sábado, 11 de julio de 2020

Querida Andrea


Querida Andrea:

Desde que te fuiste he estado tratando de lidiar con tu ausencia. Te he llorado a ratos y en otros me he sentido alegre por haberte tenido el tiempo que te tuve. Me he sentido culpable por no haber disfrutado más tu paso por esta vida, por no haberte obligado a ir al yoga conmigo, por no subirte a un avión amarrada para que te fueras a Guayaquil porque allí eras feliz, por haber respetado tu negación a la enfermedad en lugar de confrontarte una y otra vez. La culpabilidad me viene también cuando me acuerdo de todas las veces que me invitaste a estar contigo, a tomar cafés cuando me sentía mal, a almorzar cuando me peleaba con mi novio, y que yo no iba porque me parecía lejos, hacía frío o prefería quedarme leyendo un libro. La verdad creo que lo que realmente pasaba es que se me daba mejor llevar el dolor sola que compartirlo. Y creo que tú hacías lo mismo.

No sabes lo duros que han sido estos meses sin tenerte a mi lado. Un día te dije que no te podías morir porque si no a quién le iba a contar las peleas con mi pareja. Igual te moriste e igual sigo peleando con él. Ahora hablo con otras personas de las peleas, estoy en terapia con la Anita, y hasta hacemos terapia de pareja y ¿adivina qué? Con nadie me siento como me sentía contigo al hablar de eso.

Estoy enojada con la vida porque me robó más que una amiga. Tú siempre fuiste como una hermana para mí. No puedo creer que nos hayamos vuelto adultas juntas, a veces sueño que seguimos en el colegio y nos estamos paseando cerca del bar, comiendo pastel de chocolate mientras andamos atrás del Pepe o del Simón. Me acuerdo de las notas que nos escribíamos en los cuadernos, y de las cartas ridículas en que nos inventamos que mi papá tenía un tanquero y el tuyo una volqueta. No sé por qué eso nos parecía chistoso en esa época, ahora al escribirlo incluso me doy cuenta de lo absurdo y hasta clasista que puede sonar. Pero nos reíamos mucho mucho en esos tiempos y sin ningún cargo de conciencia, de todo: de la historia del búho de la Bruna y la Cris, de los eructos de la Lola, de las clases de Filo, de las nalgas de la profe de Géo. Cuando pienso que ahora yo tengo unas iguales… nos hubiéramos reído también de esto último. Tú no tenías este problema, sobre todo al final, que tu cuerpo se fue transformando cada vez más en cuerpo de sirena, ese cuerpo frágil que no querías mostrar en el consultorio del homeópata  pese a que se te veía tan bonita como siempre.

Cuando me acuerdo de ti es como abrir un cofre de recuerdos que no se vacía. Uno trae a otro y creo que me podría pasar días enteros recordando cosas, como la vez que fuiste a hacerte churos para una fiesta y que la peluquera te puso la cabeza como la de la Pequeña Lulú, y que tuvimos que salir más tarde de tu casa porque te fuiste a lavar el cabello. ¡Qué épocas esas de adolescentes, en la que nuestra mayor preocupación era pelearnos con nuestros hermanos para ganar el teléfono para llamarnos y contarnos lo que no pudimos comentar en el colegio!

Alguien debió decirnos que esos eran los años fáciles. Debieron hablarnos de lo que se venía después, los desamores, las traiciones, la infidelidad, los divorcios, las terapias de pareja, las concesiones con nuestros objetivos. Alguien debió advertirnos que podíamos perder nuestra esencia en el camino y convertirnos en adultas que tienen que ocultar sus emociones para no asustar a los hijos o a los padres. Alguien debió nombrarnos al cáncer que se iba a desarrollar en tu cuerpo y advertirnos que no te curarías por más dietas, remedios y quimios que te metieras en el cuerpo. Alguien debió decirme que por más que me pasara repitiendo “a mí no se me muere nadie”,  era un pensamiento mágico e infantil que no evitaría lo que terminó por pasar.

Creo que con todo esto lo único que quiero decirte es lo mucho que te extraño. ¿Sabes que te sigo escribiendo a tu número celular? Cada vez que escucho “Nowhere fast” y me acuerdo que la bailamos en la fiesta de los 25 años de graduadas. O cuando estoy triste y no sé qué hacer. O la otra vez que me topé con un meme que decía “me encanta cuando la risa de alguien es más divertida que la broma” y me acordé de tu risa. Siempre.

No quiero despedirme nunca de ti y sé que podría pasarme horas escribiéndote. Por eso por ahora voy a cerrar esta carta con la letra de la canción que asocio con tu partida. La escuché en la radio cuando manejaba hacia el aeropuerto esa vez que te fui a ver sola por un día en Guayaquil. Tuve la suerte que alguien me obligó literalmente a dar el paso de ir a verte, porque tenía miedo de molestar a tus papis. ¡Qué boba! Ese día pude sostenerte la mano y constatar que estabas ya transicionando para irte a algún lugar, aún no sé bien a cuál porque no se me va el ateísmo. Volví a escuchar la canción cuando regresé de tu funeral y estaba tan triste. Y ahora cada vez que la escucho no puedo evitar pensar en ti…

She's got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything was as fresh as the bright blue sky
Now and then when I see her face
She takes me away to that special place
And if I stare too long, I'd probably break down and cry

Whoa, oh, oh
Sweet child o' mine
Whoa, oh, oh, oh
Sweet love of mine

She's got eyes of the bluest skies
As if they thought of rain
I'd hate to look into those eyes and see an ounce of pain
Her hair reminds me of a warm safe place
Where as a child I'd hide
And pray for the thunder and the rain to quietly pass me by

Whoa, oh, oh
Sweet child o' mine
Whoa whoa, oh, oh, oh
Sweet love of mine

6 comentarios:

  1. Me arrancó una lágrima, qué hermoso!!

    ResponderEliminar
  2. Maga : me he emocionado hasta las lagrimas.
    Te abrazo como a una hija que eres para nosotros

    ResponderEliminar
  3. Un abrazo enorme para usted Rodrigo. Yo siempre me he sentido como una hija en su casa

    ResponderEliminar
  4. Hermoso hermoso. No nos conocemos pero me considero una persona tocada profundamente por Andrea. Me acompañó en momentos terribles y ella me permitió acompañarla también. Es cierto tanto que dices de ella. Yo aún no borro sus voice y los guardo con el alma. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te mando un abrazo fuerte Melissa. Andrea tenía el corazón tan grande que el amor le alcanzó para dárnoslo con creces a tantas personas! Ojalá un día podamos conocernos y hablar de ella :-)

      Eliminar