lunes, 24 de noviembre de 2014

Puertas adentro


Margarita está triste porque su familia se está disgregando. Ella entiende que su madre quiera abandonar a su padre, porque se casó muy joven estando embarazada, y ha vivido toda su vida al lado de este hombre que aparte de ser un don Juan, la ha maltratado frente a sus hijos constantemente durante 23 años. Con lágrimas en los ojos, me dice: “quisiera haber tenido una familia normal”.

Pero Margarita, ¿qué quiere decir “tener una familia normal”?

Supongo que se trata de esas familias “de domingo”, las que van  a misa bien peinadas, rezan y cantan juntas, comulgan los padres, las madres se arrodillan, y luego salen a comer en algún lugar bonito. Las que van al parque a disfrutar de la naturaleza y del sol trepados los niños en los juegos infantiles, mamás paseando al bebé y el perro correteando detrás de una paloma descuidada. Seguro ansías eso, la chispa de felicidad pública que se puede observar también en matrimonios, primeras comuniones, centros comerciales, restaurantes…

Familias de instantáneas perfectas para una propaganda Kodak.

Pero lo que no sabes Margarita es lo que hay detrás de esta fachada de supuesta felicidad. Cuando se acaba el domingo, cuando termina la fiesta. Cuando las familias regresan a casa y cierran las puertas al mundo exterior.

Lo que sucede puertas adentro…

Familias en las cuales existen verdaderos reinados del terror: padres que se desquitan de sus frustraciones con sus esposas y sus hijos, a punta de gritos, de correazos, de “déjame en paz, no ves que estoy cansado”. Madres que se alían al tirano y que castigan a los niños por ser niños, por dejar los juguetes regados, por hacer demasiada bulla, por reírse tontamente, por haber olvidado alguna tarea. Niños atemorizados que aprenden a hacerse invisibles para que no les caiga un golpe por sorpresa, que lloran en silencio porque su llanto molesta más, que esconden los moretones debajo de ropa espesa y a la larga  aprenden a huir como la paloma del parque apenas les ladran encima.

Familias llenas de indiferencia, donde los padres ya ni fingen siquiera amarse. La madre le lanza el plato al marido para hacerle notar que incomoda su presencia, él llega siempre demasiado tarde a casa desbordado de cansancio. No se saludan desde hace tiempo, se evitan hasta en la mirada. Se alían con los hijos en contra el uno del otro, se encierran en su mundo, en su vida paralela: el fútbol, la amante, las amigas, el gimnasio, el club de golf… lo que sea con tal de no verse más el uno al otro. El hielo les endurece el corazón a todos… No se aman a ellos, no aman a sus hijos.

Familias que no aceptan quién es su hijo, que no le reconocen en su identidad única, que intentan alienarlo y volverlo a toda costa “normal”. Es pecado ser gay en familia homofóbica, ser no tradicional en familia conservadora, ser sordo en familia de oyentes, ser oveja en familia de lobos. Hay que ser como los demás así duela serlo, hay que “normalizar” al anormal y obligarlo a que sonría  y agradezca porque de todas formas, lo que se hace es “por su bien”.  

Eso es lo que hay puertas adentro. Nadie te lo va a decir, Margarita: es que “los trapos sucios se lavan en casa”. Estas familias enseñan además un extraño sentido de lealtad: no se te ocurra ir a contar a tu amiga que papá te pega, a la profesora que tus padres duermen en camas separadas o que todos los días te encierras en el armario a llorar pensando que sería mejor acabar con toda esta farsa y morirte de una vez. ¡Sería traicionar a tu familia! No puedes confiar en las personas que no son de tu sangre: ellas se aprovecharán de tu debilidad, abusarán de lo que saben de ti, y te harán más daño … No se puede confiar en extraños, los únicos que te apoyarán serán siempre los miembros de tu familia. Estas familias te condenan a la soledad: es que a quién recurre una persona que no puede confiar en sus padres por lo que le han hecho vivir ni tampoco a nadie afuera porque le han enseñado a desconfiar?

Siempre me he preguntado, Margarita, cómo  creciendo en una familia en la cual tus padres te maltratan, te ignoran, desprecian tu individualidad, ¿cómo se espera que seas una persona con autoestima elevada, que crea en sí mismo, que se ame?. ¿Cómo se espera que llegados a ser adultos estos niños se miren al espejo cada día y no se sientan como monstruos?¿Cómo se les puede pedir que crean en la vida, que si se sienten solos o rechazados no se enquisten en el dolor porque el futuro les va a traer cosas buenas? ¿Cómo hacerles creer que un extraño los va a  amar genuinamente por quienes son si aquellas personas que le dieron la vida no supieron hacerlo  en primera instancia?

