpo es frágil y se enferma, somos vulnerables… pero aún así, debemos confiar. 

Vivir plenamente es un acto de fé.  

martes, 15 de julio de 2014

Soberbia versus Humildad


Creo que nuestra humanidad está enferma. Enferma de múltiples enfermedades que hemos descuidado.  Las enfermedades del cuerpo han recibido toda la atención, y tenemos una ciencia médica que hace -realmente- milagros: injertos, trasplantes, robótica, clonaciones... Las enfermedades de la mente, por su lado,  reciben no siempre la atención que se amerita pero por lo menos hay diversos tratamientos disponibles: fármacos, psicoterapias de diversas corrientes, consejerías…

Pero no creo que nos hemos detenido a analizar otro tipo de enfermedades, aquellas que aquejan al alma. No reconocidas como enfermedades, no dejan de serlo y envenenar a la humanidad, y sin embargo no reciben ningún tipo de intervención. Estas enfermedades, que en su lado positivo se transforman en virtudes, son varias; he detectado algunas de las cuales quiero comenzar a escribir en mis siguientes entradas.


El día de hoy reflexionaré sobre la primera:  Soberbia versus Humildad.

A veces nos olvidamos que muchas de las cosas que tenemos nos han sido dadas “de cajón” y no hicimos nada para merecerlas. Estas “cualidades” que poseemos (belleza, inteligencia, familia, estatus social, dinero, etc…) las obtuvimos por azar, al nacer en un lugar preciso en un momento preciso y de determinados padres. El azar nos pudo hacer nacer menos lindos, en el desierto de un país eternamente en guerra, discapacitados, ¡qué se yo!. El Universo fue favorable para nosotros y  debemos entender que poseer esto que poseemos no nos hace mejores que los demás, al contrario: estamos en deuda con ese Universo y es nuestra obligación mejorar las condiciones de los que no salieron tan favorecidos en la Rueda de la Fortuna.

La humildad (o sencillez) es una virtud que no está al alcance de todos porque implica cambiar el modo de vernos y de ver lo que hacemos, desde la visión del “me merezco” hasta autoconcebir que lo que tengo fue un regalo no merecido, y lo que logro con ello no es  excepcional, es solo parte de lo que nos toca vivir con esos dones. Implica entender que grandes dones vienen acompañados de grandes oportunidades, pero también de grandes responsabilidades que no podemos evadir.

A veces tenemos circunstancias intermedias, como en el caso del Presidente: un hombre que nació en un medio no favorecido, con una familia con problemas, pero agraciado físicamente y con una altísima inteligencia; ha logrado potenciar favorablemente los dones que obtuvo para revertir su destino y se ha preocupado de dar a los demás aquello que le faltó.  Entonces, ¿por qué tanta gente le tiene un afecto negativo? Puede en algunos casos ser por pura malicia, en otros por envidia. Personalmente, creo que provoca esta reacción porque le falta esta virtud que es la humildad para ser un gran hombre: humildad para no lanzarse flores todo el tiempo, humildad para no menospreciar a los demás, humildad para reconocer que sólo cumple con su deber de Presidente de la Nación y que lo que hace no es excepcional, es simplemente cumplir con su trabajo y revertir su deuda con el Universo.

Primera lección que debemos aprender en la vida: ser humildes, reconociendo que la grandeza que poseemos debe ser usada sabiamente para el bien de la humanidad.