martes, 31 de marzo de 2015

Guardianes de la magia



Y yo que creía que la evaluación de las universidades por el CES era grave, hasta que mi mamá "mete la pata" diciendo a mi hija que es mi papá el que compra los huevos de Pascua y los esconde en el jardín, y me encuentro frente a sus ojos empañados de lágrimas y me siento la peor de las madres.  Llorando profusamente pareciera que me dijera "Traidora!, me has mentido durante diez años!"  pero lo que en verdad me dice es  "Dime la verdad: nadie existe, ni el Ratón Pérez ni Papá Noël, ni el Conejo". Y yo trato de seguir siendo coherente conmigo misma, en un asunto medio contradictorio en el que yo creo, que es que los niños deben vivir la magia pero a la vez que no hay que mentirles...

Entre la espada y la pared, improvisando  un promedio de verdad entre mis dos creencias, le digo que cada uno de estos personajes (Ratón, Conejo, Santa Claus) escoge una persona especial para que le ayude, porque el mundo está sobrepoblado y que el Conejo escogió a su abuelo para el asunto de la Pascua. Cuando me dice : “y quiénes son los demás?" le miento que no conozco a los otros "escogidos".

Hoy he llorado mi propio desengaño mágico... Yo nunca creí en nada: mi hermana se encargó de lanzarme la verdad muy tempranamente y mis padres nunca fueron muy partidarios de hacernos creer en la magia. Yo extrañé esto toda mi infancia. Durante los largo períodos en los que permanecía enferma de amigdalitis leía sin cesar cuentos, fábulas, literatura infantil poblada de personajes fantásticos, animales que hablaban, duendes, hadas, mundos llenos de magia en los cuales siempre había algo más que la explicación racional para lo que sucedía.

Frente a esto, todo el tiempo se me propuso la explicación lógica: mis padres, seres muy letrados, lógicos, Phd's en sensatez, siempre exigían que uno argumentara lo que decía, que se rebuscara la verdad detrás del hecho, que hubiera algo que apoyara la reflexión. El crecer  rodeada de racionalidad no mató sin embargo mi anhelo infantil de magia, porque para sobrevivir al desencanto de una niñez en cama y sin magia, me inventé la mía propia.

Fui descubriendo la magia  que existe en la mitad entre la realidad física y lo fantástico. La  encontré en cosas cotidianas, encerrada en el color de las flores, en la forma armoniosa que adoptan a veces las nubes y en el caos de las tormentas de relámpagos. En la aplastante densidad de las montañas que nos rodean, en el sonido del océano que aplacaba mi tinnitus, en el crujir de la nieve bajo los zapatos, en la claridad que encierra el día al despertar y en la que se resiste al ocaso en las noches de verano. La fui hallando en mis experiencias infantiles, en  mi juventud y la sigo encontrando en  mi adultez. Está oculta en los versos de los poetas que vuelvo a leer, en la música que calza como  un anillo al dedo en mis vivencias cotidianas. La veo en los momentos especiales que la vida me depara, como el taller que tuve con mis estudiantes hoy, y la redescubro cada día en la sonrisa de mi hija y en los abrazos de las amigas. He aprendido que hay magia en la ilusión de saber que algo se esconde detrás de esta realidad tan básica que nos toca vivir cada día.

Yo entendí así la magia pero fue todo un proceso para mí. Anhelé cada momento en el cual se me robó la oportunidad de creer y tener fe en algo hermoso en lo cual no tuviera que intervenir ni la acción humana, ni la lógica. Conscientemente, decidí presentarle esta versión no-racional a los niños que estuvieran a mi cuidado, mi sobrina, mi hija, los sobrinos que vinieron después. En mi versión de la vida, los adultos somos los guardianes de la magia, debemos resguardarla frente a la niñez, porque mostrarles el mundo tal cual es, sin una versión alternativa, es terrible.

Decirle a un niño “vas a sufrir”, es realista. Pero decirle: “frente a eso no vas a tener nada a lo cual aferrarte”, es crueldad. El mundo es difícil, te maltratan, no obtienes lo que quieres. En tus relaciones vas a ser usado, abusado, te olvidarán y por último estarás solo. La vida te traerá enfermedades (que te buscaste o no), dolores irremediables y nadie estará contigo para acompañarte… ¿Debemos decirles eso a los niños?

