Odio
cuando la tierra se pone a temblar, y me toca decidir entre dormir sin cerrar
la reja con miedo a que entren los ladrones o cerrarla y tener la posibilidad
de quedarme atascada en mi departamento en caso de terremoto.
Ojo,
esta intranquilidad no me vino ante el primer temblor, ni ante el segundo: siempre he sido muy tranquila ante las emergencias. Cuando tembló la tierra el
martes, estaba en la oficina e hice todo lo correcto: ponerme bajo la mesa y
decirle al estudiante que trabaja conmigo que haga lo mismo. Una vez que todo
terminó, evacuamos la Facultad. Me cercioré que todo estuviera vacío, anulé las
clases. Todo con extrema tranquilidad.
Siempre
he dicho que yo soy la persona con la que quisiera estar en caso de emergencia.
Creo
que fue ante la réplica del miércoles en la noche que por fin entendí la
posibilidad real de que esto no iba a terminar, y que mi esquema cognitivo de
tranquilidad se vio espantado ante la idea de que el mundo tal como lo conozco,
puede dejar de serlo. Ese rato hice el kit de emergencia, en plena noche,
dándome cuenta de lo poco adaptada que está mi vida para este tipo de
realidades: no tenía ni una conserva y si hubiera habido un terremoto esa noche, mi hija y yo hubiéramos debido alimentarnos básicamente de Doritos
de mostaza y galletas María…
Y
ahora, cada noche que me voy a dormir, estoy dudando sobre todo lo que hago; no
sólo es el asunto de la reja, sino el si dejo los zapatos al lado de la cama o
mejor bajo la mesa, si será que descuelgo el cuadro para que no me caiga
encima, si debo poner los lentes cerca y si me acordaré de cogerlos al rato de
salir corriendo…
Me he vuelto una persona intranquila en el espacio de una semana.
En
general, mi esquema de actuación frente al mundo es: tranquilidad. Es un
esquema que funciona muy bien en circunstancias normales, y que me permite
encontrar soluciones creativas a un montón de cosas pequeñas en la vida diaria,
así como también dejar atrás esos pequeños “estrés” cotidianos como el tráfico,
los malos ratos con las personas, las fallas de la compu, ese tipo de cosas… Mi
interacción con el mundo me ha ratificado que es así como se debe actuar.
¿Por qué
entonces ando ahora tan dudosa? Creo que esto de
los temblores me ha hecho dar cuenta que en realidad vivo una falacia de
control. La tierra tiembla, y no se si mi actuar ante los hechos es el adecuado: ¿estoy siendo demasiado paranoica? ¿o al contrario, soy poco prudente? ¿lo que hago es muy poco? ¿ o será demasiado? ¿debería confiar en que todo va a salir bien? No puedo responder a ninguna de estas preguntas con seguridad; resulta
entonces que la tranquilidad con la que actúo sólo se debe al hecho de que estoy acostumbrada a que las cosas se solucionen y que todo vuelva a su cauce, y que
ahora me doy cuenta que hay cosas que pueden no solucionarse y me toca vivir
con ello.
Así
que, cansada de tanta incertidumbre me voy a dormir, con una única certeza que
es saber que odio cuando la tierra se pone a temblar.
Francita, te decía que es momento de hacer cambios, hacer giros. Justo en el momento del miedo, del retroceso. Lo importante es que tu hijita sienta que a pesar de ese miedo tú la protegerás, que somos humanas no más, pero que igual buscamos siempre ... buscamos¡
ResponderEliminarSí Sandrita!!!! todo temblor (los literales y los figurados) desequilibran pero permiten reconstruir cosas nuevas :-)
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