jueves, 1 de enero de 2015

Inventario 2014

Cuando  Facebook quiso hacer las reseña de mi año en fotos, me negué. Un resumen de la vida hecho por un algoritmo de programación… qué cosa tan árida! No sería mejor hacer un “inventario existencial” propio (http://encrucijadas-vida.blogspot.com/2014/12/inventario-existencial.html?spref=fb) aprovechando el silencio posterior a las fiestas?

2014 inició como un sueño para mí. Cruzar un océano para visitar a la persona amada, ¿qué mejor plan puede haber? A estas alturas, hace un año exactamente, estaba con maleta lista yendo a Tababela para lo que esperaba fuera una experiencia extraordinaria. Y lo fue: en esa maravillosa ciudad que es París viví momentos inolvidables. Luego fui una semana a Italia, y conocí esa Roma milenaria de la que tanto se habla, Milano bajo la lluvia y la más extraordinaria ciudad que es Florencia: me enamoré de su catedral que parece hecha de papel, de ese puente lleno de casitas de colores, de las calles bañadas de lluvia, de las 800 gradas del campanile…

Cuando regresé de Europa estaba, literalmente, flotando en una nube. Nube que se fue diluyendo en los siguientes meses, a punta de insomnios, sospechas, dudas, mentiras, en fin, esas cosas que son el reverso de la medalla de las relaciones. Me encontré con mi lado obscuro, me hice daño, me curé a retazos en terapia, deduje más que saber lo que pasaba, me negué, acepté, me engañé. Sentí cosas que ni siquiera sabía que podía sentir.

A mediados de año, ya fue evidente mi suelazo. Maltrecha, adolorida, con las ilusiones desvanecidas, puse fin a esa relación, la enterré, la borré de mi vida.  Es que de tanto fondo que toqué me dí cuenta que no podía llegar a nada que no fuera autodestruirme. El día en que tomé esa decisión sentí tanto alivio!. Y de ahí comencé a relacionarme de diferente manera, como hacen los adultos, en relaciones a las cuales se entra por entrar, sin conocer a las personas, para compartir momentos y sin comprometer sentimientos. Seguramente las personas con las que estuve eran muy valiosas, pero no me di el tiempo y a veces tampoco me dio la gana de invertir nada en ellas. Me encontré con el egoísmo, el suyo y el mío. Aprendí a ser adulta en un mundo de adultos. 

Pero me dí cuenta de que esa tampoco era la vía;  no lo hice sola, no... tengo unas amigas muy lindas que se encargaron de darme cachetada tras cachetada para hacerme reaccionar. Un día entendí que no me aconsejaban estar sola, sino que el mensaje que intentaban hacerme llegar es que necesitaba reencontrarme conmigo misma. Ahí emprendí una nueva jornada, una que debía llevarme a redescubrir mi esencia humana.

Fue como volver a aprender a caminar: un día bien, otro día en el piso, un día humana, otro día mala. Reencontrarme conmigo misma ha pasado por hablar mucho, reflexionar mucho, escribir en este blog. Por ver el aprendizaje que me dejó esta relación y las siguientes que tuve, que es el aprender a desapegarme. Por entender que solo duele la pérdida cuando se cree poseer algo, pero que no se posee a nadie en realidad, solo se comparte caminos…Por archivar definitivamente esos números del whastapp, no esperar mensajes de nadie. Por levantarme día a día y mirarme al espejo tratando de amarme más a mí que a los demás, no por egoísmo sino porque al final yo sólo soy importante para mí misma. Por sentir lo bien que hace leer a personas buenas que tienen pensamientos buenos. Por sacar de mi vida el exceso de peso, las malas vibras, compartiendo las cosas cotidianas con personas confiables, desconfiando también de aquellas que me juzgan sin ni siquiera intentar ponerse en mis zapatos.

Una vez que entendí cual es mi esencia, me la tatué en la espalda; erróneamente hay quienes creen que lo hice en la tormenta, pero en realidad lo hice cuando accedí a la calma. Son dos hermosas alas que  han estado siempre ahí : simbolizan la libertad, mi libertad de decidir lo que es bueno para mí, de decir lo que pienso así asuste y ahuyente a las personas que me consideran “abrumadora”, de pensar diferente, de escribir sobre lo que se me antoja, libertad de pedir prestados recuerdos de otros y hacerlos míos o de hablar de los propios como si fueran ajenos. Libertad de dar abrazos un día y de estar enojada otro, de rechazar propuestas, de pintarme mechas azules, de no ir a reuniones, de estar de acuerdo así sea solo conmigo. De marcharme de relaciones mediocres cuantas veces me toque. De celebrar sola el año viejo, con una buena película y una copa de champán. De cerrar círculos a mi manera, de no vivir de recuerdos y de modificar los que he dejado en las personas. De querer en secreto cosas imposibles…

Creo haber hecho bien al negarme a  ver la reseña de fotos del face ejercitando mi pleno derecho a hacer la mía aquí. No voy a vivir de recuerdos, como lo hace la mayoría de la gente, voy a vivir los momentos, buenos, malos, generosos o mezquinos. Y recordaré solo lo que quiera recordar yo, no dejaré que un programa elija por mí.

Tengo unas alas magníficas… Este año voy a volar.



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