Así
como me saqué el reloj el día que dí a luz a mi hija, porque el tiempo puede ser interpretado
subjetivamente por cada persona, de la misma manera dejé de ver noticias desde
hace varios años, considerando que lo realmente importante me sería comunicado
por las personas cercanas en el momento oportuno.
Sin embargo con los recientes acontecimientos sobre las marchas anti y pro Correa hoy, por
segunda vez, he visto las noticias en menos de tres semanas. En compañía de mi
hija, que ahora tiene diez años y protesta porque la dejo sin “Henry Danger”
para ver algo aburrido.
Para
hacer atractivo el programa me propongo darle una breve lección de “democracia
local” en cinco pasos, y se los expongo mientras miramos las imágenes
del noticiero:
Paso 1:
Elegimos un representante (llámese presidente, asambleísta, alcalde: lo
que fuere). Sobre la manera en que lo hacemos ya hablé en una entrada anterior[1]…
Paso 2: Le damos un período de prueba: esta etapa
puede durar de 1 año en adelante. Así hayan pasado 5, de todas maneras el individuo en mención sólo
está en prueba prorrogada.
Paso 3: El mencionado electo hace varias obras,
algunas muy buenas, otras mediocres, otras pésimas. Pero basta que haga alguna
“cagada mayúscula”, todo queda automáticamente borrado. No hay nada de “poner las
cosas en la balanza”. Simplemente, si la “regó” tiene que pagar.
Paso 4: Salimos a las marchas. En este momento, los “a favor” y los “en contra”
siguen a líderes clásicos u oportunistas en un afán de expresarse, afán que no
estuvo presente en NINGÚN momento crucial. Este es el momento
simplemente porque el electo, ciego
en su trip megalomaníaco, no se dio cuenta que se le fue la mano (a mi
hija se lo dije en términos que lo logre entender: “se creyó tan el “muy muy”… que hizo tonteras que enojaron mucho a
otros “muy muy” que tienen muchos amigos”).
Paso 5: Este paso es de difícil predicción (“mija: nunca se sabe”). En general
termina con el gobernante prófugo
(“coge un avión y se larga a Panamá”),
pero pueda ser que esto termine diferente….
Apago
la tele … Mi hija me pregunta: “Por qué suspiras?”
Le
contesto: “Porque siempre es lo mismo”
Ella me
mira con suspicacia y me dice: “Pensé que no sabías donde queda Panamá”
En puro reflejo de profesora le digo: “Y tú sabes?”
Su
respuesta me hace cuestionarme mucho: o bien en el colegio no les enseñan nada,
o bien no atiende a clases a cabalidad. ¡Preocupante!
Lo
primero aún puedo reclamarlo, y hasta obtener un reembolso por servicios no
prestados. Pero si es lo segundo… seguro que mi lección de democracia
ecuatoriana ha caído en oídos sordos.
Lo cual
no es característica sólo de los Sub-10 como mi hija, a decir verdad.
À
suivre!
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