Ya nadie quiere hacer el amor: todos quieren tener sexo.
A veces esto se debe a la falta de conciencia de la diferencia entre
ambos. "Hacer el amor" y "tener sexo" han sido en muchas ocasiones confundidos: se utilizan
como sinónimos en el lenguaje coloquial y se cree que hacerlo es sólo una cuestión de
“minimizar” el lado emocional para verlo desde un plano más “objetivo”.
Hasta estoy segura que para muchas
personas estas expresiones son equivalentes, pero también creo que hay una
confusión muy grande al hacerlo. Asimilar el sexo al amor, o pensar que a través
del uno se obtiene el otro, son maneras distorsionadas de mezclar cosas esencialmente distintas; si buscáramos una metáfora sería, sin lugar a dudas: “mezclar
peras con papas”.
Las papas: Tener sexo
- Tener. El verbo tiene 25 definiciones
según la RAE, siendo las primeras que aparecen: asir, poseer, mantener,
dominar, guardar… Si uno las analiza, se refieren a un actuar que
termina en la satisfacción de quien ejecuta la acción; tienen que ver en
su mayoría con el poder ejercido, por ende ponen al sujeto en primer plano y a
veces determinan hasta la anulación del predicado, en términos de una fusión o
una sumisión al mismo.
-
Sexo: Tiene muy pocas definiciones,
tan solo 4 según la RAE. La cuarta habla de la “actividad sexual”. Siendo un poco más generosa con la definición escolástica y dándole una “yapa”, yo
extendería la definición al placer sexual.
Si combinamos ambas palabras (TENER + SEXO), en el acto de “tener sexo” está
entonces la idea de poseer algo (actividad sexual o placer), que centra la actividad en la primera persona como sujeto y que desconoce al objeto (o sujeto al frente) y por ende su
esencia. Así, si el asunto está en que el sujeto obtenga placer, poco importa cómo ni
con quién, porque todo se centra en el que busca el placer, en sus sensaciones,
en su logro o desempeño, en la interpretación que hará posteriormente para su
self… en fin: en sí, sin espacio para un otro.
Las peras: Hacer
el amor.
-
Hacer: la RAE le da a este verbo 58
acepciones. El 80% de ellas tiene que ver con el actuar. Cuando se “hace”, se
está ejecutando una acción que va a repercutir en alguien o en algo. Por ende,
implica una conciencia de lo que
se va a realizar, una planificación, una ideación del acto, una expectativa de
resultados y una posterior evaluación de este. Implica también un predicado, un
algo o un alguien en el que la acción se va a realizar, un conocer de estos o
por lo menos una intención de conocer, una conciencia de un objeto o de un ser
frente a nosotros que va a recibir las consecuencias de lo que realizaremos.
-
El amor: desde mi punto de vista, la
mejor definición del amor proviene de Fromm, quien en su libro “El arte de amar” (1956) se toma múltiples
páginas para definirlo. Trataré de hacer un resumen de su idea principal : el
amor es un acto de fé que implica cuatro elementos:
· El cuidado del otro: preocupación por la vida y el crecimiento del ser amado
· La Responsabilidad: estar
disponible para hacernos cargo del crecimiento de los demás
· El Respeto: no imponer al otro nuestro
deseo o visión del crecimiento
· El Conocimiento: interés activo
en saber quién está en frente de nosotros, no solo a nivel cognitivo, sino teniendo una
conexión genuina con el otro ser.
Amar es una facultad que debemos desarrollar
no solo en el encuentro de pareja, sino en todo encuentro con un ser humano (Fromm, 1956). Contextualizando sin embargo, si combinamos
ambos (HACER + AMOR) nos encontramos con una realidad muy compleja. Para "hacer
el amor" debemos tener en frente ya no un ALGO sino ALGUIEN. Y no un “alguien”
cualquiera, sino un ser diferenciado, inconfundible, un alguien individualizado
por quién nos interesamos no sólo
en este momento del encuentro casual (¿sexual?) sino con quién nos comprometemos. Para ahondar- ¿o complejizar?- la reflexión, se me viene a la mente la
frase de este autor que dice que “El amor es
un acto de voluntad”, dando a entender que NO ENTRAMOS EN EL AMOR SIN CONCIENCIA. Y, otra más, de San Ignacio de Loyola, que hace eco diciendo que: “El
amor se ha de poner más en obras que en palabras”.
En esta cotidianidad que vivimos, nadie duda ante un encuentro sexual. Es
como que los valores se enfocaran esencialmente en el aprovechar la oportunidad : “Si la chica se me lanza, ¿por qué
decirle no? Mis amigos van a pensar que soy poco hombre.” “Si pasa algo con
este chico, ya no lo volveré a ver… ¿por qué no ceder ante el deseo que siento?”
El poseer encuentros, así como se
posee un auto, o una casa o cualquier objeto, se ha vuelto un valor, un activo
fijo que debe constar en la lista detrás de los demás: es fácil, llena el
momento, no trae consecuencias…
O por lo menos eso creemos…
Fundamentalmente
creo que el desencuentro con el otro, el facilismo relacional, el hedonismo
egoísta, nos está acabando; mata en nosotros lo único que substancialmente debería
de hacernos una especie “evolucionada”: la humanidad
No “se hace el amor” “teniendo sexo”. No hay
amor en el encuentro casual, en el revuelque que tenemos con un anónimo en una
discoteca, en el que embrutecidos por el alcohol o las drogas no recordamos lo
que hicimos, en el que fantaseamos con una situación imaginaria para excitarnos
(la enfermera con el uniforme, el actor de cine que nos gusta, ¡¿qué se yo!?) o en el que "buscamos a UNO/A acostándonos con TODOS/AS".
No hay amor si al levantarnos retomamos conciencia en un lugar desconocido, neutro y sin significado para nosotros; si nos vestimos para fugarnos furtivamente en la noche con
vergüenza o desapego, en una versión moderna e independiente de lo que nos ofertaban antaño (https://www.youtube.com/watch?v=bLoRPielarA&list=RDbLoRPielarA#t=0)
No hay un "hacer el amor" si no
anhelamos tener un “algo más” con esa persona; si no somos capaces de sostener más
que un cuerpo en el encuentro sexual: una mirada, una emoción, un afecto, una
conversación, un silencio, una mano, un deseo, una desilusión de la persona que
está en frente nuestro, un yo diferente e interesante anhelando encontrarse con
nuestro yo.
TENER SEXO Y HACER EL AMOR ESTÁN TAN DEFINITIVAMENTE LEJOS DE SER LO MISMO: ES COMO MEZCLAR... PERAS CON PAPAS.
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