Vivimos
momentos muy extraños. Estamos en una época que es un magma incoherente entre
lo que pretendemos ser y lo que somos en el fondo.
Pretendemos
poder comunicar mejor, ser rápidos en el contacto y alcanzables al instante;
para ello hemos creado un sinnúmero
de aparatos sofisticados y portátiles que nos “conectan” en tiempo real con
quién queramos. Eso ha provocado de rebote una necesidad de estar disponible que no deja espacio al margen de
libertad de apagar el dispositivo o
simplemente estar sin batería. Si nos
pasa, nos coge la ansiedad de no estar
disponibles. Si le pasa a otro, en seguida “pensamos que pasó algo” (desde
el “no puede contestarme” o “me está ignorando”, hasta las
interpretaciones catastróficas como “le
robaron” “algo malo pasó” o
directamente “está muerto”). La
verdad es que estamos tan pendientes de lo que pasa en el espacio virtual que
perdemos de vista lo que sucede frente a nuestros ojos; atentos al celular no
atendemos a las reuniones, a las clases, al almuerzo, a la película, a nuestros hijos, a nuestras parejas.
¿Para qué? ¡Para saber lo que hace tal o cual persona que muchas veces no
frecuentamos en la vida real!
A
veces, nos escudamos en la necesidad de estar informados: esta también es una
pretensión. Creemos que vamos a informarnos mejor, pero lo único que hay es un
acceso rápido a lo que viene, que pasa por nuestros ojos y es asimilado o defecado sin ninguna digestión (desechado,
likeado o “reposteado” /”retweeteado” sin reflexión) como que “dando un toque” o sin hacerlo en este
espacio se hiciera o no se hiciera nada, porque en el fondo, sólo nos importa
la inmediatez… Si no, vean lo que pasa con el asunto del volcán Cotopaxi: nos han
reenviado imágenes de tantas erupciones volcánicas que ni siquiera eran de esta
montaña y durante minutos entramos en pánico simplemente porque los que postean
no SE TOMAN EL TIEMPO de verificar la información. Es que en esta sociedad nos
tomamos TODO rápidamente, menos lo que deberíamos.
Y así, en esa vorágine informativa, pretendemos
conocer: cada que sale una noticia todo el mundo es experto. Cuando explota un
volcán somos todos vulcanólogos, cuando hay eclipse, astrónomos, cuando se dan
las manifestaciones, politólogos, cuando llega el año chino, chinólogos… Mofa
aparte, basta con que una persona ponga algo en la red para que se desate un
frenesí de pros y contras de todos
los “expertos” y que los que publicaron sean lapidados. Para ejemplo un
botón: la foto publicada por Henri Leduc (https://www.facebook.com/Henri.J.Leduc?fref=ts), experto en fotografía y turismo, quien recibió comentarios
terribles de parte de un montón de aficionados (no de fotografía, sino de ignorancia) simplemente porque
nadie creyó que pueden existir personas que con paciencia, esfuerzo, destrezas
y talento logran capturar una foto tan maravillosa de la erupción del Cotopaxi
( https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10153683812864587&set=a.310925334586.151270.691044586&type=3&theater
)
Ahora todos
somos jueces y dueños de las verdades. En este mundo de cámaras y de
exhibicionismo público, el que posee la imagen posee el derecho: el derecho a
decir lo que le da la gana y a ser seguido por masas; el derecho a decidir
sobre lo que será visto por los demás o no; el derecho a imponer creencias,
valores, sentido en la vida. Y nosotros aceptamos eso y lo legitimamos cada vez
que prendemos la televisión en
nuestras casas o que cedemos a los estereotipos sociales: cuando hacemos dieta
para parecernos a las modelos reflacas o cuando nos hacemos una cirugía para
ser perfectos y compramos un nuevo artefacto que nos hará felices así nos
endeudemos a-miles-de-meses-plazo.
¡Lancemos la primera piedra si no lo hemos hecho alguna vez!...
Solo de vez en cuando tenemos “punzadas” de
lucidez. Como lo que pasó hace algunos días con el show “Ecuador tiene talento”, programa en el cual un grupo de mujeres,
amargadas y resentidas con una joven muchacha sacaron el argumento supremo para
decirle que lo suyo “no era talento”: si no creía en DIOS, nunca iba a lograr ser algo más. Menos
mal parece que vivimos en un país que posee aún algo de criterio porque esto ha
generado un movimiento en contra de lo que no puede ser calificado de otro modo
que de acoso. O discriminación por razones religiosas. O ambos. Y ambos
penalizados en nuestro país. (El video como tal ya ha sido sacado de la web,
solo queda la petición del colectivo para que se disculpen: https://www.change.org/p/cordicom-y-supercom-que-las-presentadoras-de-ecuador-tiene-talento-se-disculpen-públicamente-con-la-joven-carolina?recruiter=286901185&utm_source=share_petition&utm_medium=facebook&utm_campaign=share_page&utm_term=des-lg-share_petition-no_msg&fb_ref=Default
)
Pero en
esta sociedad de la imagen, del medio visual, todos anhelan ser noticia. Como si existir en el mundo real no fuera
suficiente, ni importante: solo se existe cuando hay un aparato de por
medio. La mirada del otro ya no me basta ni me satisface. Debo ser reconocido
(con una mirada supuesta) en esa “telaraña” que no sólo la conforman el internet, facebook,
instagram, twitter, pinterest, ask , sino todos sus primos lejanos: debemos estar en la televisión, ser famosos así sea un momento, publicar nuestras mediocres memorias así nadie las lea, cantar aunque no se tenga
talento, tener un blog…
Ya
nadie quiere ser parvulario, agricultor, arquitecto, plomero…. Solo se sueña
con ser famoso, rico, admirado. Y ya no basta con SER: debemos SER VISTOS
SIENDO, es decir tener una mirada así sea virtual que observa nuestra existencia: publicamos nuestra vida, nuestros amores, desamores, lo que
comemos, lo que vestimos, lo que compramos, dónde estamos, lo que visitamos. Ya no hay intimidad: todo se pone en línea,
desde las fotos de los senos para los enamorados en Snapshot hasta los videos
que manda el “ex” arrepentido (https://www.youtube.com/watch?v=ahjY9ic571g
). Todo es expuesto al “gran OJO
social”, que juzga, se burla, “memeriza”, ignora, condena o absuelve, según un criterio moral poco fortalecido.
¿Qué de
todo esto debemos analizar a cabalidad? ¿Cómo explicar lo que está sucediendo
no solamente delante de nuestros ojos sino adentro de nuestras familias y hasta
en nuestra propia vida?
En
realidad lo que está detrás de todo esto, el análisis psicológico de lo que está
pasando… merece un próximo espacio de reflexión.
¡Buenas
noches y hasta pronto!
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