¿No es mejor prepararles a la adversidad, pero al  mismo tiempo darles momentos de esperanza, de felicidad profunda, de bienestar? ¿Momentos en los que creen que, más allá de la vida real, llena de adversidades y desilusiones, existe un mundo de esperanza en el cual alguien les va a dar cosas especiales sólo porque existen, sin ningún esfuerzo extra? ¿No es eso lo que se espera en el amor a largo plazo, alguien que nos quiera así no más, porque somos como somos, sin títulos, ni belleza física, sin esfuerzos, sin condiciones idóneas, sin que representemos nada sino nuestra propia esencia, y que nos den a cambio algo verdaderamente maravilloso: un huevo por la Pascua, un dije, lo que sea (hasta una moneda brillante)  por un diente que se cae, un regalo por Navidad, amor incondicional?

Yo siempre he creído  que los adultos tenemos ese doble rol, el de formar en la realidad pero también el de sembrar la magia en los niños. Hoy intenté explicarle a Naomi que no le he mentido. Que creo profundamente que algunos adultos somos seleccionados para transmitir la magia al mundo infantil. Pero le mentí al decirle que no soy yo el Ratón Pérez ni papá Noël… Es  que es difícil ser el único guardián de la magia en estos días, encontrar adultos que ayuden en la tarea (la mayoría andan muertos en vida, enfocados en hacer dinero y tener contactos  para ser exitosos). Por ello hoy agradezco a mi Papá por ser el cómplice del Conejo de Pascua y a mi hermano por las cartas de Papá Noel. En términos de la vida real, son unos malditos mentirosos y hasta cómplices de fraude en lo legal. Pero en términos afectivos, compartimos entre todos algo más importante:  Corresponsabilidad emocional.


lunes, 23 de marzo de 2015

Si el amor llega a tí… no renuncies a él


Soñé el otro día que tenía una conversación con el Profeta de Khalil Gibran…

Yo le decía :

- « Háblame de la renuncia al amor»…

Y él me contestaba:

- « No se renuncia al amor. El que dice renunciar a él ha sido violentado en sus sentimientos. El amor es como una semilla. Se siembra y va creciendo… Hay terrenos y semillas, pero eventualmente el amor germina en una planta que crece según se la cuida. Así como en terrenos fértiles hay semillas malas que no germinan, hay terrenos áridos a los que semillas fuertes se aferran. Para la mayoría de personas, el amor es una buena semilla que puede crecer en un terreno cuidado. El problema se plantea cuando circunstancias adversas (fríos intensos, huracanes, incendios) arremeten contra la planta.

El alma que habita en la planta,  herida,  puede sentirse atacada, dolida y hasta  sumirse en el más hondo pesar; puede llegar a convertirse en su sombra y tornarse negra. Puede volverse cómplice del destructor, besar el lado oscuro y aceptar cosas inaceptables. Puede consentir ser golpeada una y mil veces, hasta convertirse en un jirón y desaparecer. »

- “Y en ese estado, Maestro, cómo salir adelante”?- le preguntaba

Y él me decía:

- « En las almas dolidas no cabe el amor para otro. Primero se debe reconstruir el amor por sí mismo. Imagina a un árbol muy bello azotado por un gran vendaval o un incendio devastador : desaparecen sus hermosas flores, sus hojas y hasta sus ramas… a veces no queda nada y viene el leñador a cortar su tronco. Así como se ve en los bosques, muchos árboles son desvastados por circunstancias adversas y ya nunca van a retoñar. Pero a veces el segador encuentra que debajo de la corteza negra, quemada por el fuego o terminada por la helada, queda un poco de verdor. Lo que necesita ese árbol es un poco de cuidado y mucho tiempo para poder rehacer sus fuerzas. A veces, vuelve a ser fuerte, brotan ramas y hojas muy bonitas: sólo los más fuertes árboles llegan a este punto. Los vemos luego lozanos y llenos de vida. Afrontan de nuevo vientos fuertes y climas extremos. Y sin embargo, aún no florecen.”

