domingo, 7 de septiembre de 2014

Yo no soy así


Tenemos una definición de nosotros mismos, lo que los psicólogos llamamos el “yo”, “el sí mismo” , la personalidad, el autoconcepto. Todo lo que podemos decir sobre nosotros es la imagen interna que nos hemos ido forjando a través de los años y es realidad una especie de resumen de las reacciones que hemos tenido frente a las  experiencias que vivimos.

Suena muy teórico, pero tomando el ejemplo del niño siempre es más fácil entender el proceso.  Imaginémonos un niño en la época de la guardería. Se encuentra con un montón de desconocidos… unos le arranchan los juguetes, otros le dejan jugar con los suyos, algunos no paran de llorar y los hay muy sonreídos… De ellos dicen los adultos que son “respetuosos”, “bravucones”, “llorones”,  “alegres”… Las personas alrededor interpretan y traducen lo que cada uno hace, le ponen un nombre, y así como hablan de los demás, también nos dicen: “no seas tan tímida” “eres demasiado revoltosa”, etc.

Así interiorizamos nuestro autoconcepto. Crecemos pensando que somos de una manera u otra, y cuando somos adultos, podemos fácilmente describirnos diciendo: “soy inteligente, divertida, ecologista, un poco malgenio, estricta, justa, etc, etc”. Aprendemos incluso a seleccionar lo que vivimos en función de este autoconcepto: si creo que soy tímida, ¿realmente voy a aceptar salir con alguien que acabo de conocer a una cita face-to-face? ¡Ni en sueños!, esa es la situación-tipo que tiendo a evitar porque “no va con mi personalidad”.

Dentro de todo lo que pensamos sobre nosotros mismos,  algunos de estos rasgos nos gustan, otros no. Quisiéramos potenciar los que nos parecen buenos, y lo hacemos en realidad constantemente, pero también quisiéramos deshacernos de aquellos que no nos gustan; desgraciadamente también estos rasgos los potenciamos día a día: perezosa, desordenada, sincerota, ingenua…

¿Podemos deshacernos de estos rasgos? ¿Podemos cambiar quienes somos?

Si le preguntamos eso a alguien la  primera respuesta es un NO rotundo. Mi amiga Andrea, por ejemplo, me acaba de decir que no se puede ser “un poco menos yo”. ¿Por qué? Porque nos resistimos a cambiar "nuestra esencia". ¿Cuántas veces no hemos dicho: “Yo no soy así”.?

Sin embargo, pensemos un poquito más: si mi definición de mí mismo se forjó en una serie de experiencias en las que actué de una manera, ¿no será que actuando de manera diferente puedo llegar a cambiar esa definición de mí mismo?

(By the way, el momento en que queremos cambiar algo de nosotros mismos es cuando nos hemos dado cuenta de que nuestra manera de SER siempre nos lleva al mismo tipo de situaciones que no nos hace sentirnos bien).

Digresión aparte, yo creo que sí se puede… Siempre que la motivación esté ahí y que seamos lo suficientemente perseverantes. Si pienso que soy mala bailarina, una única solución se me presenta por delante: tomar clases de baile. ¿Voy a llegar al nivel profesional con una sola clase? ¡Noooooo! Seguro que en la primera clase me va a ir fatal, y en las 10 siguientes seguiré sintiendo que soy muy muy mala en eso. Pero al llegar a la 20ª de repente encontraré que lo estoy haciendo muy bien,y ni siquiera podré saber en qué momento preciso se revirtieron las cosas. Y un día tal vez podré decir: “sé bailar salsa muy bien”.

A veces lo que intentamos cambiar es más complejo y no es tan fácil saber qué camino se debe transitar para llegar al objetivo: por ejemplo, si mi “tarea” no es “ser mejor bailarín”, sino “dejar de ser inocente”… ¿Cómo lo hago? ¿Qué experiencias debo acumular para perder la inocencia?

Hace poco decidí dejar de ser tan miedosa: odio las películas de terror, me estresan un montón, y por ello hace muchísimos años que no veo nada de este género. Empeñada en “no ser tan yo misma”, me compré la película Mamá y me la vi solita. ¿Y qué creen? ¡Lo logré!  (Debo confesar que, para minimizarme el daño psíquico, me la vi al medio día y corté varias veces el sonido porque sabía que sino me iba a dar un infarto). Ya ya, suena cobarde. Pero el punto es que comencé a transitar el camino. Está aún lejos ver en pantalla gigante y con  Dolby Surround Actividad paranormal o The ring. Pero ¡quién dice que no lo voy a lograr!. Yo sé que es posible siempre y cuando le ponga el empeño necesario.

Todo esto para decir que, aunque se trate de cosas tan complejas como  “perder la inocencia”, creo que sólo hay que buscar el camino adecuado y perseverar para lograrlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario