Cuando Facebook quiso
hacer las reseña de mi año en fotos, me negué. Un resumen de la vida hecho por
un algoritmo de programación… qué cosa tan árida! No sería mejor hacer un “inventario
existencial” propio (http://encrucijadas-vida.blogspot.com/2014/12/inventario-existencial.html?spref=fb) aprovechando el silencio posterior a las fiestas?
2014 inició como un sueño para mí. Cruzar un océano para
visitar a la persona amada, ¿qué mejor plan puede haber? A estas alturas, hace
un año exactamente, estaba con maleta lista yendo a Tababela para lo que
esperaba fuera una experiencia extraordinaria. Y lo fue: en esa maravillosa
ciudad que es París viví momentos inolvidables. Luego fui una semana a
Italia, y conocí esa Roma milenaria de la que tanto se habla, Milano bajo la
lluvia y la más extraordinaria ciudad que es Florencia: me enamoré de su
catedral que parece hecha de papel, de ese puente lleno de casitas de colores, de las
calles bañadas de lluvia, de las 800 gradas del campanile…
Cuando regresé de Europa estaba, literalmente, flotando en
una nube. Nube que se fue diluyendo en los siguientes meses, a punta de insomnios,
sospechas, dudas, mentiras, en fin, esas cosas que son el reverso de la medalla
de las relaciones. Me encontré con mi lado obscuro, me hice daño, me curé a
retazos en terapia, deduje más que saber lo que pasaba, me negué, acepté, me
engañé. Sentí cosas que ni siquiera sabía que podía sentir.
A mediados de año, ya fue evidente mi suelazo. Maltrecha,
adolorida, con las ilusiones desvanecidas, puse fin a esa relación, la enterré, la borré de mi vida. Es que de tanto fondo que
toqué me dí cuenta que no podía llegar a nada que no fuera autodestruirme. El
día en que tomé esa decisión sentí tanto alivio!. Y de ahí comencé a relacionarme
de diferente manera, como hacen los adultos, en relaciones a las cuales se
entra por entrar, sin conocer a las personas, para compartir momentos y sin
comprometer sentimientos. Seguramente las personas con las que estuve eran muy
valiosas, pero no me di el tiempo y a veces tampoco me dio la gana de invertir
nada en ellas. Me encontré con el egoísmo, el suyo y el mío. Aprendí a ser
adulta en un mundo de adultos.
Fue como volver a aprender a caminar: un
día bien, otro día en el piso, un día humana, otro día mala. Reencontrarme conmigo
misma ha pasado por hablar mucho, reflexionar mucho, escribir en este blog. Por ver
el aprendizaje que me dejó esta relación y las siguientes que tuve, que es el
aprender a desapegarme. Por entender que solo duele la pérdida
cuando se cree poseer algo, pero que no se posee a nadie en realidad, solo se
comparte caminos…Por archivar definitivamente esos números del whastapp,
no esperar mensajes de nadie. Por levantarme día a día y mirarme al espejo
tratando de amarme más a mí que a los demás, no por egoísmo sino porque al
final yo sólo soy importante para mí misma. Por sentir lo bien que hace leer
a personas buenas que tienen pensamientos buenos. Por sacar de mi vida el exceso
de peso, las malas vibras, compartiendo las cosas cotidianas con
personas confiables, desconfiando también de aquellas que me juzgan sin ni
siquiera intentar ponerse en mis zapatos.
Una vez que entendí cual es mi esencia, me la tatué en la espalda; erróneamente hay quienes creen que lo hice en la tormenta, pero en realidad lo hice cuando accedí a la calma. Son dos hermosas alas que han
estado siempre ahí : simbolizan la libertad, mi libertad de decidir
lo que es bueno para mí, de decir lo que pienso así asuste y ahuyente a las
personas que me consideran “abrumadora”, de pensar diferente, de escribir sobre
lo que se me antoja, libertad de pedir prestados recuerdos de otros y hacerlos míos o
de hablar de los propios como si fueran ajenos. Libertad de dar abrazos un día
y de estar enojada otro, de rechazar propuestas, de pintarme mechas azules, de
no ir a reuniones, de estar de acuerdo así sea solo conmigo. De marcharme de
relaciones mediocres cuantas veces me toque. De celebrar sola el año viejo, con
una buena película y una copa de champán. De cerrar círculos a mi manera, de no
vivir de recuerdos y de modificar los que he dejado en las personas. De querer
en secreto cosas imposibles…
Creo haber hecho bien al negarme a ver la reseña de fotos del face ejercitando mi pleno derecho a hacer la mía aquí. No voy a vivir de recuerdos, como lo hace la mayoría de la gente, voy a vivir los momentos, buenos, malos, generosos o mezquinos. Y recordaré solo lo que quiera recordar yo, no dejaré que un programa elija por mí.
Tengo unas alas magníficas… Este año voy a volar.
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