Intrigada, le decía al Maestro :

- « ¿Qué necesita el árbol para florecer? » 

Y el Maestro me contestaba:

- « El árbol Verde ha aprendido a nutrirse otra vez de sus raíces. Pero está cómodo en un terreno conocido y constante y se mantiene sano. Sin embargo, el árbol para florecer debe aceptar un cambio en sus condiciones de vida. Necesita algo así como un giro climático positivo: una primavera… La primavera llega y se instala por un tiempo indeterminado: las estaciones del amor pueden ser tan largas como una vida o tan cortas como un día. Así como hay almas que permanecen en el sombrío invierno y otras que deciden renacer pero permanecer intactas; así como hay unas que se lanzan ciclo tras ciclo sin pensar y otras que se estancan en el otoño… así, hay otras que aceptan  la buena primavera y deciden hacerla perdurar.

- “Maestro - le decía  ya confundida- en términos del amor: ¿qué quiere decir eso”?

Con sus grandes ojos profundos, me miraba y me decía:

- “Si el amor llega a ti después de haber sufrido, tienes dos opciones: la primera es escoger la vida eterna sin cambios, en forma de invierno o de verdor inmune. Pero si algo en tu esencia detecta que la primavera que se anuncia puede hacerte cambiar, que tu árbol está listo para florecer de la manera más bonita, la más colorida y la más aromática, no debes resistirte… No hay nada peor que dejar en capullo lo que puede ser lo más bello que un árbol pueda expresar. Cuánto dure el florecimiento depende solamente de la vitalidad del árbol y de la constancia de la primavera”.

El alba iba llenando mi alcoba de luz y la razón me iba llamando a despertar, así que no pude preguntar más; pero antes de recobrar consciencia pude escuchar sus últimas palabras:

- “El amor llegará en una forma que sólo tú entenderás: adoptará la forma de la primavera que haga florecer tu esencia y sólo tú lo sabrás. Solo debes aprender a discernir entre días tibios y primaveras eternas … Hay primaveras de tarjeta de recuerdos, y las hay que sólo con un toque logran explosiones de aromas. Hay primaveras que se desinflan ante los rezagos de inviernos potentes y avasalladores, y hay otras que, sin previo aviso, calientan tan intensamente el alma que ésta simplemente florece sin darse ni cuenta.  Cuando sientas el calor de una primavera así, de esas que son  eternas… no dudes en florecer.”

Su voz se desvanecía en mi mente al abrir los ojos, pero aún  pude escuchar: “Cuando el amor llegue a tí de esa manera, pase lo que pase, no renuncies a él”.

Y hoy me desperté sintiendo tú primavera en mí…

miércoles, 18 de marzo de 2015

Ni puta ni abstinente


Hablemos claro. Estamos en plena vorágine de discusión y de polémica por las declaraciones del Secretario Jurídico de nuestro presidente.

Ayer cuando leí la publicación del periódico me indigné tanto por  lo que ese hombre  se permitió decir, seguramente desde su postura homo-machista, olvidándosele que, más allá de sus propias convicciones personales, se supone que es alguien que debe asesorar imparcialmente  al que -se supone también-  nos representa.

Bueno, debo decirles con franqueza, no me siento representada. Yo, como mujer de 40 años, en libre ejercicio de mis derechos, no me siento representada, ni por este hombre, ni por el presidente, ni por la manada de personas que saldrán mañana a las calles. Es que no entiendo cómo mañana las personas irán a manifestar por asuntos puramente económicos y nadie sale a manifestar porque el nuevo plan del ENIPLA y la visión gubernamental de la sexualidad nos regresa 40 años atrás en cuanto a nuestros derechos sexuales.

No sé en qué burbuja viven los hombres que nos gobiernan, pero sí sé que no se han dado una vuelta por las maternidades ni han salido de sus cómodas casas ni (lo que es más representativo de su vagancia intelectual) se han dado el trabajo de leer en la computadora las estadísticas que otros miembros de otros organismos estatales emiten trabajosamente sobre el embarazo adolescente. Miran el mundo desde su propia sexualidad curuchupa y llena de prejuicios y hablan de las mujeres haciéndonos  ver  como unas locas libidinosas que debemos ser « educadas » en la abstinencia por nuestro propio bien y por el de la patria.