Ay Margarita,  todos quisieran tener un hogar como el de las películas, ese lugar al que uno regresa y en el que se sabe que se estará protegido de todas las cosas malas que nos pueden pasar en el mundo. Pero la verdad es que para muchos, su hogar es un lugar lleno de gritos, de humillaciones, de no aceptación, de sentirse solo y tener hasta que ocultar la soledad para que le dejen en paz.

Tú ansías la familia feliz que se muestra hacia fuera. Pero puertas adentro… sólo quienes están adentro saben lo que viven.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La bandeja de metal

Como sé que mi padre regresa cansado del trabajo y probablemente de mal humor, hoy  finjo que me duele la barriga y me voy a acostar temprano. Mis hermanos , menos perceptivos, más seguros de ellos o simplemente más « duros », deciden encarar la tormenta que nos espera.

Hoy en la tarde estábamos jugando con los vecinos al carnaval, y no recuerdo muy bien qué pasó pero en algún momento rompimos una rama del árbol  que adorna la fachada de la casa de enfrente. Entendí enseguida que eso estaba mal y como ya soy grandecito –tengo 8 años-, sé exactamente lo que eso significa : sus papás se quejarán a mis papás. Mi mamá va a estar super enojada y seguramente le transmitirá a mi papá lo mal que nos hemos portado.

Mis hermanas lo negarán, mis hermanos harán equipo con ellas. La misma historia de siempre en la cual yo quedo excluído se repetirá : mi padre furioso cogerá la correa y nos pegará. A mí siempre más, porque no logro mentir tan bien como ellos, porque no logro correr y escaparme. Siempre me quedo paralizado recibiendo lo que me merezco por "ser así".

Recuerdo una vez en que nos mandamos la mega-travesura, nos pareció excelente en el momento en que, aburridos, escuchamos la super idea de nuestro hermano mayor. Cosas que parecen muy divertidas tienden a transformarse en absolutos desastres una vez que mi madre pisa la casa. Una  magia fea que termina siempre en tragedia : mi madre y mi padre enfurecidos, correa en mano, persiguiéndonos a todos para que recibamos, otra vez, lo que merecemos. Resulta que esa vez todos huyeron como si tuvieran 8 patas como las arañas. Solo quedé yo, aterrado en un rincón del cuarto. Mis padres hicieron turnos : primero mi madre, que se tomó la molestia de contar los 20 correazos que me dio. Luego mi padre, quien decidió que podía equiparar el record de mi  madre porque los veinte primeros no eran suficientes… Yo mientras tanto no recuerdo haber llorado aunque seguro debí de hacerlo. Pero solo recuerdo haber mirado fijamente el papel tapiz memorizando esas formas rojas y raras que nunca supe qué eran, como unas flores pero deformes, sintiendo el dolor del cuero de la correa sobre la piel… Esa vez mis piernas se llenaron de moretones y de círculos verdes durante días.

En esa época trabajaba en nuestra casa una chica como niñera, Gladys, estudiante universitaria que se redondeaba el sueldo cuidando niños. A ella le mostré mis piernas llenas de colores (dolores?) y ella supo decirme que allá afuera, en la vida real, los padres podían ir presos por hacer eso a sus hijos.¡Qué alivio sentí ese día ! Mis padres solían decirnos que hacían eso « por nuestro propio bien »: a  mí nunca me pareció "bien" que el dolor y el miedo que nos infligían fuera necesario para hacernos mejores.

Pero esta noche, después de haber roto la rama, me sirve de poco consuelo saber eso porque más fuerte es el saber que todos me echarán la culpa a mí y que mi padre, enfurecido, sacará la correa y tendré de nuevo que vivirlo todo. Así que me voy a acostar y por si acaso amarro a mi cintura, del lado de las nalgas, una bandeja de juguete del juego de té de metal, ese que es de mi ñaña, la menor y más consentida, quien seguro se va a enojar en el minuto mismo en que sepa para qué la estoy usando…

Tendido en la oscuridad, escucho la puerta del garage que se abre. Poco después, los pasos de mi padre y el ruido del maletín que cae en el sofá. Voces que cuchichean; las de mis hermanos que se elevan declarando inocencia. El comienza a gritar buscando un culpable … Yo me hago chiquitito en la cama. Quisiera poder desaparecer, pero oigo los pasos que se acercan inexorablemente a la  puerta de mi cuarto. En el momento en que se abre, pierdo el sentido.

xxx

Hoy me desperté como todos los días. Tengo que levantarme e ir a la U. Pero simplemente, no tengo ganas.

