sábado, 4 de octubre de 2014

Maldita culpabilidad



Vivo llena de culpabilidad como seguramente viven un montón de mujeres... 

Llenas de culpabilidad por no llenar el rol… por no ser buenas madres por ejemplo. Por priorizar el trabajo por encima de los eventos escolares, o familiares,  o la reuniones de padres de familia….

Cada vez que voy a alguna de estas reuniones, veo a esas madres de familias “estructuradas” (las que tiene marido): o son del tipo “voy al gimnasio 3 horas al día y estoy perfecta” o del tipo “ama de casa que hace que todo funcione a la perfección”. Debo confesarles que las odio a ambas: a las unas por tener el cuerpo perfecto, bronceado y sensual, y a las otras por no tener que fingir que era tu ex el que traía la colación al pic-nic (o lo que sea ) solo porque no tuviste el tiempo de pasar a la maldita tienda para comprar algo… durante noches enteras he ideado planes macabros para matar a las malditas madres perfectas y siempre agradezco ser tan “whatever” al nivel mundial que el FBI no me lee… porque así no me pone en prisión…

Antes de escribir esta entrada, by the way, me prometí a mí misma que no iba a decir “maldita” hasta el final. Me maldigo por no poder sostener esta promesa… (;-) )

Mi hija se puso a llorar el otro día en su clase porque sacó “D” en historia. Hizo tal escándalo en el colegio diciendo que no quería decirme a MI  (‘’¿¿¿¿????) que la profesora le dijo que podría hablar conmigo si ella no podía. … Tuve que ir a la maldita reunión de padres de familia para que la profesora viera que soy media normal (detrás de las mechas azules y el chat porque me aburro)… ¿Cómo diablos puedo ser tan “maldita” sin querer? Lo único que le dije a Naomi es que si no sabe leer fluidamente y escribir sin faltas de ortografía, no puedo pagarle la universidad: ¿es perfeccionismo? No lo sé, pero no aguanto las faltas de ortografía y la pereza intelectual en mis estudiantes… ¿Debo ser diferente con mi hija? ¡Maldita sea!

Eso no me quita la culpabilidad…. Mi lado racional me dice que tengo razón  y mi lado no racional no me deja dormir… En tantos ámbitos…..

A mí como mujer-madre me asaltan tantas dudas…

- Como mujer-mujer: la culpabilidad  de comer golosinas cuando me despecha la vida y luego ensalada el resto de la semana para compensar… ¡Maldita sea!
- Las de la edad: no me importa lo que los demás piensen de todo, solo trato de conectarme con los demás en momento dado… Y no juzgar… ¡Maldita sea!
- Las del cargo-de-conciencia por beber demasiado: mi hígado me va a pasar factura … ¡Maldita sea!
- La del despecho de la adultez: ¿cómo sobrevivo sin alcohol a tanta payasada? … ¡Maldita sea!
- … ¡Maldita sea! La dela madre-que intenta- darse un tiempo para ella- : 
¿dónde está mi hijo/a mientras yo hago yoga o leo o estoy con alguien? (en esta versión ayuda mucho para calmar el cargo de conciencia que nos remuneren por la actividad: si doy un taller…. Me pagan por ello entonces puedo pagar las lecciones de batería/patinaje/ extracurriculares…) … ¡Maldita sea!

Maldita sea: hagas lo que hagas, mujer… te vas a sentir culpable…


 Las mujeres-madres no tenemos derecho a fases “egoístas”: desde el momento que el embrión se implantó, se acabó el pensar en singular: si alguien se entera que estás embarazada, se desencadena la “conserjería gratis”: lo que debes hacer, lo que no… Ya no tienes vida… ni espacio… ni tiempo…¡ el que menos te soba la panza! ¡Sin pedir autorización!!! Y no puedes decirle nada… ( Anda a ver qué pasa si le sobas la panza a una mujer no-embarazada: mínimamente te da una cachetada!)

Y debemos irnos acostumbrando: se acabaron los egoísmos. Parte del problema relacional es que las mujeres nos acostumbramos a pensar en el otro: siempre: el bebé, la amiga, el novio, ….
¡Despierten mujeres! Mientras ustedes piensa en el otro… El otro piensa en la otra… o lo otro…

Yo en lo personal tengo mis propias culpabilidades:


Culpabilidad por haber comprado la elíptica y sólo hacerla diez minutos de cuando en vez, escupiendo el corazón y sólo por el cargo de conciencia de las cuotas que tengo que pagar hasta el dos-mil- no sé cuanto… Me subo en el aparato tan poco que da vergüenza calcular la frecuencia: ¡menos mal que mi capital/deporte no depende de eso!.

Tengo mis culpabilidades más focalizadas: Culpabilidad por decir las cosas que siento… y no decirlas: en mí cohabitan dos personas, la tímida y la bruta, cuando sale la una la otra le jala las orejas… y viceversa… Cualquiera que salga = culpabilidad. La que se come los “cachitos”… y la que devenga en la pista de la Carolina…la que es feminista… y la que se “somete” sin pensar…La que escribe en el blog reivindicando… la que  con letra malísima hace poemas trasnochándose y canta “Ahora” de Alberto Plaza sin remordimientos…


En el fondo bien en el fondo no me  importa mucho lo que digo o lo que hago…Conmigo nada: ¡siempre logro levarme! Lo que realmente me hace sentir culpable son las decisiones que tomo con mi hija… Lo que le digo y lo que no, lo que le exijo y lo que “dejo ir”, a quién le presento y a quién no…. Sólo espero vivir los suficiente para sentarme con ella, adulta,  y como mujer explicarle y que me entienda como mujer, no como hija….

Alguien me preguntó por qué duermo tan poco…
Yo le respondo: ¿cómo dormir si no tengo respuestas? ¿ Cómo dormir  con tanta culpabilidad?

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