Realmente no entiendo con qué cara vienen a hablar los hombres ecuatorianos de abstinencia cuando son CO-responsables de los embarazos… Detrás de cada una de las mujeres que están en las estadísticas, existe un enamorado, un amigo con derecho, un novio, un padrastro, un hombre que con engaños, promesas, enamoramientos, violencia hizo que la chica « abra las piernas » y dejó en ella además de un espermatozoide que se transformó en feto, decepción, llanto, ilusiones rotas, traumas… Pero claro, la culpa es de la ilusa poco ilustrada que no supo abstenerse.

Abramos los ojos, mujeres: ¿Por qué debemos agachar la cabeza y dejar que un puñado de hombres sexistas nos digan que es necesario “cerrar las piernas” mientras los  hombres pueden “meter su cosa” en cualquier orificio sin  preocuparse de si irán o no a la universidad? ¿Por qué debemos seguir dejando en manos de otros nuestra sexualidad? ¿A cuenta de qué los maridos firman la autorización para las ligaduras de trompas? ¿por qué diablos dejamos en ellos el usar un condón o no hacerlo ¿ Por qué?


Y frente a la imagen de la mujer abstinente  ¿qué otra alternativa tenemos?

Hace unas semanas, una concejala de Quito  puso en vallas y buses una campaña que terminó siendo retirada porque “ofendió” a la sociedad quiteña, mujeres y hombres, que “saltaron” ante el uso de una palabra con la que no se sentían identificados. Es que la palabra PUTA se asocia en seguida a lo negativo: nos imaginamos a la mujer de edad madura inserta en el bajo mundo del manoseo sexual, acabada por las enfermedades venéreas ofreciéndose al mejor postor en una esquina apestosa. Puta es la que se regala, puta es la promiscua, puta es la fácil que los hombres tumban en la primera cita, puta es mala palabra, puta es un insulto directo y hasta de transmisión genética como  cuando se dice “hijo de puta”.

La iniciativa de la concejala fue muy valiente: ella no quería decir que nos agradaría ser a todas cuando creciéramos trabajadoras sexuales o lo-que-sea que nos da temor detrás de esa apelación:  simplemente trató de plasmar el estereotipo que se esconde detrás del hombre machista cuando emplea esta palabra: es puta la que no  acepta al hombre tal como es (¿cómo se va a resistir una “buena mujer” a los encantos masculinos? ), es puta la que sale a trabajar en lugar de estar con los hijos, es puta la que escoge vestirse de una cierta manera, es puta la que se acuesta con un hombre de buenas a primeras (versus el “don Juan” o el “machito” que colecciona trofeos…).

Como decía: muy valiente la concejala… pero poco realista. Muchas mujeres entendimos lo que ella quería decir. Tal vez todas captamos el mensaje detrás de la palabra. Pero todas nosotras hemos también crecido en un entorno macho-centrista en donde el hombre tiene la última palabra, y el hombre condenó: “cómo vamos a querer que nuestras hijas, hermanas, primas… crezcan queriendo ser putas?”.

Así, asustadas de la forma ante el reclamo machista, nos alejamos del fondo. Y luego vino a ofertársenos el discurso tradicional, ese que escuchamos desde la época de las abuelitas, ese mismo que nos llevará al paraíso en términos religiosos y que nos ratificó que el “orden” seguiría siendo igual, con sus altos y bajos, y nos dijimos: “uf, menos mal no somos putas ni nuestras hijas lo serán: sólo debemos postergar nuestra sexualidad para estar a la altura del varón”.

Leíamos a un autor en el grupo de estudio al que asisto,  Weeks, que manifiesta que la sexualidad sólo refleja lo que es la sociedad.