¿Para qué? ¿Quién se va a dar cuenta de si llego o no llego a clases? La profe de ley me pone “falta”. Una  más, una menos. En dos minutos, mi debilidad superyoica es sobrellevada porque me doy cuenta de que hoy expongo y tengo que llegar  pase lo que pase. Si no, todo el grupo tendrá cero. La profe no bromeaba el día en que nos dijo que somos todos responsables de lo que pasa el día de la exposición. Media nazi, pero buena profe…

Una parte de mí se levanta, se baña, desayuna y hasta hace el esfuerzo de arreglarse. Estoy como disociado: lloro en la ducha pero me pongo bolsas de té en los ojos para que no se me note la hinchazón. Es que anoche también lloré, mirándome al espejo y viendo lo feo que soy, lo gordo que estoy, sintiéndome menos bueno que el perro de la calle al pensar lo que le dije a esa chica que me gustaba, lo que le ofrecí y escuchando lo que me contestó. No se portó mal , no no, me dijo que “no era por mí, sino por ella” pero yo sé que no es verdad, es lo que las chicas dicen cuando al final quieren quedar bien y ser gentiles, pero que en el fondo significa “no me interesas”.

¿Qué está mal en mí? Pregunta recurrente frente al espejo y mil respuestas me vienen en seguida: soy un tonto, soy intenso, como demasiado y estoy engordando, bebo demasiado,  no sé hablar bien, soy demasiado tímido.

¿Y si no voy a la exposición? Sigue pensando esa parte de mí. La otra… no me deja: me pone un terno, y me manda a sonreír a todos y a exponer para pegar 10.  Así me voy a la U. Todos me aplauden.Y soy triple “A”. Siempre. Mis padres estarían orgullosos de mí. Podrían poner mi sonrisa al lado de todas las placas que coleccionan en la vitrina familiar: igual de reluciente, sería la envidia de las tías que vienen al tecito mensual cada sábado.

El duelo se lleva siempre, desde siempre, por dentro: en forma de desmayo y de bandeja, en forma de lágrimas atragantadas y de éxitos que más llenan a  ajenos que a mí mismo…

Ellos no saben que esta noche tengo una cita con el espejo que me dirá las verdades: eres malo, todo lo haces mal, nadie te quiere ni te querrá; si no corriges tu forma de ser, te va a ir mal en la vida; deja de llorar, las lágrimas no resuelven nada; tienes que crecer y ser duro…

Hoy ganó esa parte de mí… Mañana… ojalá logre levantarme de nuevo la misma parte.

viernes, 14 de noviembre de 2014

La Tía Pepa


Cuando tenía trece años la Tía Pepa se enamoró.

Si la bendita vida hubiera evolucionado racionalmente, daría a los adolescentes unos años sabáticos antes de entrar en el juego relacional... La tía Pepa lo hubiera agradecido, porque no tuvo esa suerte. Tiene ahora la edad en que ya nadie la mira y su cara, llena de arrugas, ella tampoco quiere mirarla mucho en el espejo.

Pobre tía Pepa, se enamoró  de un chico de dieciséis, cabello rizado y ojos negros profundos, apasionado como solamente son los chicos a esa edad en la que el enamoramiento va de mano con el romance y con la biología. No nos asombra que los héroes de Shakespeare hayan tenido ese rango de edad…

Estuvieron juntos largo tiempo la verdad para la juventud que tenían ambos. El era un trovador moderno, le escribía cartas y poemas, en los que resabiaba frente a su juventud común, deseando poder ser mayor y estar junto a ella para siempre. Mi tía suspiraba y releía las cartas, añorando ese futuro que parecía que se ofertaba para ellos…

“El destino nefasto los separó sin que ellos quisieran.”-… así dicen los cuentos o simplemente se le echa la culpa al azar de las decisiones que se toman para no confesar que él ya tenía ansias de marcharse mientras mi tía comenzaba a anidar.

Y él se fue;  el reloj de la tía Pepa se detuvo, como en esa canción tan popular en la que alguien se robó la historia de la Tía Pepa y la llamó “Penélope”, y que aún se escucha en guitarreadas de personas del siglo anterior…

Según lo que cuentan mis otras tías, el maldito desgraciado se fue de viaje por “las Europas”, y la mantuvo ilusionada con “una carta de vez en cuando y una llamada semanal” , en las que le hablaba de los destinos exóticos en los que se hallaba, siempre con frases ambiguas, como cuando le dijo que en las playas de Grecia “las mujeres tenían cuerpos de tentación y cara de arrepentimiento”, o con sus frases de poeta, como cuando le describía la luna que según él había inspirado a su tío Pablo el escritor, y finiquitando le decía “hablando de luna, te amo”… y retomaba “hablando de amor…”.

