lunes, 23 de septiembre de 2013

Sobre el ser madre y el ser uno mismo




 Yo crecí en una familia con una madre que trabajó siempre pero se “desdobló” para cumplir con el papel tradicional: cocinaba, planchaba las camisas de mi padre, hacía los deberes con nosotros. Se levantaba 5 de la mañana para hacer el jugo que todo el mundo criticaba a la hora del desayuno: muy frío, muy espeso, muy caliente, muy insípido…  No fuimos buenos apreciando eso en ella, y ella siempre puso en claro que tampoco sacaba mucha satisfacción de hacerlo, recalcando cuánto sacrifico implicaba ese rol, y como “así debía ser” en nombre de la estabilidad de la familia.

Creo que no era en nombre de la estabilidad emocional de nadie en el fondo, sino de la social: las mujeres como mi mamá fueron criadas para mantener unida a la familia pese a todo y sobretodo pese a ellas. Se conformaron con responder a medias a sus aspiraciones profesionales o personales, a favor de sacar adelante las de sus maridos y la educación de los hijos. Aceptaron de sus esposos que ellos tuvieran vida social, salieran, fueran conocidos e incluso cosas peores, como infidelidades, dobles familias, gritos e insultos, con tal de que puertas afuera todo pareciera bien. Estas mujeres dejaron que su estima, su realización y su felicidad no significaran nada para los otros ni tampoco para ellas. Si tuviera que dibujarlas, creo que las haría como en las caricaturas: con 8 brazos para poder hacerlo todo a la vez (cargando un bebé, cocinando, leyendo un libro, dándole la comida al marido,…etc.) y con una cara como la mamá de Mafalda cuando hace las tareas de la casa.

Como toda persona que se construye con modelos, yo asimilé inconscientemente ese modelo de mamá aunque lo rechazara en el plano consciente. Sin querer, construí mi vida de igual forma y durante 7 años me la pasé con la única satisfacción proviniendo de mi rol materno, sin pensar mucho en nada más.  Creo que si mi propia hija no hubiera puesto un día la distancia necesaria, yo habría podido pasarme así como mi madre -como un montón de mujeres,- atrapada en una vida que fue la de todas las generaciones pasadas sin intentar primero y ante todo ser lo que fui desde el primer día: YO MISMA antes de ser una MADRE.

Porque aunque suene simple, es una realidad que se nos olvida: antes de ser una madre, somos personas. antes de ser un rol social, somos individuos, con deseos, pasiones, expectativas, metas, sentimientos, propios y originales de cada uno. Antes de tener que ocuparnos de otros, hay un ser interno que necesita encontrar satisfacción en la vida,  ser feliz haciendo aquellas cosas que le llenan, buscando vías que transitar, personas especiales con las que compartir, etc. Pero nadie nos lo dijo, ni nos lo enseñó, ni nos dio el modelo. Nuestras madres,  al contario, nos dijeron: “asume el rol antes de ser quien eres tú”, aliena tu felicidad en pro de la ajena.

Tomar conciencia de eso es algo que en sí no es tan difícil. Pero hacer algo con ello ya es más complicado. Sin embargo, yo decidí un día preocuparme primero de ser yo. Eso me llevó por un camino complicado, porque tuve que renunciar a obedecer al rol social impuesto y comenzar a  encontrar a la persona que dejé de ser en algún momento. Tuve que rebuscar esos aspectos de mí que había dejado en mi sombra; cambié tanto que hasta llegué a cuestionar mi orientación profesional; dejé mi matrimonio porque me dí cuenta que uno no tiene por qué vivir resignada dentro de una relación en la cual no se encuentra satisfacción y decidí que vivir con mi hija es un buen modelo de familia, aunque la sociedad diga que es mejor cualquier cosa antes que estar sola. Me impuse la meta de  mostrar a mi hija que se puede vivir nuevas historias, diferentes, llenas de emociones y sentimientos, que no son necesariamente las que nos contaron, sino las que nos toca descubrir,  que ser uno mismo es apoderarse de su destino y que no importan las dificultades, lo que diga la gente, el rechazo y hasta la estigmatización social cuando se toman las decisiones por las razones justas.


Este camino me ha valido un montón de soledad: me ha hecho perder amigos (pero creo que si se fueron es porque no valían la pena en el fondo), me cuesta discusiones interminables con mi madre que nunca modificará su modelo para tolerar mi manera de ser, me significa todos los días el no poder hablar de mi vida con la gente que debería de ser la más cercana.  A nivel social,  transitar vías alternas para la felicidad lleva a que todos te juzguen; esas mismas mujeres que han sufrido toda su vida no se alegran que abandones el modelo del sacrificio:  condenan tu decisión y tu manera de ser feliz, poco importa que sean tus hermanas, tías o amigas. No se diga los varones que fueron criados con esas madres abnegadas y renunciantes: en el fondo creen que estás fallando fundamentalmente al orden cósmico cada vez que tu hija llora porque le extraña a su papá. Hay como un trasfondo en sus miradas que te dice: “eres egoísta”.


Pero a mí no me importa, porque he ganado muchísimo en el canje de modelo. Hoy soy libre de ser la persona que quiero: escribo, me río y disfruto de las cosas esenciales que me hacen feliz, como la música, la poesía y la buena compañía; no voy más a reuniones por compromiso y prefiero la compañía de los peces a la de personas vacías que no me aportan nada.   También enseño a mi hija cómo hacer para que halle su camino de felicidad. Sé que nunca le pasaré la factura del haber dejado mi vida por ella, no le reclamaré como hacen las madres “por tu culpa dejé esto o aquello”. Podrá ser libre de escoger ella también su camino y cuando se vaya de mi lado no se sentirá culpable de dejarme porque sabrá que yo sí tengo una vida y soy feliz.

El camino que estoy recorriendo es el que quiero y estoy segura que cuando mire atrás no va a ser plano, tal vez se vea hasta tortuoso pero será el mejor que pude haber escogido, porque lo escogí YO.

4 comentarios:

  1. La felicidad, autorealización o como se llame, es una soledad de buena compañía, me encantó la reflexión!!!!!

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  2. Recién veo que tienes un blog! Que emoción! Ya lo voy a leer. Este post me gustó en particular porque desnudas tu alma, algo tan difícil de hacer. Un besote

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  3. Gracias Andrew! En todo lo que escribo trato de dejar algo de mi :-)

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