Pues nuestra sociedad refleja una dualidad: la que condena  la campaña de las “putas” pero va vestida de sado-masoquista al estreno de “50 sombras de Grey”, la que pide abstinencia pero que ignora las estadísticas sobre relaciones sexuales, la que condena el aborto hasta que sus hijas se embarazan y recurren a “curetajes clandestinos” (bien practicados para las que tiene plata y para las que no simplemente van a engrosar los números de la mortalidad femenina), la que dice respetar los derechos de las mujeres pero cuyas cifras de femicidio son espantosas, la de los hombres que proclaman la igualdad femenina  para que salgan a trabajar y producir pero le recuerdan a la mujer, a punta de vejámenes, infidelidades y violencia, “quién manda en la cama”.

 La verdad, yo sigo esperando una propuesta con la que pueda identificarme. Algo así como: “Ni puta ni abstinente: sólo mujer”.

jueves, 12 de marzo de 2015

¿Dónde se denuncian los delitos del alma ?



Pasé 3 horas en la fiscalía el lunes denunciando el robo del cerebro de mi auto. Cuando llegué estaban en el turno A26 y yo obtuve el A64. Resignada a que la espera iba a ser larga, comencé a observar a las personas que estaban ahí y entablé diálogo con algunas de ellas, para conocer qué tipo de circunstancias les habían traído ahí al mismo tiempo que yo.

Para el señor de mi izquierda, era el robo de todo su vehículo. Fue a misa el domingo a las 7 :30 de la mañana y cuando salió, ya no estaba su camioneta. Además, se la robaron con la matrícula dentro, lo que determinó que tuviera que hacer una denuncia previa por robo de documentos antes de la del auto. La señora de mi derecha, una mujer muy humilde, me contó pesarosa que había ido al hospital del Sur a hacer que le tomen la presión y que al regresar con intenciones de calentarse una agüita de remedios encontró que le había desvalijado el cuarto. Una joven con uniforme de oficinista estaba ahí para notificar el robo de su laptop. Dos señoras iban a denunciar a una mujer que, usando un nombre falso (de otra mujer que estaba en realidad presa), les había estafado por 5mil dólares en electrodomésticos. Un viejito enternado con un traje tan viejo como él, recogiendo sin cesar los papeles que dejaba caer  clamaba que el ex-marido de su hermana había contratado a unos maleantes para robarle los documentos de unas propiedades de la difunta; un joven con gafas me preguntó si era abogada porque necesita que alguien le ayude, porque en ese mismo momento le seguían amenazando de muerte en mensajes que pretendió mostrarme en su celular, intención que fue truncada cuando le dije que yo misma estaba  allí por una denuncia. Más allá salió una señorita a solicitar que los que venían por “Exámenes médico-legales » fueran directo al primer piso con ella…

Tres horas son muy largas… así que acompañé las conversaciones con un poco de lectura y mucho de reflexión...

La Fiscalía recepta casos tan eclécticos como los descritos al inicio de mi reflexión, y otros más : casos sobre  lesiones infligidas a la vida humana, a la libertad, a la intimidad, a la seguridad, a la propiedad, al honor, entre otros. Casos en los que, detrás de la etiqueta legal, existe el relato de una historia que en el tema judicial deberá encajar en las opciones que oferta el “sistema informático” , y dentro de las cuales será irrelevante que se hayan robado la mochila, los accesorios del roller y hasta los malabares de mi hija, porque "eso no cubre ningún seguro". Casos en los cuales nadie le pregunta a uno qué fue lo que sintió, sino sólo “lo que pasó”.

Para mí, aquello que se perpetra en contra de una persona no es importante si no deja huella en ella… y eso se contrapone totalmente con lo vivido en la Fiscalía. El funcionario judicial nunca  hará las preguntas realmente importantes.  Por ejemplo… ¿Por qué lloraba la señora del cuarto vaciado? Seguramente no por una serie de enseres y pertenencias de baja calidad. Ella lloraba por el tiempo invertido , el esfuerzo realizado, las ilusiones , sueños y recuerdos que representaban sus objetos… ¿Y quién iba a coger la declaración sobre lo que sentía? Definitivamente no el señor de la ventanilla 9, ese que se daba aires de importancia tratándome  de “mija” cuando estuvo media hora sin atender a nadie aprovechando que su supervisora no le veía. ¿Quién iba a preguntarle a la señora sobre su  dolor, su frustración, su desamparo, no para que reestructurara su vivencia  (para eso se va al psicólogo), sino para hacer pagar a los culpables, en busca de justicia?