¡Pobre tía Pepa! Quemó las cartas alguna vez en una de esas terapias en que aconsejan cerrar los círculos, pero le han quedado grabadas algunas frases de ese amor juvenil como con el mismo fuego con las que intentó borrarlas cuando él se fue a “estudiar” y, amparado en la excusa de la novedad de las gringas y de las hormonas de su juventud,  se revolcó con cualquier gaviota, mientras ella, simple gorrión, se consumió en la espera…


La memoria le flaquea últimamente, pero recuerda con claridad que en ese mismo arranque de “cerrar círculos” que le cogió como a los treinta y pico decidió escribirle una última carta al individuo en la que le dedicó un poema, aquel del que recién le entero yo a ella que no era de Neruda como siempre creyó, sino de José Ángel Buesa (no porque yo sea culta en el tema, sino porque ahora existe el internet) y que comienza:

“ Te digo adiós y acaso…te quiero todavía
tal vez no te haya olvidado, pero te digo adiós
no sé si me quisiste, no sé si te quería
o tal vez nos quisimos demasiado los dos…”

La tía Pepa es tan buena que es capaz de recitarte las cuatro estrofas sin rencor con dos copas de vino en la sangre en las reuniones familiares. Todos saben que se las dedica a aquel cobarde desgraciado que la ha dejado tan magullada (enamorada) que no logra deshacerse de su recuerdo. Pero la verdad…

A la pobre tía Pepa, nadie la conduele. Al contrario, se le burlan, porque lleva una vida “disoluta”: va de amante en amante, dejando que hagan de ella lo que ella quiere y lo que no. Ella cree que los hombres la buscan para satisfacer sus deseos, y con vergüenza confiesa que le han enseñado a hacer las cosas que se supone que sólo saben las mujeres “de vida alegre”, cosas para nada alegres que la Tía hace sólo porque no quiere dormir sola, aunque ella se da cuenta que en las noches en que “tiene su mes”, todos sus amantes están de juerga, no en vano los hombres son mejores en matemática, sobre todo en matemática lunar… Ninguno quiere manchar sus sábanas con las lágrimas del amor que el amante adolescente no supo derramar.

Tía Pepa llora esos días. Por más que haya quemado las cartas y los poemas, no logra borrar de su mente los recuerdos. El otro día, casi al quedarse dormida, cuenta que se vio a ella misma caminando por la cancha de básquet del colegio y lo vio a él, en uniforme azul con bordes blancos, rodeado de sus amigos, sonreír mientras avanzaba hacia delante, sin conciencia de que en su camino… estaba ella.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Deshumanizados



¿Cómo explicar la violencia extrema que se vive en México en la actualidad? ¿Cómo entender el horror impensable que nos espanta, nos duele, nos da asco?  Esteban me pidió que hablara un poco sobre esto, y me ha tomado mucho tiempo de reflexión y de conversaciones para intentar dar una respuesta adecuada al tema.

Desentrañar un problema es un trabajo similar al de hacer un saco con una madeja de lana: se trata de jalar poco a poco el hilo desenredando más y más el ovillo si queremos tejer alguna realidad nueva con el mismo material… 

He aquí el fruto de mi reflexión.

El que menos se ha horrorizado escuchando el suceso de la masacre de los 43 estudiantes la semana anterior. Que en realidad no es la única que ha habido en México. Si uno se pone a revisar la historia de los últimos años en el país, resulta que desde finales de los 90, México vive ya varias matanzas : Aztecal (1997, 45 indígenas muertos), Villas de Salvácar (2010, 60 estudiantes),  1era Masacre de San Fernando (2010, 72 muertos) , 2da (2011, 193 cuerpos en fosas clandestinas), masacre del 27 de octubre (2010, 15 jóvenes), masacre en Ruiz (2011, 15 jóvenes y 29 sicarios), Masacres en Durango (2011, 340 cuerpos en fosas comunes!!!), Masacre en Torreón (2010, 18 muertos). Según fuentes oficiales, son más de 70.000 muertos y alrededor de 25 mil desaparecidos entre 2006 y 2012 (1)

