Tus
miradas hija hermosa, tus ojos azules que sonríen con la comisura de tus labios
al mirar a tu primito con amor profundo. Tu mirada de reproche cuando no quiero
jugar contigo; la llena de angustia por el miedo a fracasar en el colegio. Miradas en presente y otras del pasado que brillan en mi recuerdo como el sol
cada mañana; la primera que me regalaste, de ojitos pardos cuando naciste y te
pusieron sobre mi vientre.
Tus
miradas amor mío, la inquieta que se pasea buscando saberlo todo y la tímida, que
se fija en mis ojos pero no permanece y va acompañada siempre de un leve giro
de la cabeza. La mirada seria del científico y la burlona que combina tan bien
con la mochila. La
mirada profunda en la que se puede ver el mar agitado de tu deseo y aquella
otra en la que brilla una luz que se va fundiendo en las sombras a la par que
nos cae la noche.
Mis
miradas, que pueden ser furiosas y
parecer rayos láser, o acariciar cuando la distancia no me permite hacerlo con
las manos. Las de mi madre, que nos congelaban a través de la mesa cuando nos
portábamos mal. Las de la tormenta que no logra convertirse en torrente de
lágrimas, como la de mi padre en el entierro de mi abuelo. Las pícaras de mis
sobrinos. Las cálidas como las de mi terapeuta. Las vacías de las personas que ven a través de las ventanas de los
buses. Las preocupadas de Doña Mary cuando habla de sus hijos. Las censurantes,
como las de las monjas de la escuela. Las que acogen en secreto las lágrimas.
Tantas
miradas...
Las miradas mensajeras de sentimientos¡
ResponderEliminarSí Sandrita :-) Todo un lenguaje detrás de las miradas
Eliminar