Nadie.

Y eso no le pasa sólo a ella…

¿A dónde va la Maggie que fue abusada por el tío de su mejor amiga a los dieciséis, y a quién nadie creyó cuando lo dijo, a contar como ha sido su vida relacional durante toda su vida adulta porque se ha sentido una basura desde entonces? ¿Cómo hace para denunciar a su último novio porque ella le confió ese secreto tan íntimo y a él le pareció “excitante”?

¿Hay algún lugar para decirle que vaya  a la Paula a denunciar al hombre que  año tras año le ha prometido que las cosas van a cambiar y que se le ha pasado en la espera de lo ofertado lo que se considera juventud y hasta su edad madura? ¿Alguien le va a devolver, con “daños y perjuicios”, el tiempo perdido?

¿Y la Luli?  ¿ Qué hace la Luli cuyo novio la "deja con la bata alzada" día tras día, sólo para hacerle sentir su poderío sobre su cuerpo, y que se duerme envuelta en llanto pensado que es ella la que ,irremediablemente, ha fallado en la relación?

¿Dónde está ese lugar a donde uno puede ir y decir: me estafaron sentimentalmente, me robaron las ilusiones, vulneraron mi inocencia, quebrantaron mi fortaleza, me basurearon, se burlaron, me robaron los recuerdos,  me pusieron apodos hirientes, me estafaron con el  “felices para siempre”, me pisotearon el entusiasmo, violaron mi confianza?

¿ Dónde queda la Fiscalía del alma?

domingo, 1 de marzo de 2015

Príncipe Azul vs. Mujer Porno


Hay un meme de esos que circulan en el facebook que dice « toda mujer se merece un príncipe azul y todo hombre una actriz porno ». He pensado mucho en el sentido de esta frase, y me parece que la reformularía diciendo « toda mujer busca un príncipe azul y todo hombre una actriz porno ».

Esto refiriéndome  a la construcción en el imaginario femenino y masculino del ideal respectivo, independientemente de las otras interpretaciones que se puedan dar a la frase.

Las mujeres crecemos atiborradas de romanticismo en la cabeza. Desde la más tierna edad, nos amamantan con historias de princesas rescatadas por príncipes. La trama en general gira al rededor del personaje femenino, que siempre está en peligro (acosada por su padre, por el hada malvada, la bruja, la madrastra y hermanas…) y que sufre indecibles trajines y vejámenes hasta ser rescatada por un príncipe cuyo perfil es siempre el mismo : apuesto, galante, valiente, luchará por la princesa en circunstancias extremas (contra el dragón, la madrastra, los espinos que la rodean) para ofertarle el « felices para siempre ». ¿El mensaje ? La vida es dura y tienes que proyectarte en la espera de un hombre perfecto que la va a arreglar para ti.  Además, este hombre no es un “cualquier cosita”, es un príncipe que pasa por muchos periplos para llegar a ti. Uno que lucha y te desea a ti, la única en la tierra que llenará su deseo.

Así se insertan en nuestra mente femenina varias ideas que construyen poco a poco un ideal masculino. La idea de que el sufrimiento en la vida se va a resolver una vez que encontremos pareja. La de que el hombre ideal va a hacer mucho esfuerzo para estar con nosotras. La de que  este hombre será valiente, cortés, galante y se enamorará perdidamente de nuestras virtudes « principescas » y nos será fiel hasta el final de la vida… La del Príncipe Azul.

Los hombres, ellos, son inmunes a las historias de princesas. Cuando pequeños, rara vez se identifican con estos personajes y nunca se los ve jugando a rescatar princesas de dragones y madrastras. Crecen amamantados de televisión de acción, fútbol y juegos de vídeo. Su mundo no es un mundo relacional con el sexo opuesto hasta que llegan a la pubertad, momento en el cual las hormonas les hacen bajar el velo de la indiferencia y recién se enteran de la existencia del género opuesto.  En la mente masculina infantil no se ha formado aún un ideal femenino. Para los varones, la sexualidad y los encuentros con las chicas irán formando poco a poco la imagen de la mujer ideal más tarde, en algún momento durante la adolescencia.  