En el estado de la última masacre, Guerrero, se han registrado 5 incidentes de extrema violencia desde 1995, tres de ellos con múltiples muertes. Dos involucraron a estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa,  siendo el último aquel en el que desaparecieron los 43 chicos : en efecto en 2011, un enfrentamiento de estudiantes y policías ya dejó 2 muertos en ese mismo lugar. ¿Los responsables de tanto horror? Hoy la policía, ayer los narcotraficantes, los paramilitares, los zetas, hasta reos que salen de la cárcel con el permiso de la directora (como en la masacre de Torreón !)… Diferentes títulos, misma historia : seres humanos matando a seres humanos…

“Así no era antes México.” Mi tía Sonia y su esposo Jaime estudiaron allá y tanto amor han expresado sobre este país que su hija también escogió a México como destino académico. Creo que quienes han tenido el privilegio de visitarlo aprecian a este país por muchos aspectos positivos que tiene: la acogida, su gente, su cultura, su gastronomía. ¿Qué le ha pasado entonces a México estos últimos años? Las explicaciones abundan: país frontalero con Estados Unidos, migración clandestina, coyoteros, carteles de droga que se han ido instalado como lo hicieron en su tiempo en Medellín los capos del narcotráfico. Pensándolo bien, México tiene ahora una reputación tan mala como la tenía Colombia hace algunos años…

Creo que es real que la droga engendra situaciones sociales tan obscuras que salpican a la población así no se involucre directamente. Mi amiga Alex, colombiana de nacionalidad y actualmente dueña de un spa personalizado, me contó  mientras me daba uno de sus tratamientos la vida que llevaba allá en Colombia en su adolescencia, donde salir a un Centro Comercial a veces rimaba con angustia y con dolor, por el estallido sorpresivo de bombas en la ciudad.

Pero claro, echarle la culpa a la droga es como quedarse solamente en la parte externa del análisis del problema.  México y Colombia son dos países en donde se ha concentrado la violencia y ha llegado a extremos como los que hemos visto en la televisión en los últimos días. Pero la violencia no es exclusiva de esos países: existe en formas variadas en todo el planeta, y es considerada como un problema de salud por la OMS, quien ha emitido informes al respecto (OMS, 2003). El análisis que se hace por parte de este organismo clasificaría a la violencia que sufre México como “violencia colectiva”, y le asociaría los siguientes factores explicativos: Factores políticos (ausencia de procesos democráticos, desigualdad de acceso al poder), factores económicos (distribución desigual de los recursos, acceso desigual a los recursos, control de los recursos naturales, control de la producción y comercialización  de droga), factores sociales (desigualdad entre grupos, instigación al fanatismo, acceso a armas), los cambios demográficos rápidos. Seguro que en México se está dando una combinación de varios de estos factores, que funcionan como un “cóctel molotov” para que estalle un conflicto tan sangriento.

Estos factores van sumando  filas al tejido, sin duda, pero queda aún bastante ovillo de lana que desenredar.

Resulta que los factores culturales también podrían estar involucrados. En conversaciones con mis “chicas Flacso” (amigas que estudiaron ahí y otras que no pero tienen ese sesgo de género), me contaban que hay estudios que relacionan la violencia colectiva con la violencia hacia la mujer. Confieso que no tengo tiempo para  investigar esto a fondo ni para contactarme con las personas que me recomendaron, pero un simple análisis en google permite evidenciar una tendencia a que los “mapas” de conflictos armados (2) se solapen en gran medida con los de “inseguridad física de la mujer” (3) . Ni siquiera vale la pena comentar sobre el mapa de violencia sexual contra la mujer en este mismo México tan querido por todos pero tan machista y dañino para el sexo femenino (4) ni sobre la  tasa abrumadora de violaciones por estado (5) o de feminicidio y violencia sexual (6).

O sea que en esos lugares donde se violenta a las mujeres también hay narcotráfico, corrupción, drogadicción, migración descontrolada, desapariciones, violaciones a los derechos humanos, tortura, conflictos armados.

Llegados hasta este punto de mi reflexión algunos van a comenzar a pensar que se trata de un argumento feminista en contra de los hombres. No, no feminismo. No quiero poner a un género contra el otro y que nos entrampemos en discusiones vanas. Lo que me contaron estas chicas me hizo vislumbrar una realidad nueva frente al problema de estos crímenes sin sentido:  ¿qué tienen en común todas estas personas (policías, narcotraficantes, políticos cómplices, consumidores, pandilleros, paramilitares… ) que comulgan frente al mismo dios de la Violencia?

