viernes, 10 de julio de 2015

Infidelidad



 Ya bueno, mucho se ha dicho de la fidelidad… que si somos monogámicos por naturaleza, que si los hombres son más propensos que las mujeres a romperla, que si se cree o no en ella…

Yo estuve con la misma pareja durante 17 años de mi vida:  desde el enamoramiento, pasando por el noviazgo, el vivir juntos, el casarnos, tener un hijo… 17 años de ser totalmente fiel a la misma persona, no porque no tuviera ojos y no hubieran otras personas a mi alrededor, no porque  no hubiera nadie que se me insinuara (creánme, hasta embarazada de 7 meses tuve ofertas de ver películas en casa de un  spanish-lover que no pudo creer que lo rechazara… seguro yo formaba parte de su « carnet-noir » en la casilla « mujer embarazada »)…

Por raro que parezca permanecí fiel al hombre con el que firmé mi compromiso no el día que fui a la alcaldía un verano en Lovaina (no juré nada frente a ninguna entidad divina y eterna por si acaso), sino una fría tarde de febrero, cuando le dí el sí la primera vez, sin que ni siquiera me hubiera besado. Soy una especie en vías de extinción.

17 años después, bañada en lágrimas le dije una noche que hasta ahí llegaba mi compromiso de fidelidad. Podíamos seguir viviendo juntos pero ese día me divorciaba afectivamente de él. Nunca hubiera podido “acostarme” con otro sin romper primero mi compromiso de palabra con él.

Por eso es que no entiendo la infidelidad… ¿Cuál es el punto de andar con otra persona si ya se tiene un compromiso con una?

Hablaba con un hombre (muy ecuatoriano en su manera de pensar, muy tradicional)  que me explicaba que finalmente la  infidelidad puede ser un asunto de un momento, algo como “tener la bragueta floja” , y que esto no determina nada respecto a la relación que se tiene.  Le pregunté si sería igual si se tratara de una mujer (algo así como “tener la falda ligera”) y según él no habría diferencias. Yo dudo  que en nuestra sociedad  haya tanta indulgencia… lo más seguro es que si el man se entera que la esposa le fue infiel, le mete un juicio  o un tiro en la cabeza, dependiendo del estrato social al que pertenece.

No quiero ahondar más en ese acápite, porque lo que me interesa es más la psicología del infiel.

Hay infieles e infieles… Están los que ocultan y niegan hasta la muerte el haberlo sido… Los hay muy maquiavélicos, que buscan amantes con el mismo nombre de sus mujeres así no tienen margen de error, y si tienen hijos les ponen los mismos nombres (sí sí, conozco casos verídicos de esta índole, no se pueden imaginar el trauma en los hijos -algún rato les cuento-). Hay infieles con “condescendencia”, cuya mujer sabe del affaire pero por algún sombrío beneficio prefiere que las cosas sean así, y se mantienen (muchas veces) hasta hogares paralelos. Hay los infieles que no concretan el acto, coquetean irremediablemente con alguna mujer que les parece ser la perfecta y se acuestan al lado de la que tienen suspirando por la otra, pero que nunca dejarán el confort de lo que tienen: son infieles “en omisión” y no en acción (a sus propios ojos, no han hecho nada malo). Hay infieles que, una vez (o varias veces) cometido el acto, se arrepienten (creo que psicológicamente quieren mantener su grandiosidad ante sus propios ojos) y en un acto de “purificación” confiesan la infidelidad a su pareja, esperando la redención.  Son infieles egoístas: en ningún momento piensan en la persona al frente de ellos; en un juego narcisista esperan salir “con la pata blanca”, sin darse cuenta que no son mejores en el acto del disfraz que el lobo de los siete cabritos.

Seré “chapada a la antigua”  en algunas cosas como estas. Para mí, el corazón es leal. Y lealtad implica fidelidad. Si hubiera estado en mis manos, hubiera elegido solo tener una persona en mi vida. No me fue acordado. La segunda persona no supo entender el don de mi lealtad… Eso es algo con lo que me ha tocado vivir estos años. Nunca deseé tener tercer ni cuarto ni quintos… Peor tener, como tienen algunos hombres, un carnet  (real o figurado) en el que apuntan sus conquistas y hasta anhelan tener una y otra de diferente raza, nacionalidad o continente. Nunca se me ocurriría hacer una apología de todo el sexo que pude acumular.

En lo personal ( y sin ser curuchupa), me encantaría que las personas fueran más conscientes de las relaciones que tienen que del sexo que pueden obtener. Después de todo, el sexo es solo sexo: con los atributos correctos (maquillaje, dinero, cirugías, alcohol, …) cualquiera obtiene eso… ¿O no?

Si solo es asunto de acostarse con alguien, o con muchas … ¿qué nos hace ser “seres evolucionados”?

A veces creo que nada…

2 comentarios:

  1. Marie-France! que buen artículo, que coherencia escribiendo y viviendo. De hecho debes ser como lo señalaste, una especie en vías de extinción.
    Que reconfortante y que hermoso saber que aún hay gente como tú que piensa así respecto de las relaciones y la fidelidad. Algún día yo también soñé con la idea de tener una sola mujer en mi vida! y tuve solo una, con quién me casé con todas las de ley! y no duró mas que siete años. Esa es la vida, y así como uno ve la lealtad y la fidelidad, y creo que eso pasa con la esencia de uno y sobre todo con los valores y principios. Linda reflexión, muchas gracias por compartir tu visión profesional como personal. Sensacional! Buena noche.

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    1. Muchas gracias Raúl por leer la reflexión y compartir sus pensamientos...

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