domingo, 17 de agosto de 2014

Odio cuando la tierra se pone a temblar


Odio cuando la tierra se pone a temblar, y me toca decidir entre dormir sin cerrar la reja con miedo a que entren los ladrones o cerrarla y tener la posibilidad de quedarme atascada en mi departamento en caso de terremoto.

Ojo, esta intranquilidad no me vino ante el primer temblor, ni ante el segundo: siempre he sido muy tranquila ante las emergencias. Cuando tembló la tierra el martes, estaba en la oficina e hice todo lo correcto: ponerme bajo la mesa y decirle al estudiante que trabaja conmigo que haga lo mismo. Una vez que todo terminó, evacuamos la Facultad. Me cercioré que todo estuviera vacío, anulé las clases. Todo con extrema tranquilidad.

Siempre he dicho que yo soy la persona con la que quisiera estar en caso de emergencia.

Creo que fue ante la réplica del miércoles en la noche que por fin entendí la posibilidad real de que esto no iba a terminar, y que mi esquema cognitivo de tranquilidad se vio espantado ante la idea de que el mundo tal como lo conozco, puede dejar de serlo. Ese rato hice el kit de emergencia, en plena noche, dándome cuenta de lo poco adaptada que está mi vida para este tipo de realidades: no tenía ni una conserva y si hubiera habido un terremoto esa noche, mi hija y yo hubiéramos debido alimentarnos básicamente de Doritos de mostaza y galletas María… 

Y ahora, cada noche que me voy a dormir, estoy dudando sobre todo lo que hago; no sólo es el asunto de la reja, sino el si dejo los zapatos al lado de la cama o mejor bajo la mesa, si será que descuelgo el cuadro para que no me caiga encima, si debo poner los lentes cerca y si me acordaré de cogerlos al rato de salir corriendo…

Me he vuelto una persona intranquila en el espacio de una semana.

En general, mi esquema de actuación frente al mundo es: tranquilidad. Es un esquema que funciona muy bien en circunstancias normales, y que me permite encontrar soluciones creativas a un montón de cosas pequeñas en la vida diaria, así como también dejar atrás esos pequeños “estrés” cotidianos como el tráfico, los malos ratos con las personas, las fallas de la compu, ese tipo de cosas… Mi interacción con el mundo me ha ratificado que es así como se debe actuar.

¿Por qué entonces ando ahora tan dudosa?  Creo que esto de los temblores me ha hecho dar cuenta que en realidad vivo una falacia de control. La tierra tiembla, y no se si mi actuar ante los hechos es el adecuado: ¿estoy siendo demasiado paranoica? ¿o al contrario, soy poco prudente? ¿lo que hago es muy poco? ¿ o será demasiado? ¿debería confiar en que todo va a salir bien? No puedo responder a ninguna de estas preguntas con seguridad; resulta entonces que la tranquilidad con la que actúo sólo se debe al hecho de que estoy acostumbrada a que las cosas se solucionen y que todo vuelva a su cauce, y que ahora me doy cuenta que hay cosas que pueden no solucionarse y me toca vivir con ello.

Así que, cansada de tanta incertidumbre me voy a dormir, con una única certeza que es saber que odio cuando la tierra se pone a temblar.

2 comentarios:

  1. Francita, te decía que es momento de hacer cambios, hacer giros. Justo en el momento del miedo, del retroceso. Lo importante es que tu hijita sienta que a pesar de ese miedo tú la protegerás, que somos humanas no más, pero que igual buscamos siempre ... buscamos¡

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  2. Sí Sandrita!!!! todo temblor (los literales y los figurados) desequilibran pero permiten reconstruir cosas nuevas :-)

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