Todo puede variar: encontraremos gente violenta de niveles económicos diversos, diferentes  orígenes geográficos, cultura, idioma, religión. En realidad lo único que comparten todos sin excepción  es una MUJER, una figura femenina primordial: todos tienen MAMÁ. Mamá, mujer que engendra, que carga al feto durante 9 meses, que lo trae a la vida, que le presenta al mundo; mujer que debe lidiar desde muy temprano con estereotipos asociados a su género, con cambios continuos ligados a su biología, con traumas asociados a su historia…


¿Cómo es la mujer que crece en una sociedad machista? Mil disculpas a los hombres modernos como mi amigo Francisco que piensan que no debemos caer en el estereotipo, pero la mujer en culturas machistas es sumisa, criada en la convicción del rol de cuidado los hijos, del de sometimiento al destino pero sobretodo del de obedecer al más potente de los dueños: el hombre. Primero al padre, luego al marido, la pareja, conviviente, novio… La mujer que crece en un entorno de poder masculino subyuga su identidad a la del varón, le da autoridad sobre sus decisiones, sus pensamientos, sobre su cuerpo. En general, el varón toma el poder y se aprovecha de esta desigualdad: las estadísticas sobre violencia de género están ahí para hablar por ellas solas: maltrato, violación, humillaciones, tortura, feminicidio…

¿Y eso qué tiene que ver con las fosas comunes en México? Pues yo estoy profundamente convencida que el maltrato a la mujer repercute directamente en la relación que éstas establecerán con sus hijos, fruto de la suma de los ADNs del hombre machista que las violenta y de la mujer sumisa que son.

Sumatoria que crece viendo a su madre golpeada, abandonada, desequilibrada, migrante porque el padre nunca se hizo cargo, amargada por las mismas razones. Madre que se abandona al rol materno como una vía de escape a la desgracia de su propia vida, madre que va de hombre en hombre buscando seguridad y sólo recibe más maltrato, madre que cree proteger a sus hijos pero los descuida al permitir que vean este modelo relacional nocivo. Madre  que no cree en la vida, porque la vida significa siempre sufrimiento, dolor, sacrificio. Madre que se enoja, que rechaza, que exige, que llora, que sobreprotege, que chantajea, que se desvive y que se desentiende. Madre que no sabe ser madre, porque no sabe ser antes mujer.

Hijos que crecen sin modelos paternos adecuados, acostumbrados  a ver a las mujeres más importantes de sus vidas (sus propia madres!) rogando de rodillas, suplicando desnudas y sin armas a un hombre (marido, hermano, padre, policía, militar) por su existencia o la de ellos. Dejando que hagan de su cuerpo y de su alma jirones, brasas, llagas, lo que el hombre quiera para satisfacer su afán de poder.

Lo que les estoy contando es el cuento del ciclo de la violencia: niños-oveja que crecen con modelos de lobo y se transforman luego en el lobo.

Los psicólogos humanistas creen que el ser humano es fundamentalmente bueno. Para generar alguien malo, alguien capaz de segar la vida de otra persona, de torturar, de violar, de tomar como objeto sexual a una niña “casándose” con ella, se necesita un “mix” de circunstancias muy especial. Erich Fromm llama a estas personas NECRÓFILAS y dice que, en primer lugar,  debe haber una ausencia de empatía fundamental en ellas; además, deben haber vivido experiencias muy duras desde la temprana infancia, que les dejan cargados de ira. Y finalmente, deben haber tenido también una madre incapaz de amar la vida y de enseñarles a amar la vida.

Creo que con esto voy a cerrar mi reflexión: la vida es el mayor milagro que existe en la naturaleza. Comienza en el vientre de una mujer y se perpetúa en sus brazos, en su contacto. El bebé se humaniza en esta relación, aprende a ser un ser que recibe amor y luego es capaz de darlo. Siempre y cuando frente a él haya una mujer firmemente arraigada en su propia vida, feliz de ser mujer, de existir como una persona que ama y recibe amor. La mujer maltratada no es capaz de perpetuar la vida más allá de la gestación, no contiene al ser creciente, no le enseña el amor a la vida: crea seres deshumanizados.

He tejido en este espacio un saco con la madeja enredada  que me fue entregada, y  si bien el objeto resultante me ayuda a entender mejor lo que pasó en México, me queda la sensación pesada de que entender no es suficiente, si no se puede hacer nada por cambiar la sombría historia que estamos escribiendo como humanidad.




miércoles, 5 de noviembre de 2014

Abrumadora (parte 1)



Según la RAE, "abrumar" tiene cuatro acepciones: que agobia con un peso grave, preocupar gravemente, producir tedio o hastío, producir asombro o admiración…

Una de mis hermanas me dijo que soy “abrumadora”. Espero que al referirse a mí haya pensado en la cuarta definición.

