martes, 29 de septiembre de 2015

Sociedad de la imagen (Primera parte: De la constatación del estado de los hechos)


Vivimos momentos muy extraños. Estamos en una época que es un magma incoherente entre lo que pretendemos ser y lo que somos en el fondo.

Pretendemos poder comunicar mejor, ser rápidos en el contacto y alcanzables al instante; para ello  hemos creado un sinnúmero de aparatos sofisticados y portátiles que nos “conectan” en tiempo real con quién queramos. Eso ha provocado de rebote una necesidad de estar disponible que no deja espacio al margen de libertad de apagar el dispositivo o simplemente estar sin batería. Si nos pasa, nos coge la ansiedad de no estar disponibles. Si le pasa a otro, en seguida “pensamos que pasó algo” (desde el “no puede contestarme” o “me está ignorando”, hasta las interpretaciones catastróficas como “le robaron” “algo malo pasó” o directamente “está muerto”). La verdad es que estamos tan pendientes de lo que pasa en el espacio virtual que perdemos de vista lo que sucede frente a nuestros ojos; atentos al celular no atendemos a las reuniones, a las clases, al almuerzo, a la película,  a nuestros hijos, a nuestras parejas. ¿Para qué? ¡Para saber lo que hace tal o cual persona que muchas veces no frecuentamos en la vida real!

A veces, nos escudamos en la necesidad de estar informados: esta también es una pretensión. Creemos que vamos a informarnos mejor, pero lo único que hay es un acceso rápido a lo que viene, que pasa por nuestros ojos y es asimilado o  defecado sin ninguna digestión (desechado, likeado o “reposteado” /”retweeteado” sin reflexión) como que “dando un toque” o sin hacerlo en este espacio se hiciera o no se hiciera nada, porque en el fondo, sólo nos importa la inmediatez… Si no, vean lo que pasa con el asunto del volcán Cotopaxi: nos han reenviado imágenes de tantas erupciones volcánicas que ni siquiera eran de esta montaña y durante minutos entramos en pánico simplemente porque los que postean no SE TOMAN EL TIEMPO de verificar la información. Es que en esta sociedad nos tomamos TODO rápidamente, menos lo que deberíamos.

Y así,  en esa vorágine informativa, pretendemos conocer: cada que sale una noticia todo el mundo es experto. Cuando explota un volcán somos todos vulcanólogos, cuando hay eclipse, astrónomos, cuando se dan las manifestaciones, politólogos, cuando llega el año chino, chinólogos… Mofa aparte, basta con que una persona ponga algo en la red para que se desate un frenesí de pros y contras de todos los “expertos”  y que los que publicaron sean lapidados. Para ejemplo un botón: la foto publicada por  Henri Leduc (https://www.facebook.com/Henri.J.Leduc?fref=ts), experto en fotografía y turismo,  quien recibió comentarios terribles de parte de un montón de aficionados  (no de fotografía, sino de ignorancia) simplemente porque nadie creyó que pueden existir personas que con paciencia, esfuerzo, destrezas y talento logran capturar una foto tan maravillosa de la erupción del Cotopaxi ( https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10153683812864587&set=a.310925334586.151270.691044586&type=3&theater )


Ahora todos somos jueces y dueños de las verdades. En este mundo de cámaras y de exhibicionismo público, el que posee la imagen posee el derecho: el derecho a decir lo que le da la gana y a ser seguido por masas; el derecho a decidir sobre lo que será visto por los demás o no; el derecho a imponer creencias, valores, sentido en la vida. Y nosotros aceptamos eso y lo legitimamos cada vez que prendemos la  televisión en nuestras casas o que cedemos a los estereotipos sociales: cuando hacemos dieta para parecernos a las modelos reflacas o cuando nos hacemos una cirugía para ser perfectos y compramos un nuevo artefacto que nos hará felices así nos endeudemos  a-miles-de-meses-plazo. ¡Lancemos la primera piedra si no lo hemos hecho alguna vez!...

Solo de vez en cuando tenemos “punzadas” de lucidez. Como lo que pasó hace algunos días con el show “Ecuador tiene talento”, programa en el cual un grupo de mujeres, amargadas y resentidas con una joven muchacha sacaron el argumento supremo para decirle que lo suyo “no era talento”:  si no creía en DIOS, nunca iba a lograr ser algo más. Menos mal parece que vivimos en un país que posee aún algo de criterio porque esto ha generado un movimiento en contra de lo que no puede ser calificado de otro modo que de acoso. O discriminación por razones religiosas. O ambos. Y ambos penalizados en nuestro país. (El video como tal ya ha sido sacado de la web, solo queda la petición del colectivo para que se disculpen: https://www.change.org/p/cordicom-y-supercom-que-las-presentadoras-de-ecuador-tiene-talento-se-disculpen-públicamente-con-la-joven-carolina?recruiter=286901185&utm_source=share_petition&utm_medium=facebook&utm_campaign=share_page&utm_term=des-lg-share_petition-no_msg&fb_ref=Default )

Pero en esta sociedad de la imagen, del medio visual, todos anhelan ser noticia. Como si existir en el mundo real no fuera suficiente, ni importante: solo se existe cuando hay un aparato de por medio. La mirada del otro ya no me basta ni me satisface. Debo ser reconocido (con una mirada supuesta)  en esa “telaraña” que no  sólo la conforman el internet, facebook, instagram, twitter, pinterest, ask , sino todos sus primos lejanos:  debemos estar en la televisión, ser famosos así sea un momento, publicar nuestras mediocres memorias así nadie las lea, cantar aunque no se tenga talento, tener un blog…

Ya nadie quiere ser parvulario, agricultor, arquitecto, plomero…. Solo se sueña con ser famoso, rico, admirado. Y ya no basta con SER: debemos SER VISTOS SIENDO, es decir tener una mirada así sea virtual que observa nuestra existencia: publicamos  nuestra vida, nuestros amores, desamores, lo que comemos, lo que vestimos, lo que compramos, dónde estamos, lo que visitamos. Ya no hay intimidad: todo se pone en línea, desde las fotos de los senos para los enamorados en Snapshot hasta los videos que manda el “ex” arrepentido (https://www.youtube.com/watch?v=ahjY9ic571g  ). Todo es expuesto al “gran OJO social”, que juzga, se burla, “memeriza”, ignora, condena o absuelve,  según un criterio moral poco fortalecido.

¿Qué de todo esto debemos analizar a cabalidad? ¿Cómo explicar lo que está sucediendo no solamente delante de nuestros ojos sino adentro de nuestras familias y hasta en nuestra propia vida?

En realidad lo que está detrás de todo esto, el análisis psicológico de lo que está pasando… merece un próximo espacio de  reflexión.


¡Buenas noches y hasta pronto!

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