Leyendo el libro de Gissela Echeverría (Conéctese con sus hijos para se que desconecten de la Red), me topé con una interesante reflexión sobre la imagen y la sexualidad. El mundo moderno, erotizado a un punto casi inconcebible, oferta con una facilidad inimaginable pornografía de fácil acceso a estos adolescentes con las hormonas en ebullición. ¿Qué ven ellos ahí ? Ven escenarios de pobre guión en donde el encuentro de dos seres se reduce a un saludo e ir “ directo al grano”, entendiéndose por esto al encuentro sexual desprovisto de sentimientos; encuentro de dos cuerpos biológicos, ya que lo único que importa es lo que se hace con los órganos sexuales y cómo se provee de excitación y de placer a los mismos. Son cuerpos fragmentados, sólo bocas, penes, vaginas, anos, senos en una danza desenfrenada realizada con exceso de detalle y de ruidos. Lo peor de la pornografía no es sin embargo los primeros planos anatómicos. Lo peor es lo que vehiculan a los varones sobre la imagen femenina, imagen que se convertirá en el ideal que el varón buscará, insaciablemente, en la vida personal : la Mujer Porno.

La mujer porno es físicamente falsa, hecha a la medida del consumidor. En general, de cuerpo perfecto tipo barbie excitante, no le cuelga nada ni le sobran células grasas ; sin embargo, como consumidores hay de todo, la pornografía le sirve al cliente lo que desea : gordas, extra gordas, flacas, normalitas, maduras, jovencitas, rubias, morenas, asiáticas… Es como un restaurante sexual de gran variedad en el que el hombre solo tiene que irse sirviendo más y más, únicamente de lo que le gusta.

Más allá de lo físico, la mujer porno es complaciente a nivel sexual. Necesita de poco para excitarse, recepta de todo y en todo lugar y circunstancias. Gissela Echeverría dice que este ideal de mujer que se construye es « multiorgásmica », siempre dispuesta ante el deseo masculino . Carece de estados de ánimo, de síndrome premenstrual, de timidez, de tabúes, de gustos o preferencias sexuales. No exige preliminares ni mimos post-coitales, ni palabras cariñosas ni largas charlas sobre temas que al hombre no le interesan. Esta complacencia sexual también es extrapolada a una complacencia a nivel anímico y relacional. La mujer porno debe ser “a la medida”, debe gustarle lo que le gusta a su pareja, nunca negarse a él y no tener deseos propios.

A nivel relacional, el encuentro entre estos dos ideales está destinado al fracaso. Porque detrás del ideal al que se aspira, está también la identificación correspondiente. Mujeres identificadas con princesitas, deseando y suspirando por una pareja toda la vida, poco conscientes de sí mismas por exceso de esfuerzo para llenar un canon y ser deseables. Hombres identificados con sementales sexuales, que creen que mientras más evidente sea su potencia sexual, mientras más dure la erección, mejores hombres son. Relaciones de pareja en la que la mujer espera esfuerzo, galanteo, cortesía, seguridad y felicidad eterna; en las que el hombre espera satisfacción e innovación sexual constante para sentirse feliz.

No hay posibilidad de happy ending para el encuentro entre este tipo de identidades, solo de decepción, de desencuentro constante y doloroso, de desengaño mutuo en la imposibilidad de ajustarse a un otro tan disímil, tan diferente de cómo me lo imaginaba y ante el cual no sé como responder.

Princesitas y Machos Potentes confrontan a hombres y a mujeres con la falla, pero esta nunca será atribuída al ideal mal formado, sino a la persona que está frente a mí, así que la solución que se planteará será siempre la más simple: “no satisface mi deseo, entonces la desecho y parto en busca de otra, aquella que será  como lo he imaginado siempre”. Y seguirán buscándolos: al Príncipe azul; a la Mujer Porno.