 Hablábamos, como he hecho últimamente con todas mis hermanas, las de carne y las “de vida”, sobre las razones por las cuales tantas mujeres  profesionales, exitosas, inteligentes, guapas, divertidas y luchadoras, estamos solteras y nos es tan difícil relacionarnos con el género opuesto. He logrado recabar algunas razones que no sé si serán ciertas o aplican en todos los casos, pero que de todas formas voy a exponer, ya que tal vez sean de ayuda para clarificar el asunto a ambos sexos.

Hoy  comenzaré con las que atañen a los hombres, y dejaré para una reflexión posterior las de las mujeres:

1)   Los hombres son cazadores: dice una de mis hermanas que a los hombres no les gusta que se les sirva las cosas fácilmente. Las mujeres debemos “hacernos las duras”, ser difíciles en el cortejo, para que el hombre sienta que hace algo trascendental al intentar estar con la mujer. En pocas,  debemos hacerlo sentir incoscientemente en competencia con otros (como las aves que compiten con sus  plumajes),  y sólo después de algo de lucha (queda a discreción de la involucrada determinar el cuánto debe durar esta fase) dejar que crea que tiene el mejor plumaje declarándolo vencedor de esta contienda absurda. Ponerlo en pelea con su complejo de inferioridad sin que se dé cuenta; y ayudarlo haciéndolo sentirse conquistador: Psicología para primates no evolucionados 1.0


2)   Los hombres no maduran antes de los 35: En esta sociedad, según otra de mis hermanas, la edad de madurez ha venido siendo empujada hacia delante por la escolarización prolongada. Ahora los jóvenes tienen que ir 4 o 5 años a la universidad para el pregrado, otros 2 mínimo para la maestría, 5 más para el doctorado… En el mejor de los casos a los 27 recién se topan de cara con la vida real: conseguir trabajo, hacer una carrera, irse a vivir lejos de sus padres. A veces esto les toma más tiempo, así que pasados los treinta (como hasta los 35) siguen siendo hijos de papá (o del estado, gracias al Senescyt). Mientras tanto, las mujeres -con igualdad de oportunidades- tienen sin embargo algo que hace “Tic-Toc” en su hipotálamo, el famoso reloj biológico que les impone un criterio de realidad que escapa al sexo masculino. Resultado:  construyen una vida más rápidamente y se decepcionan al toparse con pseudo –adultos masculinos que siguen tratando de superar la adolescencia a nivel relacional: Psicología  sociológica 2.0

3)   Los hombres tienen problemas de velocidad de reacción: Mientras las mujeres son capaces de procesar más de dos estímulos simultáneamente, los hombres en general procesan lo que sucede una cosa a la vez. El que no lo crea ¡que trate de mantener una conversación sostenida con un hombre que maneja en plena hora pico! Esto que les pasa con las conversaciones les pasa en las relaciones. Las cosas discurren a una velocidad tal que no logran procesarlo todo: mientras la mujer ha avanzado de diez yardas, él sigue en la línea de partida. Cuando ella lleva ya un gran kilometraje, él recién se va acomodando a la velocidad de la partida; y cuando ella le ha dado tres vueltas a la relación y ya está cansada de correr, él recién se embala. Resultado: en 1, 3, 5, 10 años, el hombre recién se da cuenta de lo que tuvo y lo que perdió, mientras ella ya ha recorrido de largo otros caminos y ni siquiera tiene interés en regresar a ver esa carrera. Combinación de Psicología del Diario Vivir para Dummies con Psicofisiología avanzada 5.3.

4)   Los hombres tienen miedo al compromiso: basta con que su pareja les diga “necesito algo más serio” para que se desencadene un radar con el chip pre-programado que les traduce “quiero anillo, guaguas, triciclo, casa, perro y que te sangres trabajando para tu familia en un trabajo aburrido”.  Los hombres sospechan de las intenciones de las mujeres: “si se quedan a dormir en el departamento, luego quieren el departamento” “si te dicen que toman la píldora es porque quieren atraparte con un hijo”. Ese sesgo, seguramente avalado por patrones relacionales nocivos previos, hace que se pongan a la defensiva ante cualquier propuesta seria… ¿Resultado? Hombres intermitentes que oscilan entre el querer y el no querer , el hacer y el no hacer, el estar y no estar. Frente a esto: dilema femenino del responder o no responder, actuar o no actuar, permanecer o no permanecer: Psicología del inconstante nueva versión DEMO.

