miércoles, 10 de diciembre de 2014

Perra


Perra es un insulto terrible. ¿Por qué? ¿qué tiene que ver un animalito del sexo femenino con lo que implica tremenda palabra?

La asociación es de índole sexual, seguramente porque este animal hembra tiene varios contrapartes sexuales durante su vida. Pero quienes han observado como se da el cortejo, verán que aunque las perras pueden aceptar varios machos, no aceptan a cualquiera; si bien están en época de reproducción, de todas maneras escogen a aquellos machos con quienes se van a acoplar. Que son varios  a veces, sí, que no hay monogamia todo el tiempo… verdad. Pero ¿para qué? ¿Acaso el "privilegiado" se va a quedar a su lado  toda la vida criando a los cachorros? ¡No! de la cópula en adelante, la perra permanece sola. Cuando pare, es sólo ella. Cuando amamanta , también. Además, sí hay perras que son fieles a un solo perro:  ¿De qué dependerá?

Perra es sin embargo un insulto y  no “gata”, por ejemplo; ¿por qué? Quizá por los otros rasgos asociados: la fidelidad al  dueño, la sumisión, la gentileza, la calidez del trato. Las gatas hacen lo mismo, se acuestan con varios machos, pero les dan encima un buen zarpazo y son frías y distantes…

A mí me cuestiona mucho esa asociación con las perras… En general los perros  son animales muy domésticos, calurosos, gentiles, afectuosos, juguetones, animalitos con los cuales se entablan verdaderas relaciones. Buenas y malas: hay perros que crecen mimados, otros educaditos, otros agresivos. Ninguno nace per se así, todos aprenden a reaccionar con el estilo de dueño que han tenido. Hay  perritos totalmente atemorizados, por ejemplo, a los que se ha acariciado y  de repente la misma mano le da un buen bofetón… dos o tres veces … y a la final cada vez que se le presenta al animal la mano que debería acariciar, este siente la desconfianza de que el bofetón venga por atrás. Animalito acorralado, sólo puede escoger entre huir y morder: ¡Malo! ¿Malo?

En mi familia nuclear de origen soy la única a la que le gustan los animales. Cuando tenía más o menos la edad de Naomi (mi hija), compré todos los boletos de una rifa en mi clase sólo porque el primer premio era un gatito. Menos mal, cuando llegué a la casa con la bolita de pelos negros y blancos mi Tía Sonia estaba de visita y abogó frente a mi mami sobre la posibilidad real de dejar que el gato viva con nosotros. Antes ya habíamos tenido un “primer intento”, un gatito que trajimos de contrabando de Azogues y al que llamamos “Mishu”, que mi madre regaló a los tres días. No sé lo que le dijo mi tía, pero Coral, mi primer gato, vivió varios años con nosotros. Tengo grabados episodios de su estadía en nuestra vida, como cuando le picó una abeja en el cachete y casi le da un shock anafiláctico o cuando se indigestó y el albañil que trabajaba en la casa le dio un masaje en la panza que parecía un partido de box y le recetó “agua de manzanilla” (¡obvio!), lo que contra toda expectativa curó al gatito…

He tenido después de él una gata maravillosa que se llamó “Pompón Maharajá Felipe” por un error inicial de determinación de género, que vivió casi 14 años con nosotros y fue mi mejor amiga durante toda mi adolescencia. Además, pobló de gatitos a medio Quito porque, cruzando fronteras raciales, era una “verdadera perra” como dirían algunos…

Lo que me hace volver a mi reflexión inicial. Extraña relación que tenemos con nuestra animalidad, con el género femenino, con la sexualidad. Los animales son seres genuinos, de fácil lectura, con su carácter e individualidad, como cualquier ser vivo. Pero aman sin condiciones a quien les cuida y les protege, son fieles, saben perdonar pequeños errores, extrañan la distancia emocional, dan cariño gratuitamente… sobre todo los perros (pero no únicamente) y más que nada las perras, aunque tengan tan mala fama. Esto es  más de lo que la mayoría de los seres humanos somos capaces de dar en nuestras relaciones.

Entré en tremenda polémica el otro día con una publicación de la página “Evolucionarios” del Face, en la que dijeron que un estudio había encontrado que "los hombres que tienen 20 parejas sexuales o más tienen menor incidencia de cáncer de próstata”… (https://www.facebook.com/EvolucionEC/photos/pb.220637228069156.-2207520000.1418263398./567905476675661/?type=3&theater) . Reaccioné racionalmente diciendo que a las cifras uno les hace decir lo que quiere, y que además el tener múltiples parejas en el hombre aumenta el riesgo de papiloma virus en las mujeres y que esto causa la MUERTE en el sexo femenino;  pero me “cayeron” un montón de hombres diciendo en resumen que solo las tontas se acuestan sin usar preservativo y se contagian. Ya ni les contesté. ¿Para qué polemizar con gente tan obtusa? Internamente me dije… solo las tontas… solo las fieles… ¿sólo las perras?

Del (la) Pompón y mis otros gatos, ya les contaré otra vez.


4 comentarios:

  1. Y luego por qué cuesta confiar?? Si al final te tratan como cosa..
    Y si los animalitos dan muchísimo más de lo que los seres humanos somos capaces de dar en las relaciones... Muy acertado me gustó... :)

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    1. Gracias Estefy! A veces somos la versión del animalito acorralado, desgraciadamente... o morder o huir...

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  2. La sexualidad, la sexualildad, aún un tabú que se acomoda al estilo actual, cambia, así, asá, más allá, tema siempre en conflicto y discusión. Gracias por proponer análisis Mary France.
    Saludos

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    1. Sandri!!!! la sexualidad es un tema que nos cuesta abordar... pero está ahí desde el primer día de nuestra vida, desde las construcciones sociales y familiares... Seguro no será la última vez que lo aborde. Un abrazo!

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