5)   Los hombres tienen miedo a la "vagina devorante": tienen miedo del poder que ha adquirido la figura femenina frente a ellos. La mujer en los patrones relacionales “tradicionales” es débil, receptiva, pasiva, dulce y santa; las mujeres de hoy por el contario se muestran asertivas, activas, interesantes, dominantes. Resultado: los hombres, obsesionados por desempeñarse como “hombres” (alias: ser los que guardan el poder relacional y sexual), se topan con mujeres que demandan otro tipo de relaciones; ellos no saben como responder y no pueden simplemente "rendirse ante el enemigo”: deben guardar la fachada de soldado-que-lo-domina-todo, pero no lo logran: fracasan en el plano relacional o sexual, o en ambos. La mujer intenta ayudar, el hombre no la deja; impasse técnico-sentimental, que da como resultado una mezcla de psicología psicoanalítica, teorías de género y frustración conductual: un clásico Curso introductorio para principiantes en relaciones post-modernas.

Lo que les pasa a las mujeres… ya quedó para otra reflexión.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Sentido del humor



¿Qué les pasa a las personas que se han vuelto tan serias ?

Admito que uno prende la tele y en las noticias solo hay cosas feas : guerra, política, corrupción, polución, asesinatos, muerte.
Admito que uno va al trabajo los lunes y en seguida que se sale del ascensor solo hay  quejas, problemas, asuntos por resolver, cosas atrasadas, cosas urgentes que deben pasar por encima de las atrasadas, estados de ánimo de alguien que son más urgentes que toda la lista anterior.
Admito que en la vida personal lo que más hay son cosas aburridas como los trámites de la matrícula, pagar el teléfono que nos cortaron hace un mes, la afiliación al IESS de la empleada, el contrato que no se ha registrado aún en el MRL,  madrugones imposibles, malas caras de los hijos, mensajes erráticos de alguna pareja inestable .

Podríamos evitar prender la tele, pero todo lo demás rayaría en la irresponsabilidad si no respondiéramos adecuadamente...Y sin embargo ¿debe eso matar nuestro sentido del humor ?
¿No podemos reírnos un poco de la vida, de las circunstancias, de uno mismo ?


Recuerdo cuando estudiaba en Lovaina a un profesor mío, Bernard Rimé, todo un científico con ni-sé-cuántos “Doctorados Honoris Causa”: solía ser una persona muy agradable, muy abierta. Un día a los « becarios » de ese entonces, se nos ocurrió mandar una consulta súper formal por correo a nuestros profes, con una temática muy profunda : «c’est quoi les points noirs à l’intérieur d’une banane ? » ("¿qué son los puntos negros dentro de la banana?"). Rimé y sus colegas (Rimé et al., 1996, según la APA) nos mandaron un montón de respuestas, que iban desde las recontra-serias y científicas hasta las más «desconchinfladas » que uno pueda imaginar… Ese día entendí que ser adulto no significaba necesariamente ser aburrido. Entendí que las grandes mentes pueden ocuparse de las pequeñas cosas así como de las más trascendentales. Entendí también que hay un vasto universo de felicidad en guardar intacto ese plano lúdico, en no tomarse tan en serio la vida, en saber reírse de las circunstancias, de sí mismo, de las cosas más patéticas.

Inspirada en mis profesores, hace una semana iniciamos un juego en el trabajo, que consistía en mover a la muñeca que decoraba el baño en la Facultad, aprovechando de la coyuntura de Halloween y la película « Anabelle ». Creo que todos los involucrados nos hemos pegado un millón de risotadas ante las situaciones comiquísimas que se generaron con las personas que son superticiosas, las súper serias que se enojaron con el juego, las que acolitaron…


Comulgo mucho con Einstein que dice que "la creatividad es la inteligencia divirtiéndose". Tengo la suerte de haber frecuentado mentes brillantes y haber entendido que todo el aburrimiento que engloba el ser adulto, esas conversaciones complicadas, esa cubierta de apariencias, de lenguaje rebuscado y de cosas serias sólo envuelve a personas poco seguras de sí mismas, cuya defensa está detrás del escudo de la seriedad y del intelecto. Las personas que saben lo que son no tienen miedo de reírse de la vida y de sí mismos. Si no me creen,  piensen en la banana y googlén a mi simpático profesor: http://www.google.com.ec/search?q=Bernard+Rimé&hl=es-EC&gbv=2&oq=&gs_l=
recordando que alguna vez, en un pasado (no tan ) remoto, contestó como toda una eminencia a la pregunta de una simple estudiante que quería divertirse…